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Unas 200 personas han cortado esta mañana en torno a las 8.30 la autovía A-3 a la altura de Plaza Conde de Covatillas en el distrito madrileño de Moratalaz. Los manifestantes, profesores huelguistas de la huelga indefinida de educación en Madrid, que dio comienzo el pasado 14 de octubre, han colocado pupitres y sillas de colegio en medio de la vía. Con los brazos en alto, sosteniendo lapiceros, todos al unísono han gritado “la educación pública no se vende, la educación pública se defiende” o “el ático de Ayuso para 3ºB”. Cientos de coches con conductores que en ese momento se dirigían a sus puestos de trabajo han quedado bloqueados a esa altura. La protesta ha sido encabezada por dos pancartas principales, una bajo el lema “Educación pública en huelga” y otra “Su bienestar no puede esperar, su bienestar también importa”.



Allá por 2006 Xbox presento al mundo la que acabaría por convertirse en una de las franquicias más exitosas y reconocibles de la marca: Gears of War. Se trataba de un brutal juego de acción que daría pie a una saga conceptualmente deudora tanto del imaginario de Warhammer 40.000 como de Starship Troopers, que consiguió desarrollar una arrolladora personalidad propia y que sentó las bases de una mecánica que luego copiarían, con mayor o menor fortuna, decenas si no cientos de juegos: los disparos con cobertura desde diversos elementos del escenario tras los cuales nos parapetamos. ¿El punto de partida? La guerra que en planeta Sera libra la humanidad contra los terribles locust, unos seres de aspecto reptiloide y gatillo fácil que, desde las profundidades del mundo, han declarado la guerra a la humanidad.

Con la llegada del otoño y la bajada de las temperaturas, el dormitorio se convierte en el principal refugio de la casa. Meternos en la cama, acomodarnos con una almohada cómoda, encender la lámpara de la mesita de noche y arroparnos con las sábanas y el nórdico es uno de los mayores placeres de esta época del año.





Odiar Madrid se ha convertido en un género literario. No uno cualquiera, sino uno de esos que aspiran a conferir prestigio y distinción a quien lo ejerce. Como el haiku o las novelas gordas. Renegar de la capital de España, despreciar su atmósfera o denunciar la hostilidad de sus gentes (así, en plural, como harían Yolanda Díaz o Julio Iglesias) ha pasado a ser una pose pretendidamente chic y cultivada. Odiar Madrid es salirse de la masa ejerciendo de masa, es reivindicarse viajero contra los turistas o defender la civilización frente a la barbarie. Odiar Madrid es elegir lubina cuando crees que todos piden chuletón.
El anuncio del PSOE, Frente Amplio y otras fuerzas de izquierda territorial, diez minutos antes de la medianoche de este viernes, sobre su candidatura única al Senado actúa todavía como bálsamo para los sectores de izquierda frustrados por el fracaso de la coalición con Podemos. Una operación de más de seis meses concluyó con un acuerdo para ir en listas conjuntas en la cámara Alta en 43 provincias, al límite del cierre legal de la comunicación de las coaliciones; quedan fuera Cataluña y Canarias, salvo la circunscripción de La Gomera. El temor los ha unido.
He leído con fascinación la novela La república de Jorge Volpi, cuyo tema es la inteligencia artificial concebida como un ente superior capaz de dirigir la instauración de un nuevo orden político de extrema derecha, guiada primero por quien la ha creado, y luego capaz de tomar decisiones por sí misma, como asesora de seguridad nacional del presidente de Estados Unidos.