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La última vez que lo vi, Alfredo Bryce Echenique estaba derrumbado a todo lo largo sobre una fila de asientos en una sala de espera del aeropuerto de Barajas, desmayado o dormido, mientras una voz que él no escuchaba repetía su nombre por la megafonía. Fue esa voz la que nos hizo darnos cuenta de que aquel hombre en apariencia inerte era él. El vuelo hacia Lima estaba a punto de despegar, y desde la sala de embarque se reclamaba con urgencia la aparición del último pasajero que faltaba. Mi mujer y yo nos acercamos a él y lo sacudimos suavemente, diciendo su nombre. “Alfredo, Alfredo”. Él abrió sus ojos rasgados, que parecían más japoneses por las gafas redondas, parpadeando por la molestia de la luz, y puso cara de sorpresa al reconocernos. “Elvira, Antonio, qué alegría”. Le dijimos que tenía que darse prisa, mientras la voz perentoria repetía una vez más su nombre, y le ayudamos a levantarse y a recoger sus cosas desperdigadas. Lo vimos salir aturdido, con la ropa y el equipaje en desorden, temiendo que se perdiera en el camino hacia la sala de embarque, que llegara cuando el vuelo ya estuviera cerrado.
Ante el despecho de no sentirse amado, el poeta Cesare Pavese había escrito en su diario: “Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más”. Pocos días antes de suicidarse le confesó a su amiga Pierina que nunca se había despertado con una mujer al lado, que nunca había experimentado la mirada que dirige a su amante una mujer enamorada. Ni siquiera había obtenido de su madre el amor maternal que todo niño merece. Tampoco le ayudaba para conquistar a una mujer su carácter introvertido, agrio, pesimista y su rostro ceniciento. El último amor frustrado lo tuvo Pavese con la actriz norteamericana Constance Dowling, famosa por sus ojos color avellana, durante el rodaje de una película en Roma. El poeta enamorado le ofreció matrimonio, pero ella se casó con otro. A este desamparo debemos uno de sus versos más desesperados: “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”.
El 24 de marzo se cumplen 50 años del comienzo de la dictadura militar en la Argentina. Quisiera decir algunas cosas. Breves. Obvias. Desde 1976 y hasta 1983, cuando retornó la democracia, en más de 600 centros de detención clandestinos se torturó, vejó y asesinó a miles de personas, en su mayoría militantes de organizaciones de lucha armada, pero no solo. Unos 300 bebés, hijos de las secuestradas que parieron en cautiverio, fueron apropiados por los represores y entregados a militares o civiles que los criaron como propios. Solo 140 de esos niños conocen hoy, ya adultos, su identidad, con consecuencias no siempre felices (saber es mejor que no saber, pero saber es difícil), y 160 continúan en la oscuridad. Desde el juicio a las juntas de 1985, con algunos retrocesos como las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, habíamos consensuado que aquello no fue una guerra sino terrorismo de Estado: de un Estado que decidió aniquilar a sus ciudadanos. Quisiera decir que habíamos estado de acuerdo en que las Fuerzas Armadas no cometieron errores ni excesos, sino que asesinaron, torturaron e incurrieron en delitos “comunes” ―violaciones o robo de bienes―, que difícilmente puedan justificarse aduciendo que se los cometía en nombre de la lucha contra el comunismo, etcétera. Quisiera decir que hay represores condenados, pero que ninguno ha dado información: no han revelado dónde están los restos de los desaparecidos, ni en manos de quiénes están aquellos bebés ―hoy hombres y mujeres― apropiados. Quisiera decir que nadie va a torturar a esos señores para que entreguen datos porque tuvieron y tendrán algo que les negaron a quienes desaparecieron, violaron y asesinaron: un juicio justo. ¿Por qué es importante recordar? Porque ese silencio dice: “No nos arrepentimos”. Porque ese silencio dice: “Hicimos lo correcto”. Porque ese silencio dice: “Aquí estamos y lo volveríamos a hacer”.

Cincuenta años después, hay muertos sin sepultura y hay tumbas sin nombre. Cincuenta años después, hay personas que, sin saberlo, viven una identidad ajena. Cincuenta años después, hay crímenes irresueltos y criminales impunes. Todavía hay juicios en trámite y hay juicios que ni siquiera empezaron. Cincuenta años después del 24 de marzo de 1976, el día en que comenzaron la última dictadura militar y su maquinaria de exterminio en Argentina, el proceso de memoria, verdad y justicia que hizo ejemplar al país está bajo amenaza, asediado por un Gobierno que, desde 2023, ha cancelado o neutralizado las políticas de derechos humanos y ha propiciado discursos afines al negacionismo.
LIBROS
Respiración artificial (1980)
Ricardo Piglia
Anagrama, 2001. 224 páginas. 18,90 euros
Lugar común la muerte (1979)
Tomás Eloy Martínez
Alfaguara, 2014. 344 páginas. 17,95 euros
'Cadáveres' (poema, 1981). Publicado en Alambres (Último Reino, 1981)
Néstor Perlongher
El vuelo (1985)
Horacio Verbitsky
Editorial Las Cuarenta, 2020. 288 páginas. 20 euros
La voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina (1997-1998)
Eduardo Anguita y Martín Caparrós
Random House, 2021. 2.720 páginas. 42,7 euros (cinco volúmenes en e-book)
Poder y desaparición: los campos de concentración en Argentina (1998)
Pilar Calveiro
Ediciones Colihue SRL, 1998. 180 páginas.
Villa (1995)
Luis Gusmán
Ediciones Contrabando, 2019. 132 páginas. 15 euros
Dos veces junio (2002)
Martín Kohan
Sudamericana, 2002. 192 páginas.
Los topos (2006)
Félix Bruzzone
Random House, 2019. 192 páginas. 17 euros
Diario de una princesa montonera: 110% verdad (2012, ampliado en 2021)
Mariana Eva Pérez
Marbot Ediciones, 2016. 183 páginas. 16,50 euros
Aparecida (2015)
Marta Dillon
Sudamericana, 2019. 191 páginas.
El genocidio como práctica social (2007)
Daniel Feierstein
Fondo de Cultura Económica, 2007. 405 páginas. 22,90 euros
Nuestra parte de noche (2019)
Mariana Enríquez
Anagrama, 2019. 672 páginas. 24,90 euros
Fantasmas de la dictadura (2025)
Mariana Tello Weiss
Sudamericana, 2025. 352 páginas. 20 euros
¿Qué están haciendo las derechas con los 70? (2026)
Valentina Salvi y Luciana Messina (coordinadoras)
Siglo XXI Editores, 2026. 256 páginas.
PELÍCULAS
Argentina, 1985
Santiago Mitre, 2022
La historia oficial
Luis Puenzo, 1985
La noche de los lápices
Héctor Olivera, 1986
Montoneros, una historia
Andrés Di Tella, 1998
Los rubios
Albertina Carri, 2003

La primera sorpresa del visitante que debuta en Washington llega al bajar del avión en el aeropuerto de Dulles. ¿Qué son esos bichos que parecen sacados de La guerra de las Galaxias y transportan al viajero entre terminales?
“El compa les manda saludos”. La foto de Dritan (nombre figurado), silueteada sobre un fondo liso, como si fuera un croma de televisión, estaba claramente retocada. Se lo veía con una camiseta azul de manga corta y el gesto serio. Podría parecer que se había recuperado de los moretones de la última imagen, pero los policías sabían que “esa prueba de vida” no tenía valor. El hombre, de 46 años y origen kosovar, se encargaba de llevar paquetes de metanfetamina de un país a otro para el cartel de Sinaloa, la principal organización criminal de México, con relevancia en el narco mundial.
El eclipse solar que España vivirá el próximo 12 de agosto —el primero del trío de eclipses en tres años— se afronta como “un gran reto de país” porque traerá a cientos de miles de visitantes “coincidiendo con la semana que más personas, residentes y turistas se encuentran en nuestro país”. Así lo explica la Secretaría de Estado de Turismo, que espera un enorme incremento de ocupación turística para esas fechas y constata que los precios ya están subiendo. De hecho, Booking y Airbnb ya avisan de que se están disparando las reservas de hoteles y alojamientos rurales para esos días, si bien la patronal Cehat no cuenta todavía con datos. Las asociaciones de consumidores, por su parte, piden asegurarse de que las gafas para mirar al sol cumplen la normativa para evitar problemas de salud.
Tadej Pogacar busca ser el niño de 12 años que no pudo ser, el más bajito de la clase en una pequeña ciudad de Eslovenia. A los 27 años tiene aún el cutis infantil, pálido y suave, y aún no le sale la barba, y sus intentos de bigotillo de moda son una hilera de hormigas en su labio. Se tiñe el pelo platino como le gustaba al Eminem que idolatraba, y llegó a descargar 200 canciones suyas antes de engancharse a raperos eslovenos, se divierte tocando la guitarra con su novia, Urska Zigart, también ciclista, en su apartamento mínimo de Mónaco, 30 metros cuadrados, y llega a las carreras como el niño que busca diversión en la pelea.
Los filósofos llevan siglos reflexionando sobre ello: ¿Cuál es la esencia de Europa? Hace algunos días falleció Jürgen Habermas, que defendió que Europa es el lugar donde la democracia avanza gracias al diálogo. George Steiner, en La idea de Europa, cifró la singularidad del continente en sus distancias (a escala humana), en la existencia de cafés y en el peso de su historia, que a veces conduce a la melancolía; y Peter Sloterdijk considera que la civilización europea se caracteriza porque coloca el poder espiritual por encima del poder pasajero de la fuerza. No obstante, Internet no le da tantas vueltas: la esencia de Europa se encuentra condensada en el bigote de Roberto Conigliaro, una mata de pelo negro bajo unas gafas de sol setenteras donde caben las ideas de todos esos pensadores.

El Gobierno aprobó este viernes en una reunión extraordinaria un paquete de medidas de urgencia por valor de 5.000 millones de euros para hacer frente a la tensión en el mercado de la energía derivada de la guerra en Irán, que amenaza con contaminar a toda la economía. Las 80 medidas incluyen rebajas del IVA que soportan la luz, el gas y los combustibles, descuentos en el precio de los carburantes, ayudas a los transportistas y agricultores para la compra de fertilizantes y apoyo a la industria electrointensiva, entre otras. Se trata de una respuesta rápida por parte del Ejecutivo, que diseña una protección social y económica amplia ante un escenario lleno de incertidumbre, con un conflicto sin final a la vista que escala día a día, donde se están viendo dañadas instalaciones energéticas que llevará tiempo volver a poner en marcha. El plan rescata parte del manual anticrisis desplegado en el primer año de la guerra en Ucrania, aunque en un escenario diferente.