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Las escenas de violencia en las calles de París y otras ciudades causaron conmoción en Francia y el resto del mundo. Tampoco dejaron indiferentes a los mercados financieros. El jueves los inversores llegaron a exigir al Tesoro francés una compensación del 5% para prestarles dinero, el nivel más alto desde 2002. No es un hecho aislado: la presión sobre la deuda francesa forma parte del encarecimiento de la deuda de los países que comenzó tras la pandemia y a la que en los últimos meses se ha añadido una creciente inquietud por la sostenibilidad fiscal de varias economías desarrolladas.

Nuestro país no es más raro que los otros, pero tiene sus propias rarezas. Con la memoria aún disputada de una trágica Guerra Civil, si hay algo que debería congregar al pueblo español bajo la bandera de la unidad sería el rechazo a que nadie tuviera que volver a proferir frases como “vivir para ver esto”, ese doloroso último verso con el que Luis Cernuda cerró su poema Ser de Sansueña, compuesto desde el destierro en 1948. Ahora bien, demasiadas evidencias de la actualidad política y social muestran ya desguazado o, al menos, descosido el frágil entramado de esos acuerdos recientes que han hecho posible la convivencia entre españoles en las últimas cinco décadas. En un clima de desinhibición a veces esperpéntico, que alienta desde arriba un peligroso “paso al acto”, la pregunta central sería: ¿acaso nos lo podemos permitir? Nadie que piense en los que nacerán mañana —nadie que decline en futuro su pasado— podría responder afirmativamente. De la misma forma, convengamos también en que no podemos permitirnos el aplanamiento ideológico de nuestras dificultades reales: nunca ha sido posible construir una sociedad ni una patria a fuerza de disolver o encubrir sus múltiples diferencias, mediante la imposición de una “amalgama” que, como denunció el historiador Pere Bosch i Gimpera, jamás logrará resolver las tensiones subyacentes a la compleja diversidad cultural y territorial española. Toda dictadura es siempre “idealista”, como ya denunciara una joven Zambrano en Horizonte del liberalismo: el ideal de un solo sol, un solo dios, una sola lengua, dos únicos sexos, en los que habría que aherrojar una realidad tozudamente inadaptada.
En la típica operación de falsa bandera, un grupo de “agentes provocadores” se infiltra en la protesta pacífica y provoca actos violentos para activar la reacción policial. Se llama de falsa bandera porque el objetivo es atribuir engañosamente a otros la violencia. En realidad es una campaña de desinformación, porque está diseñada para demostrar algo que sin ellos no sería cierto: que la manifestación es violenta o que la policía abusa de su poder. También es un ataque contra los derechos civiles, porque impide a la ciudadanía ejercer su derecho a reunirse y expresarse de forma pacífica sin poner en riesgo su integridad física o su libertad.
Reconocemos los rostros por detalles diminutos: las líneas que se forman alrededor de los ojos cuando sonríen, las manchas que ha dejado el sol o una pequeña asimetría que echaríamos de menos si no estuviera. Me desconcierta que esas mismas particularidades empiecen a parecernos defectos después de mirar durante horas imágenes de personas cuya apariencia ha sido retocada. El daño silencioso de las redes sociales es modificar nuestra manera de mirar incluso cuando hemos apagado el teléfono. La piel sigue teniendo poros, los rostros envejecen como siempre y el cansancio deja sus huellas, pero comenzamos a observarlos como si tuvieran algo pendiente de reparación. ¿Cuántos rostros habremos dejado de encontrar hermosos por haber aprendido a juzgarlos según estándares imposibles?

A la una y media de la madrugada, un hombre llamado Rubén circula por la carretera en dirección a su vivienda en Arroyomolinos (Madrid). Es 22 de febrero de 2023, apenas hay tráfico, pero una patrulla de la policía le da el alto. Él para el vehículo pensando que es un control rutinario, cuando, de repente, se ve envuelto en una maraña de golpes e insultos y esos supuestos agentes lo meten a trompicones en su coche. Al mismo tiempo, en su casa, cuatro encapuchados, también vestidos como policías, sacan a su mujer y sus hijos de la cama y los meten en otro coche. Es el inicio de una noche de terror y brutalidad a manos de una banda a la que no le temblaba el pulso para conseguir todo el dinero y las joyas que pudiera. ¿Su límite? Una anotación en un papel en la mesilla de noche de uno de los criminales da una idea de sus expectativas: “Riqueza Éxito - un millón de euros”.

Las obras de la Línea 10 (Hospital Infanta Sofía-Puerta del Sur) de Metro de Madrid encaran su recta final y el tramo comprendido entre Nuevos Ministerios y Cuzco, cerrado desde el 28 de marzo, volverá a prestar servicio a finales de diciembre, ha anunciado la Consejería de Transportes, de la que depende el suburbano, aunque a preguntas de este diario no especifica un día concreto. De momento, no hará parada en la estación Bernabéu, cuyas obras están ya al 77% y terminarán en el primer trimestre de 2027 como estaba previsto, coincidiendo con el 125º aniversario de la fundación del club blanco y el 80º cumpleaños del estadio. El 25 de agosto ya reabrió el tramo entre Plaza Castilla y Cuzco, que se había cerrado el 4 de julio por el mismo proyecto.
En Sol se habla de desescalada y se piensa ya en la mejor manera de poner fin a una protesta exitosa que ha dado la vuelta al mundo. Buena parte de los acampados han comenzado a plantearse rebajar la actividad de la protesta y afrontar una posible “desacampada” en las próximas semanas, aunque todavía no hay ninguna decisión tomada porque no hay consenso interno sobre cuándo y cómo hacerlo. Fuentes de la organización de la acampada han confirmado que ese proceso de desescalada ya se está planeando, incluso que este domingo fue “el día cero”, es decir, la jornada en que se comenzó a idear y a recoger todas las necesidades que surgirán cuando comience, aunque todavía no se han producido cambios tangibles en la plaza. Aun así, internamente continúa habiendo voces que se niegan a marcharse o que piden aguantar hasta la huelga general del 11 de noviembre, lo que complica que el inicio del proceso.
A juzgar por los parámetros que ahora mismo se estilan en el consumo de la música popular, el álbum en estudio número 18 de Stevie Wonder lo tendría hoy muy difícil para conseguir un contrato discográfico en condiciones. Frente al criterio de que las canciones han de explotar y agitarse desde los primeros segundos para que el oyente no salte de pista (o de vídeo en TikTok), Songs in the Key Of Life subía el telón con una pieza lentísima de siete minutos, Love’s in Need of Love Today, que se asemeja más a una oración absorta que a una mera balada sobre el amor y la empatía. Y a diferencia de tantos discos fugacísimos que apenas superan la media hora, porque ahora nadie tiene tiempo para nada, tomaba cuerpo como un orondo elepé doble de 104 minutos que involucró a 130 músicos en el estudio durante dos años de trabajo.