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El público que esta semana vaya a algún cine de la cadena Yelmo para ver el regreso de Meryl Streep como Miranda Priestly en El diablo se viste de Prada 2 podrá entrar a la sala con un bolso rojo lleno de palomitas. Es la moda y también una nueva experiencia cinematográfica: coleccionar un palomitero particular en cada gran estreno. El furor por estos cubos se ha vivido este abril con la animada Super Mario Galaxy, cuya figura del dinosaurio Yoshi, vendida a 40 euros, ya es pieza de especulación. Pero, en realidad, los más beneficiados son unos cines que buscan convertir cada estreno en un evento instagrameable y reconfigurar ingresos ante el descenso de la venta de entradas. “El espectador ya no busca solo sentarse a ver una película, sino vivir la experiencia. Ofrecemos nuevas formas de relacionarse. Ya no solo hablamos de exhibición”, explica por correo Samuel Bolaños, director de comercialización de Cine Yelmo.

Han pasado más de cuatro décadas desde que la fotógrafa estadounidense Donna Ferrato (Waltham, Massachussets, 76 años) fuera testigo por primera vez de cómo un marido abofeteaba a su esposa. Su primer instinto fue apretar el obturador de su cámara Leica; el segundo, abalanzarse sobre él y pedirle que parara. Fue un punto de inflexión en su carrera, el instante en que comprendió que su trabajo como fotógrafa necesitaba dar un paso más, servir de contrapeso a una realidad que acababa de noquearla. Aquel día Ferrato comprendió que no podría seguir tomando fotos sin implicarse en la lucha contra la violencia de género.



Por si no tuviéramos bastante con la inestabilidad, la precariedad y las veleidades de un sector caprichoso e ingrato, cada cierto tiempo los trabajadores del audiovisual nos tenemos que enfrentar a una vicisitud profesional añadida: los estrenos de los amigos.

El sueño de la infancia de Estel Blay Carreras (Manresa, 39 años) era convertirse en astronauta. Más de la mitad de las niñas que tienen la ambición de dedicarse a las ciencias desisten en la adolescencia, pero no fue su caso, que convirtió una fantasía en un plan de futuro profesional. Se formó en Ciencia Aeroespacial, se doctoró, tuvo varios trabajos. Hoy, esta mujer, que vive en un barrio residencial de Sitges con su familia y dos hámsteres, que nos recibe con una sonrisa y en calcetines, que tiene un estilo de vida aparentemente convencional, en poco más de un año será la próxima comandante de una misión que simulará, en una isla remota del Ártico, una expedición a Marte.

Entre las paredes del Hospital Clínic de Barcelona, en un viaje de ida y vuelta por no más de tres pasillos y unas cuantas escaleras, se pauta, se fabrica y se administra una innovadora inmunoterapia contra el cáncer que ha cambiado el pronóstico de algunos tumores de la sangre: es la terapia CAR-T, una obra de ingeniería genética que reentrena al sistema inmune del paciente para que combata mejor las células malignas. Hay ya un puñado de medicamentos de este tipo confeccionados por la industria farmacéutica, pero el Clínic ha sido pionero en el desarrollo de un CAR-T académico con el que ya han tratado a más de 650 pacientes sin alternativas terapéuticas. “Pasamos de tratar a siete pacientes en 2017 a 114 en 2025. Es una revolución y yo no veo un límite”, cuenta el hematólogo Julio Delgado, jefe de la Unidad de Oncoinmunoterapia. “Cada vez hay más indicaciones, más ensayos clínicos… Y lo bonito es que, como lo hacemos nosotros, el límite nos lo ponemos nosotros mismos, no dependemos de la industria farmacéutica para que lo haga”, subraya.






Quizá no haya habido muchos europeos dispuestos a envidiar el clima de Gran Bretaña, pero la admiración por sus instituciones ha sido infalible. La explicación es sencilla: en los últimos dos siglos, Alemania ha conocido la monarquía, la república, el Reich, la partición en dos regímenes antagónicos y el modelo federal. Francia y España no han tenido menos convulsiones, e Italia, durante un buen tramo, ni siquiera existía. Mientras tanto, Gran Bretaña ha seguido todo este tiempo bajo una monarquía parlamentaria bien asentada, sin un solo amago revolucionario desde el siglo XVII. Su vida política ha tenido, sin duda, refriegas y escándalos severos. Lo que llegaba a las costas del continente era, en cambio, la estabilidad de su sistema parlamentario, “igual que el mar más agitado parece”, como escribe un viajero del XIX, “desde la distancia de una cumbre, un lago plácido”. Esa seducción no solo es cosa del ayer: Tony Blair y David Cameron inspiraron el cambio de partidos progresistas y conservadores en todo el mundo. Y Margaret Thatcher sigue proyectándose con fuerza —Ayuso, Vox— entre nosotros.
“Hay países donde no hay despliegues [de coches autónomos] y piensan que será cosa de 10 años o más. No lo es. La gente no se da cuenta de que ya está aquí, y está aquí ahora”, dice sobre los coches sin conductor Raquel Urtasun (Pamplona, 50 años). Fundadora y presidenta ejecutiva de Waabi, una startup canadiense que acaba de lograr una ronda de financiación de 1.000 millones de dólares, una de las más grandes de la historia del país, su compañía se ha centrado hasta ahora en camiones autónomos, pero planea lanzar 25.000 robotaxis junto a Uber a nivel global. Esa cifra es más del doble de los coches autónomos que hay ahora en circulación.
En 1981, un hombre escaló los 442 metros de la Torre Sears, el edificio más alto del mundo por aquel entonces. No fue un espectáculo circense, aunque lo pareciera desde la calle; fue una advertencia, y una advertencia bastante incómoda para la ciudad, porque que puso en cuestión todos los rascacielos del planeta y obligó a Chicago a repensarse a sí misma. La historia merece contarse despacio.

La primera Conferencia sobre la Transición para Abandonar los Combustibles Fósiles, que se celebra en Santa Marta (Colombia) y en la que se espera que este martes y miércoles participen los representantes de medio centenar de países, ha puesto el foco sobre los beneficios extraordinarios que las empresas energéticas, especialmente las petroleras, están logrando con el alza de los precios ligados a la guerra en Oriente Próximo. Durante los primeros días de esta cita, los debates entre expertos y representantes de la sociedad civil se han centrado en buena parte en cómo financiar la transición energética necesaria para que el calentamiento global se quede dentro de los límites menos catastróficos. Y la fiscalidad sobre las empresas de combustibles, principales causantes del cambio climático, está en ese debate, como también otras medidas como la reducción de la deuda externa de los países o los mecanismos de arbitraje internacional que permiten a las multinacionales demandar a los Estados si anulan proyectos fósiles.
Pregunta. Estoy de alquiler y mi contrato vence el 7 de octubre del 2027. He recibido una llamada telefónica del casero que me dice que tengo que abandonar el piso el 1 de octubre de este año, ya que un hermano lo necesita. ¿Tengo que abandonar la vivienda en esa fecha? ¿tienen que esperar a que finalice mi contrato para pedirme que me marche? Ángel L.