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No sé si a Isabel Díaz Ayuso le ha gustado siempre el flamenco como parece gustarle hoy. Para la Falange, desde luego, el arte jondo no fue nunca un gusto genuino.
Tal vez celebre con su plato favorito: una tosta de alubias cocidas. O quizás se conceda alguna galleta de chocolate con naranja, el otro manjar que adora. Lo cierto es que este sábado Lara Croft se merece al menos una pequeña pausa entre tantas aventuras. Está acostumbrada a sumar hitos, pero hoy festeja uno especial: 30 años desde el lanzamiento del primer Tomb Raider. Tan apasionada de historia, la arqueóloga lleva tres décadas escribiendo la del videojuego, junto con la suya. Y, probablemente, de la cultura popular, a juzgar por los 100 millones de copias vendidas, las 2.300 portadas de revistas, las exposiciones, películas o canciones que ha protagonizado. “Te asombraría lo persuasiva que puedo ser, incluso con hombres peligrosos”, afirmaba en uno de sus juegos. Sobran los hechos para darle la razón. Ni siquiera hace falta que saque sus célebres dos pistolas.
“Yo no tengo nada importante que contar; llevo una vida muy apartada”, me decía Dámaso Alonso, poeta, filólogo, director de la Real Academia. “Todas las mañanas, desde hace cinco años, doy un paseo. Me voy hasta la plaza de Castilla, bajo por la Castellana, rodeo el estadio de fútbol y vuelvo a casa por detrás. Este paseo ayuda mucho a la manera de ser de mi cuerpo. Pedro Sainz me quiso regalar un bastón, pero no lo necesitaba todavía. Pedro Sainz Rodríguez, ése sí que ha pasado de todo”, decía Dámaso Alonso, no sin un leve matiz de envidia.
Fue una de las muertes más sonadas ocurridas durante el confinamiento de 2020. Y eso que el asesinado era un oso, Cachou, plantígrado poco querido por los ganaderos del Valle de Arán porque en los meses anteriores a su muerte se había cebado con la ganadería equina. Pero el crimen escondía conflictos lastrados, enfrentamientos soterrados y dio pie a una investigación judicial con secreto de sumario incluido, un cóctel que ha acabado convertido en serie, Matar a un oso, liderada por los hermanos Sánchez-Cabezudo, y que Movistar Plus estrena el 10 de diciembre, aunque antes se ha proyectado, este viernes, en la primera jornada de la Seminci. Ha llegado antes un producto audiovisual que una sentencia: los dos acusados por el asesinato del plantígrado aún siguen a la espera de juicio.
Aponiente, el restaurante tres estrellas Michelin capitaneado por el cocinero Ángel León, ha logrado que el universo gastronómico mire hacia el gaditano Puerto de Santa María. En este año, además ha salido del molino de mareas del siglo XIX donde se ubica y la experiencia que supone comer en él se expande hacia las marismas que lo rodean, ubicadas en el parque natural de la Bahía de Cádiz, el mismo lugar que sirve de inspiración desde hace años para este chef.
“Nunca había visto tanta gente en la cola”, afirma sorprendida una asistente a la 080 Barcelona Fashion a escasos minutos del comienzo del desfile de Benavente. No le falta razón: son las dos de la tarde de un jueves y bajo un sol digno de julio, cantidad de fashionistas esperan su turno para ver las propuestas del valenciano y, podríamos decir, también sus historias. En cada costura, Paco Benavente (Valencia, 35 años) cuenta una. Una historia que no entiende de géneros, pero sí de sastrería y de patronaje. Cuando en 2015 se hizo con el premio a la mejor colección de diseño emergente dentro de la Valencia Fashion Week, pasó a pasar a formar parte de esas “jóvenes promesas” que a los medios y a la industria de la moda tanto gustan. Pero su propia historia dio un giro inesperado: se retiró y se dedicó a la docencia. Así descubrió lo que ahora ya sabemos: que lo suyo es narrar mediante colecciones, patrones y emociones, no a través de lecciones. Y por eso, en 2024, la marca renació. Esta es su tercera colección presentada en la 080 Barcelona Fashion. Hablamos con él, horas antes del desfile, sobre la última, de título muy adecuado: Nomeolvides.
Los dos violadores eran siempre los mismos y la violencia y el modus operandi empleados, idénticos. Juntos cometieron dos olas de violaciones durante los años noventa en Cataluña, pero solo uno de ellos fue detenido y condenado, y nunca delató a su cómplice. Hace un año, tres víctimas de aquellas agresiones —hubo al menos 16, cuatro de ellas menores de edad— pidieron a la Fiscalía de esa comunidad que ampliara los análisis de ADN para tratar de identificar al cómplice. La fiscalía abrió unas diligencias preprocesales de investigación. Los análisis se ampliaron y se obtuvo el perfil genético del segundo autor, pero dado que los delitos han prescrito, el fiscal superior, Francisco Bañeres, archivó las diligencias el 27 de julio pasado. Y aunque en el decreto de archivo reconocía expresamente “el legítimo interés” de las tres mujeres en saber la verdad, en la práctica no se ha atendido.
Los bomberos de Ávila miran por el cristal. Detrás del vidrio hay una cocina, un frigorífico, sillas y mesas. Todo nuevecito, envuelto en plástico, en un módulo prefabricado junto a unas duchas y vestuarios. Todo está listo dentro de la nueva estación, pero no pueden usar nada de eso. Así ha sido desde hace un año, porque la Junta de Castilla y León (PP y Vox) pagó la infraestructura, pero no los contratos de la luz ni del agua. “¡Es increíble!”, exclaman los brigadistas que coinciden en que es “un garaje de 420.000 euros”. Tampoco hay un hidrante donde cargar los vehículos y tiran de los de El Tiemblo, donde se encuentran perdiendo el tiempo. Estos ejemplos ilustran las quejas del gremio, que se siente desatendido y mal dirigido después de vivir el peor verano de su historia.


Ante los incendios forestales cada vez más intensos y peligrosos, quizá haya llegado el momento de mirar más allá de la extinción y replantearnos también cómo gestionamos el territorio una vez apagado el fuego. En los últimos tiempos asistimos a un paulatino cambio de paradigma que supone abandonar la estrategia de supresión total propia de la época del “todos contra el fuego”. Empezamos a asumir que siempre va a haber igniciones, ya sean naturales o accidentales, y que cuanto más continua e inflamable sea la vegetación, menos manejables serán los incendios y peores sus consecuencias. Esa es la lógica que inspira las quemas prescritas, que no pretenden eliminar el fuego, sino utilizarlo para reducir la biomasa y, por lo tanto, la severidad de los incendios.
He de reconocer que, hasta ahora, creía que la postura escorada de los gobiernos autonómicos en favor de los centros de datos se debía a la misma injusta mezcla que nos afecta a buena parte de los españoles: la falta de información por parte de las grandes corporaciones promotoras y la diseminación por estas de algunos datos confusos y sobredimensionados en empleo e inversión. La labor que he tratado de desempeñar estos últimos meses, como investigador predoctoral del CSIC y de la UC3M, ha sido precisamente tratar de poner la información a disposición de los vecinos y las administraciones afectadas por estas instalaciones. Es por ello que recibí con ilusión la invitación de Unidas por Extremadura para comparecer en la Comisión de Economía, Empleo y Transformación Digital de la Asamblea de Extremadura con el objeto de ofrecer un análisis científico de los beneficios y riesgos asociados a los proyectos de instalación de grandes centros de datos en esta tierra. La misma tierra que cultivaron mis abuelos y de la que emigraron con la intención de que sus nietos pudieran estudiar en las instituciones en las que a día de hoy trabajo.