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Thais Ruiz de Alda (Barcelona, 52 años) es jurista de formación y lleva más de dos décadas trabajando en entornos tecnológicos. Ha dirigido equipos y proyectos digitales desde 1999 y eso, además de un desparpajo y una locuacidad a prueba de balas, le hace decir con rotundidad que existe el patriarcado digital, que solo el 22% de participantes en los festivales de música son mujeres y que Google debería ofrecerte otra opción para llegar a un sitio que no sea solo no cruzar un parque a las doce de la noche. Actualmente, después de haber vivido “el manspreading en toda su magnitud”, es fundadora y directora ejecutiva de DigitalFems.

El vídeo muestra a dos hombres discutiendo, encarados, ante un coche amarillo con rótulos y un tractor. Uno le llama a otro “puto gordo” y el otro responde “medio metro”. El dueño del tractor sube a la cabina y usa las palas de la máquina para levantar el otro automóvil y destrozarlo. El vídeo se viralizó hace semanas en las redes sociales por la reacción del agricultor ante el empleado de una empresa de cobro de deudas, con muchos comentarios jocosos pero un trasfondo: el cobrador es Alberto Gonzalo de Juan, alias Alberto Pugilato, un neonazi con diversas condenas, una de ellas en el Tribunal Supremo por delitos de odio. EL PAÍS ha comprobado que varias de ellas proceden de su trabajo en Céltica de Cobros, una firma que persigue a deudores. Pugilato y otros empleados han recibido varias denuncias y condenas por coacciones, amenazas y agresiones sobre los deudores. La compañía tuvo como apoderado a Eduardo Núñez, número seis en las listas de Falange en las elecciones de Valladolid en 2023.

A todos los que navegamos por Internet nos resultan familiares los captchas. Son pequeñas pruebas para demostrar que somos una persona y no un bot. Pueden ser varias imágenes en las que tenemos que pinchar, por ejemplo, en las que aparece un autobús o un tractor; a veces es una pieza de un puzle que hay que colocar en su hueco; otras sencillamente nos piden marcar una casilla que pone “No soy un robot”.
Si el año pasado las llamas se desbocaron en agosto arrasando el noroeste de la Península, coincidiendo con una extensa e intensa ola de calor, este verano los problemas han llegado antes a España, el país europeo con más superficie dañada en estos momentos. Tras un junio que ya fue complicado, en julio se ha disparado el área alcanzada por el fuego hasta un acumulado anual de 119.458 hectáreas. Son los datos provisionales que ofrecía este martes el servicio de vigilancia europeo Copernicus, que emplea su red de satélites para estimar el perímetro y superficie de los fuegos. Pero lo que más destaca es que dos tercios —79.000 hectáreas— de ese total han ardido solo en los 20 primeros días de julio.
El pobre Gennaro Majello no podía más. El napolitano solo quería dar de comer y ganarse su propio pan. Pero había tenido que mantener su tienda cerrada durante muchos meses. ”No podía abrir por miedo a que los franceses fueran a cenar y no pagaran”, escribió en 1799 en una súplica al rey Fernando IV. A falta de clientes, solo acumulaba deudas y temía pasar de los fogones a la cárcel. Así que buscó ayuda ante el maltrato de los soldados extranjeros. Más de dos siglos después, el episodio aún despierta cierta compasión. Pero contiene, con perdón de Majello, otro interés mucho mayor: supone la primera mención de una pizzería que el historiador Luca Cesari ha encontrado. Su Historia de la pizza (Altamarea) encierra muchas más sorpresas, como las paupérrimas recetas originales o el rol decisivo de EE UU en su triunfo. Resulta que el plato quizás más icónico del mundo cocinó su éxito a fuego muy lento. Y no se infló hasta mediados del siglo pasado.


En una de sus frases más recordadas, Karl Marx afirmaba que “la violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva” (El capital, vol. 1, 1867). O, en una variante apócrifa pero muy popular, “la violencia es partera de la historia”. Las tesis del gran historiador Dieter Langewiesche no se alejan demasiado del aforismo marxista, pero lo reformulan con un alcance distinto: la guerra es “una fuerza creativa”, entendida a menudo como motor de progreso. Reconocido por sus trabajos acerca de la historia alemana y europea del siglo XIX, en especial por los que tratan del liberalismo y del nacionalismo, este especialista ha analizado durante años los conflictos armados. Su obra comienza a conocerse en el mundo hispanohablante gracias a la labor de Jesús Millán, de la Universitat de València, quien ha vertido con solvencia al castellano este contundente estudio sobre las guerras en la Europa contemporánea. O, mejor dicho, sobre aquellas en que se vieron implicados los europeos. Un libro lleno de lecciones incómodas.

Muchos inmigrantes en España se han sumado a la fiesta de La Roja, en bastantes casos con tanto o más entusiasmo que la población de origen local. Se han enfundado la camiseta de la selección, han saltado de alegría en las plazas y han celebrado la victoria como propia. “¡Hemos ganado el Mundial!” es una frase que se ha oído estos días, con acento extranjero y en la primera persona del plural.

“Si has comprado pescado en el mercado, mételo en agua. Si se hunde, está fresco; si flota, está malo”. Así comienza un vídeo que ya han visto más de 25 millones de personas. El protagonista es Paco del Campo, un anciano de aspecto entrañable que ofrece consejos sobre alimentación y salud. No es un caso aislado. En las últimas semanas han proliferado vídeos muy similares que también acumulan millones de reproducciones. Podemos citar tres ejemplos, como el de Eduardo, un hombre de mediana edad que se presenta como “experto en salud holística y dietista” y que nos advierte sobre la supuesta peligrosidad del panga, la tilapia y el salmón en un vídeo que comienza así: “Nunca comas estos tres pescados si no quieres morir mañana…”.
Marc Biarnés (Barcelona, 33 años) tiene lo que más cotiza en las redes sociales: una expresividad que solo es suya. Su forma de poner los ojos en blanco mientras pela una pieza de fruta o de fruncir levemente el ceño mientras se prepara una tostada le pertenece solo a él. Si muchas influencers han encontrado un filón en contar cosas mientras se maquillan, Biarnés lo ha encontrado en explotar esa vieja sensación de “¿a qué había venido yo a la cocina?" mientras analiza la actualidad política y social. Entre TikTok e Instagram, más de millón y medio de seguidores están enganchados. Un día, el presentador Germán González dijo: “Parezco Nosoloviernes” mientras mandaba un mensaje a sus seguidores a la vez que pelaba una patata. Ya hay, pues, un estilo Biarnés.
Es un mito fundacional clásico de la meritocracia: el garaje. Donde empezó todo, el epítome de lo humilde, una fábula del sueño americano. Esta historia es de esas, como los orígenes en cocheras de Microsoft o de Honda. Excepto porque no es un garaje, es un taller, y porque su cabecilla no es un joven emprendedor, tiene 74 años. Él es Avi Gus y es el cofundador de la marca de ropa urbana Salpi.