Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
Tras dos meses de silencio desde su imputación por liderar supuestamente una trama de tráfico de influencias, y ante la acumulación de indicios comprometedores, José Luis Rodríguez Zapatero dio este jueves por primera vez aclaraciones públicas en una entrevista en TVE, pero aportó poca información novedosa ante unas acusaciones que han causado un grave perjuicio a su propia posición como referente de la izquierda en España. El expresidente reiteró lo que el 17 de junio ya había declarado ante el juez José Luis Calama: que no intervino en el rescate de la aerolínea Plus Ultra, que no planificó la creación de una empresa offshore para camuflar sus ingresos, y que no usó a sus hijas como testaferros. En la entrevista también alegó que las joyas guardadas en su despacho, y valoradas en más de 1,3 millones de euros, fueron un “regalo de cortesía”, pero no reveló nada sobre su origen. La decisión de comparecer en televisión puede entenderse como una voluntad de transparencia, pero exigirá explicaciones más completas ante el juez y ante la opinión pública.

Algunos fracasos institucionales no se desarrollan a través del escándalo, sino del procedimiento: actos de sabotaje disfrazados de rendición de cuentas e investigación de buena fe. Cuando por fin alguien comprende lo que está ocurriendo, el daño ya está hecho.
La rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China suele describirse como una guerra de chips, pero la etiqueta se queda corta. La verdadera pugna abarca todo el ecosistema de la inteligencia artificial: el hardware que ejecuta los modelos, el software que lo hace utilizable y el diseño de los propios modelos. En los dos primeros frentes la competencia se ha reducido a dos empresas, Nvidia y Huawei. Europa, pese a tener un papel imprescindible en las máquinas que fabrican los chips, mira la pugna desde fuera.
Entre abril de 1955 y junio de 1956, Robert Frank se subió a un Ford Coupe y recorrió unos 16.000 kilómetros para retratar a los estadounidenses. Llevaba una Leica, disparaba aquí y allá para recoger lo que iba encontrando y de su periplo regresó con unos 780 rollos de fotografías, unas 28.000 imágenes; de todas ellas eligió 83 para armar Los americanos (La Fábrica), que se publicó en 1958, y que ahora pueden verse en una exposición en Madrid en la Fundación Telefónica en el contexto de PHotoEspaña. “Una imagen tan americana”, escribe Jack Kerouac en la introducción del libro, “las caras no manipulan ni critican ni dicen nada excepto ‘Así es como somos en la vida real y si no te gusta no me importa porque vivo mi vida a mi manera y que Dios nos bendiga a todos, tal vez ‘… ‘si se merece’…”. Ahí están unos muchachos medio provocadores en Nueva York, unos políticos rancios en Hoboken, una ascensorista en Miami Beach, unos cuantos negros muy elegantes en un funeral en Santa Helena, en Carolina del Sur. El libro de Robert Frank no recoge el sueño americano que en los años cincuenta se vendía al resto del mundo, la gente que retrata es corriente (incluso fea), hubo críticos que lo tacharon entonces de comunista.
El pasado jueves llegué a mi centro de salud con una cita concertada. Al entrar, un cartel anunciaba que mi doctora no estaba allí. Sin aviso, sin explicación. Solo la instrucción de pasar por administración para que me atendiera otra persona. No sé por qué no estaba y tampoco necesito saberlo, todos podemos tener imprevistos. Desde diciembre no consigo que ella me atienda, cada cita es con un profesional distinto. El problema no son ellos, sino un sistema que ha convertido la continuidad en excepción. Una doctora de familia no es solo quien lee un historial, es quien sabe de tu recorrido y entiende tu contexto. Defender la sanidad pública también es cuidar esa relación, porque cuando se pierde, perdemos todos.
Comprendo a los hinchas argentinos que, entre estupefactos y airados, gritaban ante las cámaras de la tele que España les había robado el partido. A mí, ya lo he denunciado en otras ocasiones, vienen robándome el Nobel de Física desde hace años. En cuanto al de Literatura, me lo quitaron de manera simbólica al negárselo a Virginia Woolf, Borges, Kafka, Tólstoi, Joyce, Proust, etcétera. Es una basura, no lo quiero. Aspiro además a obtener premios que no merezca porque los que merezco son todos una mierda. En Amadeus, la película de Milos Forman, me identifiqué con el reflexivo y sensato Salieri, a quien Dios, inexplicablemente, negó el talento musical que regaló al idiota de Mozart. A dónde vamos a parar.
Jaime Ramírez está acostumbrado a vivir frente a un edificio abandonado. Uno muy grande. Desde su ventana, en la calle de Joaquín María López, en Chamberí, ve un antiguo complejo sanitario de 24.000 metros cuadrados con forma de hache: el Hospital del Generalísimo Franco, construido en los cincuenta para uso militar y vacío desde 2001. También el gran jardín que hay en la entrada, un oasis verde en una mole deteriorada y un tanto tétrica. “Me he despertado con él toda la vida. Ahí había cipreses y un olivo grande. Y la catalpa, que llegaba al tercer piso”, enumera. Habla en pasado porque este lunes se llevó una sorpresa. De los diez árboles que veía cada día, seis de obligada conservación por su antigüedad, quedaban tres. Y pronto solo quedará uno, según el Ayuntamiento de Madrid, que ha autorizado la tala.

A finales de julio del año 711, las tropas del general Táriq ibn Ziyad derrotaron a las del rey don Rodrigo en la conocida como batalla de Guadalete o de las lagunas de La Janda. Comenzó asi la invasión islámica peninsular. Pero en el sudeste de Hispania, se mantenía un foco de resistencia, Tudmir, un área que abarcaba parte de las actuales provincias de Alicante y Murcia y que estaba gobernada por un noble visigodo llamado Teodomiro, que combatía con eficiencia a los invasores. Como el bocado territorial era demasiado grande de asimilar por los árabes, estos llegaron a un acuerdo con el godo. En abril del 713, se firmó el pacto de Teodomiro, por el que se permitía la existencia de una kūra o provincia de Tudmīr ―una entidad política, administrativa y territorial con población hispanorromana― bajo la protección del emirato y posterior califato. Los cristianos podrían seguir profesando su religión a cambio de un impuesto. El estudio La iglesia paleocristiana del Cerro de la Virgen (Calasparra, Murcia). Convivencia y fiscalidad en kūra de Tudmīr, publicado en la revista Salduie, da cuenta ahora del hallazgo de un templo cristiano que mantuvo, en dicho territorio, su actividad religiosa habitual hasta el siglo IX.



Adentrarse en la vida de Andrii Portnov para tratar de dar con el autor o los autores de su muerte a partir del supuesto móvil de su asesinato se tornó enseguida una labor resbaladiza e incierta para los agentes del grupo V de Homicidios de la Policía Nacional de Madrid. Portnov, un controvertido abogado y asesor político ucranio de 52 años, llevaba apenas dos años y medio asentado con su familia en la capital de España, adonde llegó a los cuatro meses de la invasión rusa, en octubre de 2022.

