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No te vamos a decir que pagar un gimnasio es una mala inversión, porque si vas con frecuencia y te esfuerzas en cada sesión, los resultados no se harán esperar. Pero si eres de los que renuncian a salir de casa, especialmente cuando llega el frío, y quieres seguir manteniéndote en forma, sigue leyendo: te proponemos algunos productos con los que podrás equipar tu hogar para conseguirlo.










Ammar Yassir (Omdurmán, Sudán, 21 años) ha hecho de su exilio un diario fotográfico. Se marchó de Sudán en diciembre de 2023 poco después de que estallara la guerra que, pronto, desembocó en la mayor crisis humanitaria del mundo. Yassir no ha regresado desde entonces, pero, a través del proyecto fotográfico Nunca encontraré un hogar, combina imágenes de su familia y su país y la experiencia del desarraigo. “Comenzó como un diario personal. Más adelante empecé a añadirle más y más capas, preguntando a las personas de mi entorno qué significaba para ellos el hogar y qué implica llegar a un punto en el que ya no tienes un hogar al que volver”, afirma, en entrevista con EL PAÍS en Madrid. Yassir ha visitado España para participar en el festival We Are Photo en El Campillo, Huelva.

Como suele ser habitual cada semana, en EL PAÍS Escaparate nos ponemos manos a la obra para encontrar los 30 chollos por menos de 30 euros que realmente merezcan la pena en el amplio catálogo de Amazon. Pues bien, esta selección reúne superventas de las distintas y principales categorías de compra con hasta un 60% de descuento. ¡Corre que vuelan!






























Bibiana Candia es la invitada esta semana en Qué estás leyendo, el podcast de libros de EL PAÍS. La autora de Azucre y, recientemente, de Lar, habla con Berna González Harbour sobre estos dos libros que ponen el foco en personajes olvidados por la historia del siglo XIX. El primero, sobre los niños gallegos esclavizados en Cuba. El segundo, sobre la revuelta de mujeres cigarreras cuando iban a ser sustituidas por máquinas. “Los grandes héroes no son príncipes ni aristócratas”, asegura.
No creo que tenga ningún sentido esa distinción tan frecuente entre literatura y periodismo. La literatura se hace de diversas maneras, en lugares o espacios distintos: el libro, el escenario, el periódico. No me refiero a la colaboración literaria sin más, a lo que se llama “la firma”, para distinguir a quien escribe de los periodistas sujetos a las obligaciones y los ritmos de la actualidad. El periodista es tan literato como el novelista o el poeta. Hay novelistas buenos y malos, como hay poetas, o autores dramáticos, y periodistas también. No es que el periodismo sea un género inferior, o menor, siguiendo la manía jerárquica que tanto daño hace a la percepción justa de lo escrito. Tampoco las fotos que se publican en el papel de periódico son de por sí inferiores a las que se exhiben bien impresas y enmarcadas en las galerías de arte. Las fotos de asesinos y mendigos de Weegee se publicaban en las páginas del New York Post en los años cuarenta, y las de Cartier-Bresson o André Kertész y tantos otros ilustraron la edad de oro de las revistas gráficas. En España, por no ir tan lejos, uno de los mejores fotógrafos del siglo XX fue el gran Santos Yubero, que retrataba lo mismo la celebración del 14 de abril en Cibeles que la faena de un torero o una jugada de fútbol, y al que nadie otorgó consideración de artista mientras vivía. En los años treinta escritores de mucho postín —Unamuno, Baroja— firmaban artículos en los periódicos, pero su prosa, leída hoy, es más vacua y retórica que la de los reportajes espléndidos de Chaves Nogales, Josefina Carabias, Gaziel, Josep Pla. Cuando yo tenía 14 o 15 años, allá por los primeros setenta del siglo pasado, mi aspiración de ser escritor era inseparable de la de ser periodista, y mis héroes eran Manu Leguineche y otro gran reportero ahora olvidado, Enrique Meneses, que había sido el primero en localizar y entrevistar a Fidel Castro en Sierra Maestra.


Comencé mi relación con El País Semanal con un orgasmo. Sucedió el 6 de febrero de 1994. No se repitió en los siguientes 12 años.


Que la llegada de la derecha radical a los gobiernos democráticos pueda representar una amenaza para la cultura abierta y la libertad de creación ya no es solo una sospecha: el arte crítico y la memoria cívica se encuentran en la diana de los extremistas. Sucede en América y en Europa. Y también en algunos lugares de España. Desde los primeros acuerdos autonómicos con el PP, Vox tuvo como prioridad la derogación de las Leyes de Memoria Democrática. No fue casualidad que en la Comunidad Valenciana se cancelase la suscripción a diversas revistas en catalán en bibliotecas municipales. Ya en 2023 se escucharon tímidas advertencias de lo que estaba por venir. En vano. El sábado estaba previsto que se representase en Valladolid la obra Federico, centrada en la muerte de García Lorca, pero ha sido cancelada y la compañía Proyecto 43-2 ha denunciado a la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León, en manos de Vox, porque considera que dicha decisión obedece a motivos ideológicos. El episodio ha coincidido con la publicación el pasado día 9 de los requisitos que la Junta establece para solicitar subvenciones para la producción de películas y documentales: “No podrán destinarse los fondos públicos concedidos al amparo de esta convocatoria a actuaciones que impliquen adoctrinamiento ideológico”.

El 25 de octubre Brasil tendrá ante sí una clara disyuntiva, entre el candidato de ultraderecha Flávio Bolsonaro y el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que ese día se medirán en la segunda vuelta de la elección presidencial.
Ojalá que los moros españoles pudiéramos vivir nuestras vida sin más, como simples seres humanos, sin la estrella amarilla de la mororidad, esa condición según la que somos culpables hasta cuando se demuestra lo contrario, hasta cuando estábamos a más de 600 kilómetros del delito cometido. Imagínate ser madre de un hijo que cumple con los rasgos raciales en los que se basa esa construcción y saber que la policía lo va a parar por la calle mucho más que a sus compañeros. Imagínate verlo crecer y darte cuenta de que la mororidad no solo no va a ser impugnada como sistema de discriminación, sino que encima se va a aplicar a quienes ya nacen españoles de hijos de españoles. Que no significa nada porque deberíamos ser tratados todos como personas independientemente de nuestra procedencia, de nuestra nacionalidad o nuestros rasgos físicos. Pero es que incluso para los que practican la persecución del moro por ser éste el extranjero, “el enemigo” perpetuo y principal, la alteridad demonizada, fantasma de guerras pasadas y pulsiones de Reconquista, incluso desde ese marco lo que se les ha hecho a Youssef Abraoui y Ahmed Benyahia es un crimen aberrante: difundir su imagen señalándolos como culpables del crimen atroz que acabó con la vida de una octogenaria en Burgos. Ojalá no ser siempre los primeros sospechosos de asesinatos de ancianas, de violaciones, de robos y agresiones. Incluso algunas webs que desmienten la noticia hablan de que no se trata de magrebíes sino de dos hombres “nacionalizados”. ¿Y eso qué más da? ¿por qué hay que hacer siquiera la distinción entre españoles cuando la nacionalidad se adquiere por nacimiento? ¿Cuántas generaciones de “nuevos” españoles tendrán que dar explicaciones por no encajar físicamente con lo que un patriotismo rancio y obsoleto considera que somos “nosotros”? El Imperial, parece que se llamaba la cuenta desde la que se difundió el bulo, lo cual es toda una declaración de intenciones porque no hay imperio sin racismo, no hay grandeza patria sin exterminio del “otro” construido justo para que pueda ser exterminado. Qué agallas, qué machos los cobardes que no saben articular una oposición que no esté basada en manipulaciones y maldades, qué rastreros y crueles matamoros que persiguen a chavales imberbes (no Abraoui y Benyahia, que son hombres adultos; hasta en eso equivocaron el tiro). Ese es el tipo de votantes a los que Alberto Núñez Feijóo dice que hay que respetar, a los crueles capaces de atizar el odio contra otros ciudadanos, tan españoles como ellos aunque les joda.