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El hallazgo casual de una docena armas de fuego de guerra en el maletero de un coche en Girona va camino de convertirse en la mayor aprehensión de este tipo de armamento por parte de los Mossos. La policía catalana ha comprobado que son armas reales y que funcionan, según fuentes policiales, y ahora están pendientes de que balística confirme definitivamente si, como parece, se trata del modelo AK-74. Los agentes buscan ahora dos personas que entraron a Cataluña por Francia, y que huyeron del lugar cuando fueron sorprendidos por una patrulla, en un área de descanso de la AP-7. Todo apunta al tráfico de armas vinculado al crimen organizado, explican fuentes policiales, que admiten, sin embargo, que la investigación todavía está en ciernes.
Hay algo paradójico en toparse con las imágenes de un monstruo de la fotografía como Daido Moriyama en una ciudad como Kioto, tan asociada a templos, jardines, ceremonias del té y otros símbolos de las esencias locales. Aunque, en el fondo, el gran fotógrafo japonés lleva más de medio siglo oponiéndose a los tópicos de esa postal idílica. Su cámara ha perseguido el consumismo desaforado de los supermercados, la proliferación infinita de 7-Eleven y otros konbinis, los restaurantes de mala muerte, los neones en callejones de los bajos fondos, la belleza distraída de los cinturones de circunvalación, los hoteles baratos donde practicar sexo en horario diurno y otros rincones de las megalópolis de su país.


La ministra de Exteriores de Austria, Beate Meinl-Reisinger, advertía ya en septiembre del boicot a Eurovisión que se fraguaba entre varios países, entre ellos España, por la participación de Israel. La jefa de la diplomacia del país anfitrión trataba de disuadir a los críticos y les recordaba que el certamen “no es un instrumento para imponer sanciones”. Pero fue precisamente Austria quien recurrió por primera vez al boicot cuando en 1969 decidió no mandar a ningún representante a Madrid. Ese año, España albergaba el evento tras la victoria de Massiel en Londres con el La la la. Viena rechazó participar para no contribuir al blanqueamiento que el régimen franquista buscaba en Europa mientras en España decretaba el estado de excepción y suspendía la escasa libertad de prensa aprobada con la ley Fraga.
Durante los años setenta devoré con memorable placer (y continúo haciéndolo) a insustituibles y prodigiosos escritores argentinos como Borges, Cortázar y Sábato, pero también me encontré casualmente, sin tener noticias previas del autor, compatriota de los anteriores, con una novela tan original como turbadora titulada El beso de la mujer araña. La firmaba Manuel Puig. Contaba la forzada convivencia en la celda de una prisión entre un preso político, rocoso, torturado, comunista y un transexual que sueña y hace soñar con películas que su imaginación inventa, soñadoras, melodramáticas, felices. Su objetivo es suplantar la horrible situación que viven mediante la fantasía, narrar historias tan improbables como edulcoradas cuyo presunto glamur les haga olvidar momentáneamente su infierno. Y pasarán cosas muy sorprendentes en su problemática relación.
Dirección: Bill Condon
Intérpretes: Jennifer Lopez, Diego Luna, Tonatiuh Elizarraraz, Bruno Bichir, Josefina Scaglione.
Género: drama, musical. Estados Unidos, 2025.
Duración: 128 minutos.
Estreno: 15 de mayo.
A finales de los años setenta y principios de los ochenta, el cine quinqui se convirtió, casi sin proponérselo, en el más poderoso documento social de lo que fue la España de extrarradio del momento. José Antonio de la Loma, desde una vertiente más sensacionalista y conservadora, y Eloy de la Iglesia, desde la más absoluta libertad de actuación en todos los sentidos, con la puntual aportación de autor de Carlos Saura en Deprisa, deprisa, retrataron el arrebato navajero, la angustia económica y la falta de expectativas.
Dirección: Luc Knowles.
Intérpretes: Arón Piper, Marta Etura, Marco Cáceres, Greta Fernández.
Género: social. España, 2026.
Duración: 91 minutos.
Estreno: 15 de mayo.
Fatherland comienza con un monólogo amargo y desesperado de Klaus Mann semanas antes de suicidarse en 1949 en una villa de aquí mismo, en Cannes. Al otro lado del teléfono está su hermana Erika en la casa familiar de Los Ángeles junto a ese padre patria al que alude el título, el escritor Thomas Mann, exiliado en Estados Unidos con su familia desde la llegada al poder del nazismo. Lo que sigue a ese prólogo es una road movie concisa, elegante y conmovedora sobre el regreso a las ruinas de Alemania del autor de La montaña mágica. Dirigida por el polaco Pawel Pawlikowski y protagonizada por los alemanes Sandra Hüller y Hanns Zischler, Fatherland elevó el tono del concurso del festival de Cannes en una jornada en la que el iraní Asghar Farhadi presentó su película rodada en Francia, Historias paralelas, con Isabelle Huppert en la piel de una excéntrica y solitaria escritora.
En abril y mayo, después del desembarco y el reinado en la taquilla, las conversaciones y los medios de comunicación de buena parte de las mejores películas del año durante los meses anteriores, se suele producir una curiosa mezcla en la cartelera de cine: aisladas grandes producciones de enorme tirón y éxito popular, junto a un cargamento de títulos menores o interesantes, pero de difícil digestión, que por fin encuentran acomodo en las salas. Así, en las últimas tres semanas, con cifras de hasta 17 estrenos cada viernes, se ha colado un trío de obras de enorme exigencia incluso para el espectador más avezado en el cine de vanguardia (o de arte y ensayo). Todas ellas premiadas en grandes festivales, en torno a las dos horas y media de duración, y distribuidas por empresas amantes del riesgo, tanto en el arte como en los negocios.
Dirección: Ildikó Enyedi.
Intérpretes: Tony Leung, Luna Wedler, Enzo Brumm, Léa Seydoux.
Género: drama. Hungría, 2025.
Duración: 145 minutos.
Estreno: 15 de mayo.
El apneísta rompe la superficie, se quita la máscara, la pinza de la nariz, y hace un gesto con la mano: “I’m ok”. Solo entonces, tras comprobar que está consciente y en plenas facultades, los jueces de la competición validan su inmersión. En los campeonatos de apnea, uno de los deportes de competición más exigentes del mundo, los atletas deciden la profundidad máxima que pueden alcanzar con una sola bocanada de aire, mientras un extenso protocolo de seguridad garantiza que puedan volver de sus límites.
Cuando llega el 15 de mayo, jornada que concentra la mayor parte de los festejos de San Isidro, los madrileños llevan ya un par de semanas en la calle. Las verbenas aparecen tras las Fiestas del Dos de Mayo y, en cuanto llega el verano, buena parte de la ciudad disfrutará del Orgullo. Son meses en los que es casi imposible aprobar una oposición, terminar una novela o beber con moderación. El pintor y dibujante Javier de Juan, retratista de Madrid y de sus habitantes desde los años ochenta, lo describe así: “Mayo en Madrid es una época en la que estamos en la calle. El aire empieza a oler de una forma muy particular que solo está aquí. Los atardeceres empiezan a suavizarse. Identifico San Isidro con un Madrid que se vuelve amable”.

“Hay un madrileñismo un poco artifi cial y no es necesario”, apunta Javier de Juan que, hasta ahora, nunca había visto en las calles “ese Madrid castizo y zarzuelero” por el que no cree que pase el futuro de la ciudad: “Lo importante es que hemos vivido unas décadas en las que la mezcla era espectacular. Todo el mundo se mezclaba, hasta los punks con los aristócratas”. Quizá la fiesta y la verbena puedan ayudar a preservar esa promiscuidad urbana citadas por el artista, y a ello apuntan también algunos testimonios literarios clásicos. Por ejemplo, en su novela Insolación (1911), Emilia Pardo Bazán coloca a su protagonista —una aristócrata gallega— en una romería de San Isidro.