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Al cotxe no sona ni Bob Dylan, ni Patti Smith ni PJ Harvey. Ja no som l’any 1997 i això no és la gira que Víctor Nik ha programat per donar a conèixer el llibre Uh de l’Enric Casasses. Tampoc som a la gira de 1999, a Mallorca, ni som l’any 2000 amb la Meritxell Cucurella-Jorba, en Josep Pedrals, en Francesc Bombí o en Gerard Altaió al carrer Ferlandina, al bar Horiginal. No, de tot aquest esclat de la poesia oral en català ja en fa vint anys, i al cotxe de la Dolors Miquel (Lleida, 1960) ara m’imagino que hi deu sonar la Rosalía, la Bad Gyal o les Tarta Relena.


Desde las terrazas del castillo de la Atalaya de Villena (Alicante, 34.700 habitantes) se pueden contemplar cuatro provincias distintas pertenecientes a tres comunidades autónomas diferentes. Alicante, Valencia, Murcia y Albacete están al alcance de la vista, sin necesidad de prismáticos. Lo que no se divisa, sin embargo, es el Mediterráneo, que frena en la orilla a unos 60 kilómetros de distancia. Situado en el noroeste de la provincia, en la salida hacia Madrid, la lejanía de la costa aparta a este municipio de los circuitos turísticos más característicos de la Costa Blanca. Sin embargo, se ha convertido en un destino muy solicitado por los cruceristas procedentes de Estados Unidos. Los motivos principales son dos: la abundancia de bodegas bien nutridas de un programa enológico y el propio castillo, una fortaleza medieval construida por los árabes en el siglo XII. Para el resto de visitantes, españoles y europeos en su mayoría, hay una razón más: el hierro extraterrestre con que se forjaron dos piezas del Tesoro de Villena, un extraordinario conjunto de orfebrería en oro, plata y ámbar de la Edad del Bronce.
Aunque no se le tenga miedo a los perros, es probable que un cane corso intimide un poco. Sus 45 kilos garantizan una fuerza y una robustez inusuales para la media del animal. Incluso un roce casual o que hinque sus patas en el cuerpo para saludar podría derribar a alguien. En esa línea de atributos físicos se encuentran otras razas como los pastores alemanes, belga malinois, del Cáucaso o dóberman. No están consideradas razas potencialmente peligrosas (PPP), pero los expertos sí los consideran como adiestrables para ser perros guardianes; de nuestra casa, de una finca o de un terreno.

Antes de su paso por la décima edición de MasterChef Celebrity, en 2025, Alejo Sauras (Esporlas, Baleares, 46 años) trabajó en cuatro cocinas. “Mi metodología, como imagino que la de la mayoría de actores y actrices, es sumergirme en el mundo que hay que recrear”, explica. “Si tengo que ser cocinero, me sumerjo en una cocina, en otra y en otra no solo por los platos, sino por el ambiente, por cómo viven los cocineros, por cómo trabajan y me mezclo para, al final, ser lo más parecido posible. Nunca seré un cocinero, pero me ayudará a reaccionar como lo haría uno de verdad”. Sauras fue el noveno expulsado de una edición que acabó conquistando Mariló Montero, si bien el rigor con el que abordó el concurso demuestra que, para el intérprete que saltó a la fama con Al salir de clase y Los Serrano, no hay trabajo pequeño: “Yo lo llamo juego, es lo más divertido de mi profesión. Durante seis meses, te dedicas a lo que te toque”.



Soy periodista especializado en análisis de productos y, en los últimos años, he probado y comparado decenas de dispositivos y accesorios para medios como El País. Mi forma de evaluar parte de algo muy concreto: entender qué ofrece realmente un producto en relación con lo que cuesta. No sólo en pruebas puntuales, sino también en un uso cotidiano, porque es ahí donde se perciben los detalles que marcan la diferencia. Más allá de las especificaciones, me interesa cómo responde en la práctica, qué tan consistente es con el paso del tiempo y qué limitaciones aparecen cuando lo integras en tu rutina. Porque, al final, un buen producto no es el más llamativo, sino el que mejor justifica su precio en el día a día. Ese es el criterio con el que construyo cada recomendación.
Se conocieron cuando eran unos críos en el parque de su pueblo, Casas-Ibáñez (4.616 habitantes, Albacete), arreglando el juguete de una amiga. “Éramos de la misma edad y tuvimos una infancia de pueblo, muy sana, de comer pipas en el banco, ir a pescar al río, coger palos o salir con el perro al campo. Somos la última generación sin móvil”, cuentan orgullosos Javier Sanz y Juan Sahuquillo (28 años, Albacete).

“La concurrencia de la feria en el día de ayer, fue de mucha más consideración que en el anterior. (…) En la larga hilera de puestos de buñuelos y licores observamos una gran concurrencia, dispuesta a festejar al dios Baco con los pulidos vasos de mistela, bebidos en medio de las picantes sales de las siempre graciosas vendedoras andaluzas”. Esta crónica del 23 de abril de 1848 —un extracto del Diario de Sevilla recogida por el periódico El Clamor Público— es solo una de las muchas que recogía la prensa de la época sobre la Feria de Sevilla, convertida desde su primer año de celebración en un lugar de encuentro y dispersión, no solo para quienes acudían a hacer negocio. La Feria se había aprobado por Real Decreto de Isabel II un año antes, a iniciativa de dos concejales de Sevilla, Narciso Bonaplata y José María Ybarra, catalán uno, vasco el otro, estableciendo tres días de abril para la compraventa de ganado.



El bum de las renovables disparó la inversión en España en instalaciones fotovoltaicas. Una parte de los promotores llegaron en el momento más alto del ciclo y con escaso músculo financiero. El negocio era sencillo. Consistía en iniciar el proyecto, lograr las autorizaciones y venderlo antes de que la plataforma produjera energía. Pero los precios cero o negativos del mercado mayorista español y la subida de tipos por la guerra de Irán han puesto contra las cuerdas a muchos inversores. El precio del megavatio fotovoltaico listo para construir (ready to build) se ha desplomado por debajo de los 30.000 euros desde los 150.000 de hace cuatro años.
Vivimos en la era de los mensajes impactantes; nos rodea tal saturación de información que hay competiciones por ver quién suelta la barbaridad más grande para llamar nuestra atención. Si nos dicen que comer una loncha de beicon es tan cancerígeno como fumar un cigarrillo, seguramente prestaremos más atención que si el mensaje es “comer carne procesada puede aumentar el riesgo de cáncer”. O quizá no, porque recibimos tantos mensajes del estilo al cabo del día que ya somos inmunes a las noticias apocalípticas.

¿Existe algo que rebozado no esté bueno? Exacto: no. O quizás sí, pero no nos importa en este momento. Con la misma lógica de la milanesa de ternera o la de pollo funciona la de pescado. Tiene un exterior dorado y crujiente y un interior jugoso y cocido en su punto, similar al pescado preparado a la romana pero más crocante y un poquito más contundente.