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Hoy, 12 de septiembre se cumplen 100 años del nacimiento de Germán Sánchez Ruipérez. Sorprende el silencio que, hasta ahora, rodea el centenario de quien transformó el libro escolar en España, construyó uno de los mayores grupos editoriales en español y dedicó después buena parte de su fortuna y de sus últimos 30 años a investigar algo entonces remoto: cómo leeríamos en el futuro.
Los ecos del 11-S llegan al otro lado del East River, donde el tenis actúa acorde al día ceremonioso y una treintena de marines con gorros y camisas blancas desciende ordenadamente del autobús para el homenaje. Atascos en Manhattan, nudos en las gargantas por las 2.977 víctimas mortales del ataque y la pista Arthur Ashe —la más grande del mundo— envuelta en una luz azul a partir de media tarde. El silencio sepulcral precede a la disputa de las semifinales masculinas y también a la gran cita de este sábado, en el que chocarán (22.00, Movistar+) dos fuerzas incontenibles: Aryna Sabalenka (28 años) y Elena Rybakina (27). La uno contra la dos, o viceversa. Este mismo lunes se producirá el cambio de orden porque la kazaja destronará a la bielorrusa en el ranking tras casi dos años de mandato. Hay cambio de guardia, pero la reina saliente se rebela: “Estoy preparada para ganar”.
Rybakina también desembarcará en el episodio definitivo del torneo con argumentos de peso. Además del sorpasso anímico y clasificatorio, le respaldan dos registros significativos: la derecha y el servicio. En ese sentido, no hay tenista más productiva.
Suma 48 triunfos —dos menos que Pegula, líder de esa lista, y dos más que Sabalenka, tercera— y encabeza dos apartados: es la que más golpes ganadores acumula (1.601) y la que más saques directos ha conectado (399) esta temporada.
Por otra parte, Katerina Siniakova y Taylor Townsend se adjudicaron el título de dobles, con el que cerraron el círculo de los cuatro grandes. Se impusieron a las estadounidenses Ashlyn Krueger y Robin Montgomery por 5-7, 6-0 y 6-2 (en 1h 52m).
Ni con el estreno de una película, ni con el lanzamiento de un disco. El público se ha acostumbrado a emitir el veredicto sobre la estrella del momento mucho antes de que se publique cualquiera de sus trabajos. ¿Qué es lo que se juzga? Las extensísimas campañas de promoción. Es decir, ese cóctel de entrevistas serias en revistas de renombre, catas de alitas picantes en YouTube, charlas rodeados de tiernos cachorros o en el metro y bailes en TikTok a los que el cantante o actor en cuestión debe sobrevivir poniendo el máximo de su parte. O, mejor dicho, de sí mismo. Porque cada vez se les exige más un requisito: la espontaneidad.
Por muy escépticos del sueño americano que podamos ser, la historia de Arnold Schwarzenegger (Thal, Austria, 79 años) desafía los límites de la credibilidad tanto como sus películas más exageradas. Que el destino de Hollywood o de la cuarta economía del planeta (el Estado de California, por sí solo) lo haya marcado, durante décadas, un fibroso aldeano austriaco criado entre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial nos parecería improbable si no tuviésemos tan naturalizada la existencia del actor y exgobernador, integrado en el paisaje de nuestro imaginario con la misma sorprendente ligereza con la que todo el mundo sabe pronunciar su apellido. Schwarzenegger es una de esas figuras para las que parece haberse inventado la expresión “más grande que la vida”: por la escala de sus logros vitales, de su cine o de su propia corporalidad, 1,88 metros de músculos cincelados cual estatua griega.


Cuento con más de ocho años de experiencia en medios de comunicación especializados en moda, belleza y estilo de vida. A lo largo de este tiempo he desarrollado una amplia experiencia en la investigación y evaluación de productos de consumo, analizando las características que realmente marcan la diferencia entre unas opciones y otras, con especial atención a la experiencia de uso y al valor que aportan al consumidor.
Para elaborar cada contenido, combino la revisión de información técnica, la consulta de fuentes especializadas y la prueba de los productos. Mi objetivo es transformar toda esa información en recomendaciones claras, rigurosas y fáciles de entender, para que los lectores puedan tomar decisiones de compra mejor fundamentadas.




En la instalación 20 centímetros, el artista José Luis Serzo invita a una reflexión sobre la naturaleza de la realidad. La pieza plantea un mundo en el que los objetos cotidianos quedan atrapados en una reiterativa escala de 20 centímetros que crea un efecto que oscila entre lo jocoso y lo perturbador. La silla, la mesa, la cama y el televisor se muestran en un mismo color —blanco— y dimensión, empuñando las implicaciones filosóficas de la miniaturización tras el interrogante de cómo cambiaría nuestra percepción y relación con las cosas si todo a nuestro alrededor se rigiera por esa medida estándar.

El día nacional de Cataluña, la Diada, siempre ha servido de medidor de la salud de la reivindicación independentista. Este año, sin embargo, el catalanismo político, desde el secesionismo tradicional hasta el PSC y Comuns, lo ha utilizado también como revulsivo para hacer frente a la amenaza democrática que encarna la ola reaccionaria de Aliança Catalana, a la que las encuestas le dan la primacía en el bloque independentista y le da la llave de una posible mayoría parlamentaria tan imposible como envenenada.

El profesor de la Universidad de Granada José Cesar Perales reflexionaba días atrás en su cuenta de X sobre la ola de catastrofismo que observa en ciertos medios y redes sociales, que parecen abonados ‘al cuanto peor, mejor’ sin poner contexto ni tener en cuenta de dónde venimos. Contaba que había crecido en un barrio devastado por la epidemia de la heroína, del sida y otros problemas y que ni en los peores momentos -que no son los actuales- nunca había visto el actual nivel de pesimismo existencial de sus vecinos. En otras palabras, que la influencia de estos profetas del desastre han creado una sensación de absoluta ausencia de futuro que no cuadra con la realidad de la calle. “La gente vive asustada, no por lo que les pasa, sino por lo que les cuentan que pasa”, sentenciaba.

Las grandes tecnológicas internacionales despliegan toda su artillería antes de un potencial choque en los tribunales con el Gobierno de España por las nuevas exigencias que pretende implantar el Ejecutivo. Según señalan fuentes jurídicas al tanto de la situación, SpainDC, la asociación que agrupa a los grandes desarrolladores de centros de datos en España, ha acudido al Consejo de Estado para presentar las alegaciones al proyecto de real decreto que tramita el Ministerio para la Transición Ecológica.