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Quienes nos alejamos de los extremos y abogamos por la moderación estamos desamparados. Me duele la polarización creciente, alentada por los grupos extremistas y por los políticos. Es fácil caer en ella. Hay enfrentamientos entre familiares y entre amigos, y aumenta la tensión en la calle. Las condiciones debilitan el diálogo y el debate sano. Y no queda nada hasta las elecciones. Quiero reivindicar el centrismo, que pongamos el foco en aquello que nos une a casi todos. Los dos principales partidos, que engloban a la mayoría social, tienen la obligación de llegar a un pacto que aleje a los extremos del poder, como ha ocurrido en otros países europeos. Sé que es muy difícil, pero la política española y la cohesión social tienen que poder reconducirse.
Levantarse por la mañana con la sensación de que cuesta más pensar con claridad puede deberse a un mal descanso. No dormir lo suficiente, el calor extremo, el estrés o determinados cambios en los hábitos pueden afectar al rendimiento cognitivo y provocar falta de concentración, confusión, espesura o fatiga mental, entre otras. Pero ¿cuáles son las causas y por qué aparece? ¿Se puede medir? ¿Afecta a todos por igual? Y, sobre todo, ¿cómo se puede distinguir entre un cansancio normal y una niebla mental que conviene revisar? Sus causas son variadas y van más allá de dormir mal.
Tres estudiantes del instituto público Rosa Chacel del madrileño distrito de Hortaleza han sido expulsados por la directora del centro, Luisa Capell, como represalia por participar en un artículo publicado por EL PAÍS que informaba de las protestas del alumnado por el cierre de los cuartos de baño en este instituto dedicado a las enseñanzas de Formación Profesional. La directora del Rosa Chacel expone en los partes de expulsión que los tres jóvenes difundieron “a través del periódico EL PAÍS informaciones de ámbito escolar y personal relativas a la directora del centro que pueden menoscabar su imagen y consideración”, lo que tipifica como una falta grave que conlleva la expulsión durante cinco días del centro educativo. Tanto la directora del Rosa Chacel como la consejería de Educación de la Comunidad de Madrid no han atendido las peticiones de este diario para recabar su versión de los hechos.
En el vídeo registrado por la cámara fija del laboratorio del Servicio de Armas de la Guardia Civil de Madrid, se ve al coronel Francisco Pallás entrando con un empleado de la empresa española USP (Uniformidad y Suministros de Protección S.L.) y un guardia, cogen las cajas de cinco fusiles de asalto del instituto armado y comienzan a superponer etiquetas y precintas de la citada empresa sobre los de la Guardia Civil, tapándolos. Esta burda operación, realizada a plena luz del día y con las cámaras de seguridad en funcionamiento, ha sentado esta semana en el banquillo al Coronel, a una directiva de la empresa armamentística y a un empleado de la misma. La Fiscalía pide cuatro años de cárcel para el mando de la Guardia Civil por “un delito de falsificación de documento oficial”; y dos años para los miembros de la compañía por lo mismo. El ministerio público entiende que Pallás “falsificó unos documentos para favorecer durante el proceso de licitación a una empresa de cara a la adquisición de un mínimo de 8.250 fusiles de asalto”.

Madrid está sucia. Se habla de ello, se lee en redes sociales y se refleja en las miles de reclamaciones que ponen los ciudadanos cada año. Es una queja histórica en la ciudad de 3,5 millones de habitantes. El paisaje que muchos madrileños observan a diario en las calles es el de contenedores desbordados y rodeados por bolsas de desechos de todo tipo. Entre noviembre de 2022, cuando comenzó a operar el contrato de contenerización, recogida y transporte de residuos, y noviembre de 2025, el Ayuntamiento ha abierto 435 expedientes por incumplimientos a las empresas privadas a cargo del servicio. Eso son unas 145 al año, según los datos municipales obtenidos a través de una petición de información realizada por Más Madrid y que ofrece una radiografía de los fallos en el sistema de recogida de basura. De los expedientes abiertos, 363 han terminado en sanciones por un valor de 1,39 millones de euros a las compañías que prestan el servicio por toda la ciudad.

El pasado 12 de agosto se vivió un momento que el rock había dado por perdido. Ritchie Blackmore regresó a Deep Purple después de 33 años de ausencia y décadas de peleas con su gran enemigo, el vocalista Ian Gillan. El encuentro fue breve: apenas seis minutos y medio, los que duró la interpretación de Smoke On the Water, con el fraseo de guitarra más famoso del rock duro, obra de Blackmore. Ocurrió en la parada neoyorquina de la gira de 2026 de Deep Purple. “Histórico reencuentro”, tituló Rolling Stone.
En una de mis tiras favoritas de Calvin y Hobbes, el pequeño Calvin está jugando en un arenero cuando Hobbes le pregunta si no debería estar haciendo una redacción para clase. Entonces Calvin se pone entre melodramático y trascendente (me encanta cuando toma esa actitud) y responde que la creatividad no es un grifo que se abre y cierra a voluntad, sino que para poder escribir hay que encontrarse en el tono adecuado. Cuando el tigre de peluche le pregunta cuál es ese tono, Calvin responde: el pánico del último minuto.
“Buenas tardes, tengo 84 años y toda mi vida ha estado definida por la bomba”. Mitoe Matsumoto tenía tres años y cuatro meses el 9 de agosto de 1945, cuando a las 11.02 de la mañana estalló sobre Nagasaki la segunda bomba atómica que lanzó Estados Unidos contra Japón al final de la II Guerra Mundial. Se trataba de una bomba de plutonio, más potente que la de uranio, que tres días antes había explotado sobre Hiroshima. Nagasaki no era el objetivo y tampoco el barrio sobre el que fue lanzada. Pero el piloto del bombardero B-29 Bockscar vio un claro entre las nubes y decidió soltar el proyectil, cuyo nombre en clave era Fat Man, contra el valle de Urakami, donde vivía una importante población cristiana, unos cuatro kilómetros al norte del centro de la ciudad.
Nigel Farage lleva tres décadas agitando el debate público británico, hasta haberse convertido en el político más popular (por conocido) del Reino Unido. Amado y odiado a partes iguales, el único consuelo de sus detractores es que a lo largo de este tiempo ha subido como un cohete y se ha estrellado contra el suelo como un coco maduro en más de una ocasión.