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Después de la tormenta, llegó la paz. Y esta, para Alejandro Davidovich, reciente ganador del Masters 1000 de Shanghái, tiene nombre y apellidos: Pepo Clavet. “Él me aporta tranquilidad y felicidad, y me ayuda a vivir de una manera más serena. Yo vivía todo de forma muy intensa y agobiante, y él me da mucha paz interior. Creo que eso lo transmito y lo expreso después en la pista”, cuenta el malagueño a una selección de medios españoles, entre los que se encuentra EL PAÍS, después de haber vencido a Rafa Jódar (1-6, 7-6(5) y 6-4, en 2h 28m) en una final tríptica, de fases bien diferenciadas: tempestuosa al principio, al límite después y, finalmente, con un desarrollo feliz para él.
Durante el encuentro con la prensa española, Davidovich también se refirió a la sucesión de mensajes de estos días y a su interpretación. Errónea en muchos casos, remarcó: “Estoy, eh”. “Esperando”. “Apertura siciliana”. “Cambio de tercio”.
El caso es que ese tono críptico podía responder a su deseo de formar parte del equipo que competirá en las Finales de la Copa Davis, en noviembre. La voluntad de jugar existe, subraya, pero el destinatario no era el capitán David Ferrer.
Próximamente, el seleccionador anunciará la lista de cuatro elegidos para la cita de Bolonia, a la que añadirá un quinto miembro a la conclusión del Masters de París (del 2 al 8 de noviembre). Si no hay ningún giro, de entrada estarán Carlos Alcaraz, Jódar, Marcel Granollers y Pedro Martínez.
“Me hace mucha gracia, porque he visto comentarios de periodistas criticándome sin saber, pensando que era algo sobre la Davis o que yo era un inmaduro. Cuando se habla sin saber, pasa eso... Esos mensajes hacían referencia a jugadas y conceptos de ajedrez”, quiso precisar.
“No tenía ninguna intención de mencionar la Davis. Desde el primer momento dije que respetaba la decisión de David, que le transmití que estaba disponible para ser el quinto jugador y para aportar mi granito de arena en lo que hiciese falta. Tenemos un equipazo para ganar la Davis”, zanjaba Davidovich.

¿Hay un límite a lo que se puede hacer con lentejas? Estamos empeñados en buscarlo, aunque de momento no lo hemos encontrado. Hay vida más allá de las lentejas con chorizo, hace mucho que lo sabemos, pero ¿y si les damos un toque mediterráneo? ¿O indio? ¿O las dos cosas a la vez?
Si hubiera sabido lo que supone montar un desfile en París, crear una colección y —la guinda del pastel— venderla, seguramente no se habría metido en este berenjenal. Pero la ignorancia puede ser una bendición. “Mi ingenuidad ha fraguado muchas buenas ideas”, dice Colm Dillane (Nueva York, 35 años). Al frente de la enseña de moda urbana que ha dejado a Supreme en una nota a pie de página, su interés en esta industria no pasaba de las prendas que vendía en la casa-estudio de Williamsburg donde desde 2010 venía desarrollando una carrera más ocupada en el arte que en la ropa. Hasta que una conversación fortuita y una reunión sin expectativas con el que sigue siendo su relaciones públicas terminaron metiéndole en la cabeza casi sin querer la idea de desfilar en la capital del vestir.
Siete meses después de darse a conocer la noticia de la colaboración entre Zara y John Galliano, la esperada colección llegó a las tiendas el pasado 1 de octubre. Bajo el título de Re{form}, la primera de las cuatro cápsulas que veremos (concebidas como una reconstrucción de piezas del archivo de Inditex) está formada por 157 artículos entre prendas y accesorios. Más de 80 de las referencias se agotaron en las primeras horas y en ese mismo lapso de tiempo ya se podían encontrar decenas de ellas en portales de venta de ropa como Vinted. Las prendas, impecables y con etiquetas. Los precios, inflados. Uno de los diseños agotados en la web, un abrigo de lana con solapas a contraste y costuras visibles, se vende en segunda mano por 920 euros, casi el triple de sus 399 euros originales. Los guantes largos de tul, a la venta por 29,95 euros y agotados en tienda, se pueden adquirir por casi 100 euros en plataformas de reventa.

¿Cómo conseguir que el coche esté siempre a punto? Comprobando regularmente que no le falte de nada. Esto pasa por revisar el nivel de los líquidos por si toca rellenar los depósitos, algo crucial en su mantenimiento, pero también por reponer los artículos de limpieza. A estos básicos se suman otros accesorios o pequeños gadgets, que hacen que el vehículo esté equipado para el trote del día a día. Para ello, desde EL PAÍS Escaparate hemos reunido 14 productos para el coche, de esos que siempre viene bien tener, por menos de 25 euros. Son, de hecho, los top ventas de Amazon por su calidad, utilidad y, sobre todo, por su precio. ¡Empezamos!














Cuenta la modelo y empresaria Eugenia Silva (Madrid, 50 años) que hubo una temporada en la que dormía fuera de casa hasta 20 noches al mes. Pero uno de los hábitos que más le mantenía conectada a la tierra, y con la sensación de hogar, durante los 15 años que tuvo su base en Nueva York (de 1999 a 2016) era su práctica semanal de yoga. En una videollamada desde su casa de Madrid, recién llegada de una de sus revisiones tras su operación de cadera (le han incorporado un implante de titanio), recuerda cómo se encontró con esta práctica: “Cuando vivía allí hacía mucho ejercicio: barra de ballet, iba a correr, a escalar al rocódromo... pero sentía que me faltaba algo. No sé cómo me crucé con el Jivamukti Center al que iba Christy Turlington. Estuve practicando durante mucho tiempo allí. Cuando venía a España, en aquella época, siempre buscaba un estudio. A día de hoy, el yoga es mi terapia y mi medicina”.
Es un clásico de Brian de Palma, pero hubo un tiempo en que Atrapado por su pasado (1993), el thriller criminal protagonizado por Al Pacino, pudo ser un éxito de Abel Ferrara (Bronx, Nueva York, 75 años). A principios de los noventa el legendario director llevaba un año ensayando con Al Pacino cuando apareció un guionista nuevo. Semanas después, Tom Pollock, jefe de Universal, le llamó aparte durante una cena en un restaurante de Cannes para hablarle de otra nueva versión del guion, lo cual a Ferrara le pareció una tomadura de pelo. Dejó su botella de vino blanco en la mesa de Pollock antes de ir a hablar con él, y al volver la cogió y se la metió dentro de la chaqueta, por esa costumbre neoyorquina de esconder el alcohol al salir a la calle. A los pocos días, le despidieron: alguien fue contando que le había robado una botella a Pollock.
En 1890, un niño de 13 años salió de uno de los almacenes de música de la calle Ample, cerca del puerto de Barcelona, con un fajo de partituras bajo el brazo. Se trataba de las seis Suites para violonchelo solo, de Bach, que entonces pasaban por meros ejercicios técnicos y que casi nadie tocaba enteras. Pau Casals, aquel joven estudiante con hambre de repertorio, tardaría más de una década en interpretar en público estas piezas que, con el tiempo, acabaron ocupando un capítulo esencial de la literatura para este instrumento.


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Soy periodista especializada en prueba y recomendación de productos y, en los últimos años, he analizado y comparado todo tipo de dispositivos, herramientas y artículos de consumo, poniendo a prueba sus prestaciones, funcionamiento y rendimiento en condiciones reales. A lo largo de este tiempo han pasado por mis manos desde gadgets y pequeños electrodomésticos hasta dispositivos de cuidado personal y tecnología aplicada al día a día, siempre con el objetivo de entender qué ofrece realmente cada producto más allá de sus especificaciones.
Además, estoy especializada en moda y belleza, un sector en el que sigo de cerca las tendencias y en el que he probado cosméticos, herramientas y productos de cuidado personal de todo tipo. En cada análisis busco ofrecer una visión clara, práctica y honesta que ayude al lector a elegir con criterio entre las distintas opciones del mercado.







Cae la noche en Madrid. Oscura, húmeda. Parece que no acompaña. En el centenario Cock de la calle de la Reina hay dos personas apostadas en la barra y dos mesas ocupadas. Todos turistas. “Ahora lo que tenemos es bastante público extranjero”, comenta Javier Rufo (55 años, Madrid), que lleva buena parte de su vida vinculado a esta histórica y fotogénica coctelería madrileña con aspecto de viejo club inglés. El establecimiento poco ha cambiado en un siglo de vida, aunque sí lo han hecho sus clientes y las costumbres de quienes salen a tomar una copa. “Antes se empezaba más tarde, pero la gente también se iba más tarde. Se salía muchísimo más entre semana. Nada que ver con lo que es ahora”, recuerda de aquel Madrid que conoció a principios de los noventa, cuando todavía había colas en la puerta y todo el mundo se peleaba por entrar.


