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La lechuga no es la hortaliza más alabada de la huerta, a la pobre se le suele dar un papel de extra en ensaladas, bocadillos y hamburguesas, y en el peor de los casos, de “decoración” en platos combinados. Se la asocia injustamente a dietas y alimentos insípidos, pero poco se sabe que los egipcios la consideraban un alimento afrodisíaco –te invito a buscar “lechuga + Horus” en Google– o que España es un importante exportador de este alimento en la Unión Europea.





Si hay una receta que representa la cocina griega callejera, es el souvlaki. Lo encontrarás por todas partes, normalmente preparado con cerdo o con pollo, servido dentro de un pan de pita con salsa tzatziki, tomate, cebolla y patatas fritas, o simplemente en brochetas acompañado de tzatziki. Aunque el de cerdo es probablemente el más tradicional, en casa siempre hemos sido más de pollo.
Cartier y el museo Victoria & Albert de Londres se fundaron con cinco años de diferencia: 1847 y 1852, respectivamente. En 1861 llegó la National Gallery of Victoria, el museo más importante de Melbourne. Y ahora la joyería parisiense y las dos instituciones mencionadas tienen algo en común: Cartier, una muestra que debutó en Londres hace un año y ahora llega, mejorada y ampliada, a Melbourne. La escala es francamente apabullante. En la exposición del V&A había 250 joyas y ya resultaba impresionante, pero aquí hay más de 400, distribuidas por envolventes salas monocromáticas diseñadas por la creadora holandesa Sabine Marcelis y el estudio de Róterdam CLOUD.

Una tabla de cortar, un buen juego de cuchillos y unas sartenes antiadherentes son algunos de los utensilios de cocina que no pueden faltar en cualquier casa. Pero, si eres un auténtico cocinillas, también te vendrán bien otros accesorios que harán que tus tareas culinarias sean más fáciles y prácticas.










En la falda de la Sierra de la Muela, siempre protegida por el Cabo Tiñoso y la Torre de Santa Elena, se encuentra la localidad cartaginense de La Azohía. En este pueblo que hoy se conoce por sus playas y su Reserva Marina, se pesca con un arte milenario denominado almadraba. Un arte de pesca selectivo y de temporada que alimentó una potente industria pesquera y conservera entre los siglos XVI y XX gracias al recorrido anual que los túnidos, grandes y pequeños, realizan durante su ciclo natural de desove. Estas especies fundamentales en la dieta de los habitantes del mundo grecolatino generaron, junto a la sal, esencial en su conservación, una riqueza enorme en los enclaves que las acogieron, así como una cultura pesquera y gastronómica que hoy tratamos de recuperar. En un mundo en el que los recursos medioambientales están cada vez más amenazados por la voracidad del sistema alimentario, la almadraba se erige como una alternativa en la que comer no sea sinónimo de esquilmar.
Hay veces que en poco tiempo se concentran iniciativas políticas que a primera vista parecen no tener relación, pero responden a un interés compartido. En los últimos meses se han producido en la política catalana diversos movimientos, aparentemente sin ninguna conexión entre ellos, pero que apuntan en una misma dirección y, al hacerlo, ponen encima de la mesa centros de gravedad, espacios políticos de vital importancia que acostumbran a pasar desapercibidos. Espacios fantasma que, sin embargo, son cruciales para entender cómo funciona el escenario electoral de nuestro país.