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Barrio rico, barrio pobre. Una sola calle, la Travessera de les Corts, separa un vecindario de alto poder adquisitivo, como es el de Les Corts de Barcelona y su imponente Camp Nou, con otro de perfil obrero y mucho más humilde, como Collblanc, en L’Hospitalet de Llobregat, la segunda ciudad catalana más poblada, con 282.000 habitantes. El parque de la Marquesa ofrece al visitante un momento de respiro antes de entrar en un entramado de calles estrechas, pobladas de altos y envejecidos edificios que ofrecen una postal de uno de esos típicos barrios de las grandes urbes catalanas levantados en los años cincuenta y sesenta para acoger a la inmigración del sur de España. “Son pisos antiguos, sin ascensor, así que la gente se marcha cuando puede, no vienen parejas jóvenes. Todo se va deteriorando porque no se ha hecho el trabajo que se tenía que hacer”, explica el hombre que regenta un quiosco.


“Este no es el final, sino el principio”, decía la ministra colombiana de Ambiente, Irene Vélez (Bogotá, 43 años), en el plenario de cierre de la conferencia sobre la transición para dejar atrás los combustibles fósiles que se ha celebrado esta semana en la ciudad caribeña de Santa Marta. No ha sido una cumbre del clima como las que convoca anualmente la ONU, ni por las formas (no se ha discutido a cara de perro ni cada palabra ni cada coma), ni por sus dimensiones (57 países representados por pequeñas delegaciones), ni por el contenido: aquí se ha tratado, mucho más abiertamente, de intercambiar fórmulas, propuestas y problemas de esa transición para abandonar los combustibles fósiles, principales responsables del calentamiento global. Hablar a las claras de eso se ha convertido en un tabú en las cumbres clásicas del clima. Por eso lo que ha ocurrido en Santa Marta ha sido diferente.



El año 2026 puede convertirse en el año de las grandes salidas a Bolsa si el conflicto en Oriente Próximo no dinamita la confianza de los inversores. La esperada llegada al parqué de compañías ligadas a la inteligencia artificial como SpaceX, OpenAI y Anthropic está despertando un gran interés entre inversores y gestores de activos y forzando a los proveedores de los grandes índices bursátiles mundiales a estudiar cambios en la composición de selectivos como el S&P 500, el Dow Jones o el Nasdaq 100 para facilitar su incorporación. Una pequeña revolución de carácter técnico que encierra un claro objetivo: atraer a estas grandes compañías a sus respectivos mercados y dar respuesta a la elevada expectación. Tras años de reinado de las siete magníficas —Nvidia, Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta y Tesla—, Wall Street se prepara para acoger nada menos que a diez magníficos.
Todo comenzó en 1935. Massachusets. La empresaria y cocinera Ruth Graves Wakefield regentaba una casa de huéspedes y restaurante llamado Toll House Inn. Se comía bien, se dormía mejor, pero, por encima de todo, se tomaban unos excelentes postres. Un día, sin más pretensión que hacer unas galletas diferentes, Wakefield añadió trozos de chocolate a la masa, la metió en el horno, pero... ¡los pedazos no se fundieron! Lo que a priori fue un error, se convirtió en una genialidad y una adicción. Así, nació la Toll House Chocolate Crunch Cookie, la primera galleta de chocolate crujiente de la historia.

Sus padres se dedicaban al cereal, a lo que él define, como se cataloga ahora, agricultura heroica, aquella en la que no entraban las máquinas sino el trabajo manual. Algo de lo que él hace ahora tiene también un cierto punto de heroicidad. Abel Buezo (Salinillas de Bureba, Burgos, 61 años) tenía 35 años cuando decidió —de esto hace 26— compatibilizar su actividad empresarial en una comercializadora de cereal con otra faceta, la de bodeguero. No tenía viñedo, pero sí sabía que en la comarca de Arlanza —en el oeste de la provincia de Burgos—, desde el siglo X —cuando los monasterios de la zona se encargaron de descubrir las virtudes de las uvas de la región—, había habido vides plantadas. Esa actividad se fue abandonando en los años cincuenta del pasado siglo debido al gran éxodo rural que se produjo con la expansión industrial, que requería abundante mano de obra. Además, la estructura de los viñedos —en su mayoría parcelas muy pequeñas, con variedades dispares de uva— tampoco favorecía el desarrollo de una zona vinícola, por lo que los agricultores acabaron pasándose al cultivo del cereal.



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No tiene el mismo efecto regañar al travieso de la clase que castigar al alumno ejemplar, aunque sea con un tirón de orejas. Por eso, la decisión del Pentágono de retirar 5.000 soldados de Alemania, que hasta esta semana, cuando su canciller dijo que Irán estaba “humillando” a Estados Unidos en la guerra, lo había hecho todo bien en términos de no enfrentarse abiertamente a Washington ―como sí ha hecho España―, se ha sentido con fuerza en toda la OTAN. Este sábado, el republicano elevaba su órdago y aseguraba que no se limitará a sacar a 5.000 soldados. “Vamos a reducir drásticamente y vamos a recortar mucho más de 5.000”, ha sostenido en declaraciones a la prensa en Florida.