Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
La extraña terapia a la que se estaba sometiendo la familia Andic antes de la muerte del padre, Isak, se ha colocado en el centro del proceso judicial que investiga al primogénito, Jonathan Andic, como presunto autor de la muerte de su padre durante una excursión a la montaña de Montserrat (Barcelona). Para mejorar la deteriorada relación paternofilial, la familia había recurrido a los servicios de Julia Lüderwaldt, una terapeuta que empleaba con ellos un método de “confrontación dialéctica” tan límite que contemplaba incluso, según una testigo, una experiencia extrema en un barranco. Este peculiar intervención familiar, ahora en el centro de la investigación judicial, también ha vuelto a abrir el debate sobre los peligros de recurrir a las pseudoterapias para resolver problemas de salud o conflictos familiares: la terapeuta no estaba colegiada y su método carece de evidencia científica.
Anteayer me comí un bulo como la catedral de Burgos. Qué vergüenza. Casi 60 años de vida y 40 de oficio y todavía me la cuelan. En mi disculpa diré que estaba liadísima. Hallábame sentada en el trono, móvil en ristre, indignadísima con la que le estaba cayendo en redes sociales a Inés García, cuando, de repente, el algoritmo me puso ante los ojos un comunicado de la susodicha pidiendo compasión en su cuenta verificada de X y, claro, me faltó tiempo para retuitearlo con un comentario de apoyo. Pues bien: todo era falso. El comunicado, la cuenta verificada y la identidad de García. Aún no me he repuesto del ridículo.
Hay avances legislativos cuyo beneficio para los ciudadanos y su bienestar cae por su propio peso y por eso merecen el máximo respaldo social y político. Es el caso del nuevo proyecto de ley del tabaco, que nace con la intención de reforzar la protección de los menores y regular el derecho a estar en la calle libre de humos. No existe ningún nivel de riesgo seguro a la exposición al tabaco ajeno, y esta es una prioridad que ya cuenta con consenso amplio en la sociedad y que por esto motivo debería escapar a cualquier tacticismo partidista y permitir la rápida adopción de una ley pionera en Europa.
Pensé, al ver ese último aleteo del rabo de Argos en La Odisea de Christopher Nolan (no es spoiler, lleva escrito casi 3.000 años) que nada nos prepara para una muerte vieja. Tampoco el IMAX. Envejecer consiste en volver a ver en pantalla, una y otra vez, las muertes de personajes que ya murieron pero las sucesivas adaptaciones resucitan para arrebatárnoslos de nuevo. Siempre creemos que ya valió, que hemos visto suficientes veces agonizar al tío Ben (o tía) de Peter Parker, pero está escrito en las leyes cinematográficas que en algún momento alguien hurgará en esa herida y tendremos que ver a Artax, el caballo de Atreyu en La Historia Interminable, hundirse en el fango y desgarrarnos el corazón, otra y otra vez.
Cuando hace 66 millones de años cayó el asteroide que extinguió a las tres cuartas partes de las plantas y animales del planeta, el suelo quedó marcado por una capa de arcilla con iridio llamada límite K-Pg (por Cretácico-Paleógeno) visible en afloramientos de varios lugares de la Tierra. Bajo esa línea aún se encuentran fósiles de dinosaurios; encima, no. Los cambios tecnológicos tuvieron un impacto similar entre mis cosas. Algunas siguieron acompañándome: la ropa, los muebles, las herramientas, los chismes de cocina, el cesto con la calderilla de la que no me logro deshacer. Pero otras se transformaron en vestigios de una época lejana. Fueron los libros, los juegos, la música, las películas y los recuerdos guardados en cajas; aquí sucedió la extinción. Pasaron a ser digitales, más abundantes y baratos. Solo conservo unas decenas de fotografías de mis primeros 20 años de vida, pero guardo muchos miles de imágenes de los siguientes. Tengo solo unas pocas cartas de papel, pero almaceno con esmero veintidós años de correos electrónicos y quince de conversaciones. Mis estanterías están descompensadas: desde que empecé a usar un lector electrónico guardan demasiados libros viejos y pocas novedades. Ocurre igual con la música o las películas, porque dejé de almacenar copias en algún momento de los dosmiles.
Una de las escenas que aparecen en los eventos deportivos que se producen en los meses de verano es la de jugadores hidratándose y tratando de bajar su temperatura corporal. En Roland Garros o Wimbledon, se repite la escena de jugadores que se sientan en el cambio de campo y se ponen toallas heladas sobre el cuello o bolsas de hielo tratando de enfriarse y recuperarse antes de volver a la pista. Otra imagen llamativa es la de los ciclistas en el Tour de Francia que, en días donde se alcanzan 35 o 40 grados, sumergen los brazos en hielo, se ponen hielo bajo el maillot o medias de compresión heladas antes de la salida, para tratar de enfriar el cuerpo y evitar golpes de calor. Todos estos ejemplos no son modas o tendencias que aparecen en el deporte, reflejan la aplicación de la ciencia para mantener el control de la temperatura corporal en situaciones de calor excesivo, donde se comprometen el rendimiento y la salud del deportista. Esta situación no es ajena a la realidad de las personas que se ejercitan en los meses de verano, jugando al pádel, corriendo por la playa o montando en bicicleta en horas en que el calor aprieta.
El parque natural de la Sierra Norte (Guadalajara) ya ha visto arder más de 32.000 de sus hectáreas en el incendio más grande registrado en Castilla-La Mancha. Desde que el fuego se iniciase el pasado jueves en el municipio de La Mierla, no ha dejado de avanzar y aún no está controlado. Las llamas están afectando a un paisaje montañoso particular del norte de esta región con unas condiciones geológicas y botánicas únicas.
El objetivo en las escuelas infantiles públicas de Madrid no puede ser otro que el de resistir de la mejor manera posible hasta el 31 de julio. La etapa de 0 a 3 años es la única que registra actividad a estas alturas del año, precisamente la que acoge a la población infantil más vulnerable. Las altas temperaturas pasan factura a educadoras y bebés durante la tercera ola de calor de este año. Los problemas de climatización son un desafío estructural en muchas escuelas de gestión directa, donde la Comunidad de Madrid asume la gerencia. Hay trabajadoras sobreviviendo con ventiladores y otros aparatos, pero el miedo a que se produzca un golpe de calor es constante, mientras los termómetros superan los 30° en el aula día tras día. Hay clases clausuradas porque son hornos. Los mareos y las jaquecas son frecuentes entre las educadoras, que observan cómo entre los más pequeños se multiplican las alteraciones del sueño, la pérdida de apetito, los sarpullidos y las gastroenteritis. “Los niños se tiran de la colchoneta al suelo en busca de fresco para dormir”, cuenta Esther Sánchez, de 53 años. Trabaja en La Almudena, ubicada en Hortaleza.