Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
El chico estaba sentado en su asiento, recostado tranquilamente contra la ventanilla en el vuelo de vuelta de Arabia Saudí, donde el Barça acababa de ganarle la Supercopa de España al Real Madrid. Y aparece Raphinha, el capitán, diez años más que él y el jugador más en forma de la plantilla, con un pastelito y una vela para celebrar a 30.000 pies su mayoría de edad. Medio equipo cantando, gritando a pulmón el cumpleaños feliz. Había algo de rito iniciático, de ingreso en una sociedad adulta. Nada podía ir mejor para un canterano prometedor. Pero la cara del joven Dro, la gran apuesta de Hansi Flick en el Barça el pasado verano, no era exactamente la de alguien feliz. En el vídeo aparecía algo incómodo, arqueando las cejas todo el tiempo. Una semana después se supo qué contenía aquella melancolía.

Hay un toque de artista en Timothé Luwawu-Cabarrot más allá de ese melodioso nombre. El alero francés del Baskonia nació hace 30 años en Cannes, la ciudad del cine, dibuja con lápiz y pinta en acrílico, y su estilo en la cancha es tan elegante que cuando era niño a su madre le decían que el chico debía dedicarse a la danza en lugar de al baloncesto. Y sin embargo, detrás de esa apariencia de jugador plástico hay un anotador letal, el máximo anotador (19,4 puntos por partido) y triplista (3,3 dianas por cita) de la ACB, y cuarto artillero en la Euroliga tras Kendrick Nunn (Panathinaikos), Sasha Vezenkov (Olympiacos) y Nadir Hifi (París) y también el mejor desde el perímetro en Europa (tres bingos por encuentro). En ambas competiciones ha dejado su sello con actuaciones sobresalientes como los 26 puntos al Valencia en la ACB (premiado como mejor jugador de la Liga en diciembre) y otros tantos al Barça en la Euroliga. A TLC, sus iniciales, se le caen las canastas de los bolsillos.

Rusia ha declarado como “indeseable” a ILGA Mundo, la federación internacional que representa a más de 2.000 organizaciones LGTBI+ de más de 170 países y territorios. En Rusia, declarar una organización como “indeseable” equivale a vetar su actividad, ya que expone a las personas que trabajan para ella o la financian a graves procesos judiciales, incluidas penas de prisión. “Es un paso más en el persistente acoso y criminalización de las personas defensoras de los derechos humanos y las poblaciones LGTBI+ en Rusia”, han denunciado desde la organización. Para su directora ejecutiva, Julia Ehrt, “calificar a los grupos de derechos humanos de indeseables es grotesco”.
Vuelve a ser 2011. Pero es un 2011 ligeramente distinto. Uno en el que la sociedad mundial ha abrazado la Paridad Mental. ¿Que en qué consiste la Paridad Mental? En que nadie pueda ser considerado tonto y, por supuesto, ninguno de sus sinónimos. Así, en las escuelas no importa que des respuestas absurdas a cualquier pregunta sencilla, porque “es otra forma de verlo, ¡por supuesto!”, y ningún tipo de mérito te hará merecedor del puesto de trabajo que deseas porque “durante mucho tiempo se ha discriminado a los que no saben nada” y ellos “lo merecen igual que tú”. El porvenir en 2011 es entrar en un hospital para una operación sencilla y, con suerte, salir con vida. Y que a nadie se le juzgue por casi haberte matado porque ese alguien —el doctor o la doctora— tiene derecho a no ser considerado un inepto.

“Amo la belleza, no es mi culpa”. Estos días, por obvio y luctuoso motivo, hemos recordado que la frase es de Valentino. Si no, más de uno, arrimando el ascua a la sardina de la actualidad televisiva, se la podría atribuir a Ryan Murphy. Aunque en boca del creador televisivo, más que un canto a la sublimación estética del color, la forma y el volumen, tal vez podría emparentarse con aquella sentencia que popularizó Inma Contreras, concursante de Gran Hermano 7: “Me encanta el oro, disfruto”.
Si 2021 fue el año de la niacinamida; 2024, el del retinol —cuyo uso fue regulado por una nueva normativa europea—, y 2025, el de los péptidos. 2026 parece que será la temporada de los exosomas. En los últimos meses hemos oído hablar mucho de estas pequeñas vesículas, que además protagonizan muchos lanzamientos cosméticos. “Los exosomas funcionan como mensajeros celulares; es decir, transportan moléculas de una célula a otra, como proteínas, lípidos, ARN... Gracias a ello las células se pueden comunicar, mejorando procesos de inflamación, reparación de tejidos o mejorando el sistema inmunitario”, explica el doctor Carlos Gómez Zanabria, especialista en medicina estética. Pero ¿son los exosomas tan revolucionarios como los pintan? Arturo Álvarez-Bautista, químico y doctor en Nanomedicina y fundador de la marca Arturo Alba, lo tiene claro: “Como siempre que aparece una tecnología potente, hay marcas que trabajan con rigor y marcas que trabajan con prisas. Los exosomas son extremadamente interesantes, pero requieren procesos complejos: obtención adecuada, estabilización, purificación y un vehículo que los respete. Eso es ciencia”.
La cara más visible del cambio climático son los desastres naturales, como las olas de calor, las sequías, los grandes incendios o las lluvias torrenciales. Después llegan las consecuencias silenciosas: hambrunas, subidas de precios, incremento de conflictos o movimientos de personas. Todos estos problemas afectan a la cohesión y estabilidad de los sistemas democráticos. Por un lado, esa inestabilidad social puede ser un perfecto caldo de cultivo para la desafección democrática, la desinformación y los mensajes demagógicos. Lo vimos en la dana de 2024. Por otro, puede cuajar la idea de que sólo un estado autoritario será capaz de tomar las medidas adecuadas para enfrentarse al problema en los plazos necesarios.

En una realidad paralela, el especial del pasado fin de año en la televisión pública no lo protagonizaba José Mota, sino su excompañero de Cruz y Raya, Juan Muñoz (Barcelona, 60 años). Así como Mota planteó una parodia de El juego de calamar (2021) con políticos, retitulada El juego del camelar, Muñoz tenía otra idea basada en la serie de Netflix, que le hubiera gustado rodar en Argés, el bonito pueblo toledano de apenas 7.000 habitantes donde reside desde hace año y medio. “Tengo un amigo aquí que se parece al coreano protagonista”, explica. “La historia era que lo venían a buscar, pero se alargaban, se ponían pesados y, al final, no se lo llevaban ni nada. Acababan yéndose a comer unas migas”.

Un resbalón, y Jorge Parra (Madrid, 35 años) podría haber acabado en el cielo jugando partidas de damas con Fra Angelico. El autor de lo que él mismo ha bautizado como “la Capilla Parrina” había pintado muchos murales antes (primero por afición en su casa de Aranjuez y luego por encargo en restaurantes y hoteles), pero ninguno de temática religiosa, ni de un tamaño tal que le obligara a encaramarse a una elevadora. “Pensé que de caerme y abrirme la cabeza al menos me harían santo”, bromea el artista por teléfono. “Al fin y al cabo, estaba pintando a Dios”.





Algunos creen que este supuesto “conflicto” tiene dos caras en Palestina. Otros consideran que no es así, y que esta historia podría representarse en el escenario de una tragedia griega. Los actores implicados serían, por lo menos, tres: los palestinos, los israelíes y el imperialismo occidental, este último respaldado por un coro de vasallaje y por el egoísmo oligárquico de varios gobiernos árabes.