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¿Os acordáis de ese cuento de Andersen? Un emperador pasea desnudo por las calles y todo el mundo aplaude su traje invisible porque nadie quiere ser el único que no lo ve. El miedo a parecer tonto es más fuerte que la evidencia delante de los ojos. El miedo a ser el primero, a las represalias… pero todo el mundo es consciente de que en realidad el emperador vive en la locura.

Soy una periodista con casi 20 años de experiencia en el sector tecnológico y, durante este tiempo, he elaborado reportajes, artículos y todo tipo de contenidos relacionados con los más variados aspectos relacionados con la tecnología. Además, durante los últimos años me he especializado en el análisis de productos y he tenido la oportunidad de analizar cientos para distintos medios, entre ellos El País: desde los smartphones más económicos hasta los modelos más avanzados del mercado, ordenadores, sistemas de sonido, televisores… También dispositivos relacionados con el cuidado personal o el hogar. Mi compromiso con el lector es sencillo: independencia, rigor y utilidad. Independencia, porque mis opiniones no están condicionadas por marcas ni intereses comerciales. Rigor, porque cada producto se prueba en condiciones reales, durante el tiempo necesario para detectar tanto sus virtudes como sus limitaciones. Y utilidad, porque el objetivo final no es impresionar con especificaciones, sino ayudar a tomar decisiones informadas.













La maternidad real dista mucho de la imagen perfecta que durante años se ha vendido: una madre capaz de llegar a todo, siempre disponible, siempre paciente y siempre feliz. Frente a ese ideal imposible, la psicóloga perinatal y divulgadora Mamen Jiménez (Lucena, Córdoba, 45 años), conocida como Lapsicomami por un blog que abrió en 2015 y en el que hablaba de salud mental, pareja y crianza, pone el foco donde rara vez se pone: en la mujer que hay detrás del rol materno. En Mi diario de autocuidado (Lunwerg, 2026), su cuarto libro, propone ejercicios, preguntas y herramientas prácticas para desmontar mitos, aliviar la culpa y recuperar espacios propios, sin caer en fórmulas vacías ni en la presión de “hacerlo todo bien”.
A falta de resultados, a Stefanos Tsitsipas siempre le quedará el amor. No es menor el consuelo. “Me encanta verla apoyándome cuando estoy pasándolo mal en la pista. Ella [su pareja actual, extenista universitaria e influencer] entiende la psicología de este deporte”, comentaba estos días en la Caja Mágica, precisamente el escenario donde hace seis años se destapó a lo grande. Aquella noche, 2019, un griego de 20 primaveras tumbó a Rafael Nadal con aires desafiantes, descaro, táctica y un delicioso revés a una mano que prometía hacer estragos. Y así fue, los hizo. Pero allá quedaron. Ese talento que aparentemente había llegado para derrocar a los tres gigantes es hoy un tenista extrañamente indefinido y estancado. Con rumbo hacia donde nadie sabe.
El pupilo actual de Ivanisevic, Arthur Fils, mantiene el buen rumbo adquirido recientemente en Barcelona y venció al estadounidense Emilio Nava por 7-6(2) y 6-3. El campeón del Godó enlaza siete triunfos y se enfrentará a Tomás Martín Etcheverry en los octavos.
Por otra parte, el dúo formado por Marcel Granollers y Horacio Zeballos se despidió a las primeras de cambio del torneo. El español y el argentino, ganadores hace un año, cedieron ante los monegascos Valentin Vacherot y Romain Varneodo por 2-6, 6-1 y 10-6 (tras 1h 12m).
Granollers y Zeballos no cedieron un solo set en la pasada edición, pero esta vez no terminan de cogerle el pulso a la tierra batida. Antes cayeron en la segunda ronda de Montecarlo y en el estreno de Barcelona. La derrota les costará la pérdida del número uno y el dos que defendían en dobles.
Además del Mérida-Tsitsipas, este lunes contará con la intervención del malagueño Alejandro Davidovich, citado a primera hora del día (11.00, Tdp y Movistar+) con el defensor del título, el noruego Casper Ruud. Habrá otros alicientes como Sabalenka, Gauff, Zverev o Medvedev.

“Toma las llaves, pero, por favor, ábrelo cuanto antes”. Eso le dijo Ana Mari a Carlos Urrutikoetxea cuando, a mediados de 2024, el bar Alaia, de Ergoien (Gamiz), cerraba sus puertas y encontraba la continuidad deseada. Allí, entre la iglesia, el frontón, el parque infantil, el cementerio, la farmacia, el otro bar y la casa de Ana Mari pared con pared, Urrutikoetxea (San Sebastián, 1987) abría, un mes después, Urruti Taberna. En dos semanas ya brotaba la semilla de su propuesta vasca, alejada de esa alta cocina estandarizada —menú largo, pautado y estático, complejidad intencionada, sorpresas— de la que admite haber sido partícipe y “autómata”, pero muchos escalones por encima de esa cocina popular y casera de buena taberna. Urruti habita un espacio en el que interceden una cocina ágil aparentemente sencilla basada en los recursos de su entorno priorizando la huerta y el mar, la improvisación del día a día, la tranquilidad de una atmósfera familiar y la confianza de quien defiende su mirada a rajatabla.



Dirección: Campus ACCIONA. Gran Vía de Hortaleza, 46S, 28033 Madrid.
Reservas: A través de web
Horario: Lunes a viernes de 13.30 a 16.00 y jueves y viernes noche
Precio: Menú del día por 35 euros y opción de carta
En la tradición china, el ciclo anual del sol se divide en 24 periodos conocidos como jiqi (segmentos del cambio estacional). Es un sistema que nace de la observación de la naturaleza y que es transmitido de generación a generación. En 2016, la Unesco reconoció los jieqi como Patrimonio Cultural Inmaterial. Existen ocho grandes cocinas dentro de China y un sinfín de maneras de comer tanto a pie de calle como sentados a la mesa. Todo, incluso, los saludos tienen vinculación con algún ingrediente como el arroz o con el acto mismo de comer. La comida expresa tradición, pero también compromiso, familia, cultura, economía. Todo lo que sucede en China tiene, de alguna manera, vinculación con la gastronomía. Quizá por ello, sus cocinas están entre las mejores del mundo.
Si lo más cerca que has estado de un haba seca –también conocidas como “de Aragón”– ha sido al morder una en el roscón de Reyes, te estás perdiendo muchas cosas. Entre ellas, estos michirones murcianos, un plato tradicional de esos capaces de convertir medio kilo de legumbres y algo de embutido en una comida contundente para ocho personas. Un guiso de los que huelen antes de entrar por la puerta, y aún podemos disfrutar hasta que el verano nos aplaste y diga lo contrario.
A eso de la una y cuarto de la madrugada, la voz anuncia: “¡Ya viene! ¡Flash!”. Y los periodistas se dirigen a la carrera hacia la parte trasera de uno de los fondos de la central de la Caja Mágica, donde todos ellos se arremolinan alrededor del chico que sube y sube y sube como la espuma. Efectivamente, Rafael Jódar, ya sin gorra y aún sudoroso, acaba de lograr otro triunfo —29 en los 37 partidos disputados en este año de la eclosión— y confirma de este modo su presencia en los octavos de final del Masters 1000 de Madrid. “Día a día”, repite en las cinco o seis respuestas que da antes de retirarse a sus aposentos porque, como recalca, “ha sido un rival durísimo” y ahora “hay que recuperar bien” para lo que viene. El martes, contra Vit Kopriva, el 66º del mundo.
El encuentro entre Jódar y Fonseca comenzó a las 22.50; es decir, tan solo diez minutos antes del límite reglamentario establecido desde 2024 por la ATP. El pulso previo entre Elena Rybakina y Qinwen Zheng (a tres sets también) retrasó el inicio, y el cierre llegó un par de minutos antes de las 1.00.
“Ha sido uno de los mejores partidos que he jugado en mi vida”, afirmó a pie de pista el vencedor, que volvió a hacer gala de su crecimiento y contuvo la potencia del carioca, un adversario caracterizado por su pegada; aquella que tenía en su momento Juan Martín del Potro.
Jódar se une al argentino (retirado desde 2022) como los únicos invitados por la organización del torneo madrileño (fundado en 2002) que han sido capaces de alcanzar los octavos. El gigantón de Tandil lo consiguió en 2007, aunque caería finalmente ante su compatriota David Nalbandian.
El tenista español prorroga de este modo su formidable dinámica en esta gira de tierra en la que logró su primer trofeo en la élite, en Marrakech, y en la que progresó posteriormente hasta las semifinales del Godó, batido allí por Arthur Fils.
Su paso por el barrio de San Fermín, el primero de su carrera, también está dejando un inmejorable sabor de boca hasta ahora, con otras tres victorias de mérito frente al holandés Jesper de Jong (107º), el australiano Alex de Miñaur (octavo del mundo) y esta última contra Fonseca (29º).