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“Toma las llaves, pero, por favor, ábrelo cuanto antes”. Eso le dijo Ana Mari a Carlos Urrutikoetxea cuando, a mediados de 2024, el bar Alaia, de Ergoien (Gamiz), cerraba sus puertas y encontraba la continuidad deseada. Allí, entre la iglesia, el frontón, el parque infantil, el cementerio, la farmacia, el otro bar y la casa de Ana Mari pared con pared, Urrutikoetxea (San Sebastián, 1987) abría, un mes después, Urruti Taberna. En dos semanas ya brotaba la semilla de su propuesta vasca, alejada de esa alta cocina estandarizada —menú largo, pautado y estático, complejidad intencionada, sorpresas— de la que admite haber sido partícipe y “autómata”, pero muchos escalones por encima de esa cocina popular y casera de buena taberna. Urruti habita un espacio en el que interceden una cocina ágil aparentemente sencilla basada en los recursos de su entorno priorizando la huerta y el mar, la improvisación del día a día, la tranquilidad de una atmósfera familiar y la confianza de quien defiende su mirada a rajatabla.



Dirección: Campus ACCIONA. Gran Vía de Hortaleza, 46S, 28033 Madrid.
Reservas: A través de web
Horario: Lunes a viernes de 13.30 a 16.00 y jueves y viernes noche
Precio: Menú del día por 35 euros y opción de carta
En la tradición china, el ciclo anual del sol se divide en 24 periodos conocidos como jiqi (segmentos del cambio estacional). Es un sistema que nace de la observación de la naturaleza y que es transmitido de generación a generación. En 2016, la Unesco reconoció los jieqi como Patrimonio Cultural Inmaterial. Existen ocho grandes cocinas dentro de China y un sinfín de maneras de comer tanto a pie de calle como sentados a la mesa. Todo, incluso, los saludos tienen vinculación con algún ingrediente como el arroz o con el acto mismo de comer. La comida expresa tradición, pero también compromiso, familia, cultura, economía. Todo lo que sucede en China tiene, de alguna manera, vinculación con la gastronomía. Quizá por ello, sus cocinas están entre las mejores del mundo.
No tan rápido. Puede que el mundo esté ya inmerso en un repunte inflacionista engendrado en el estratégico estrecho de Ormuz. Puede que los datos de abril sean aún peores que los de marzo. Y que la historia reciente de lo ocurrido con los precios en la guerra de Ucrania sea un relato de terror para los bancos centrales por el fracaso que supuso no actuar a tiempo. Pero cada trance tiene sus particularidades, y los precedentes, aunque suenen parecido al enunciarlos —crisis energética nacida de un conflicto bélico—, no siempre demandan las mismas soluciones. Salvo sorpresa, ni el Banco Central Europeo ni la Reserva Federal estadounidense moverán ficha esta semana en los tipos de interés: eligen la prudencia frente a la precipitación, a la espera de contar con más datos sobre la intensidad y la duración del shock.
Si lo más cerca que has estado de un haba seca –también conocidas como “de Aragón”– ha sido al morder una en el roscón de Reyes, te estás perdiendo muchas cosas. Entre ellas, estos michirones murcianos, un plato tradicional de esos capaces de convertir medio kilo de legumbres y algo de embutido en una comida contundente para ocho personas. Un guiso de los que huelen antes de entrar por la puerta, y aún podemos disfrutar hasta que el verano nos aplaste y diga lo contrario.
A eso de la una y cuarto de la madrugada, la voz anuncia: “¡Ya viene! ¡Flash!”. Y los periodistas se dirigen a la carrera hacia la parte trasera de uno de los fondos de la central de la Caja Mágica, donde todos ellos se arremolinan alrededor del chico que sube y sube y sube como la espuma. Efectivamente, Rafael Jódar, ya sin gorra y aún sudoroso, acaba de lograr otro triunfo —29 en los 37 partidos disputados en este año de la eclosión— y confirma de este modo su presencia en los octavos de final del Masters 1000 de Madrid. “Día a día”, repite en las cinco o seis respuestas que da antes de retirarse a sus aposentos porque, como recalca, “ha sido un rival durísimo” y ahora “hay que recuperar bien” para lo que viene. El martes, contra Vit Kopriva, el 66º del mundo.
El encuentro entre Jódar y Fonseca comenzó a las 22.50; es decir, tan solo diez minutos antes del límite reglamentario establecido desde 2024 por la ATP. El pulso previo entre Elena Rybakina y Qinwen Zheng (a tres sets también) retrasó el inicio, y el cierre llegó un par de minutos antes de las 1.00.
“Ha sido uno de los mejores partidos que he jugado en mi vida”, afirmó a pie de pista el vencedor, que volvió a hacer gala de su crecimiento y contuvo la potencia del carioca, un adversario caracterizado por su pegada; aquella que tenía en su momento Juan Martín del Potro.
Jódar se une al argentino (retirado desde 2022) como los únicos invitados por la organización del torneo madrileño (fundado en 2002) que han sido capaces de alcanzar los octavos. El gigantón de Tandil lo consiguió en 2007, aunque caería finalmente ante su compatriota David Nalbandian.
El tenista español prorroga de este modo su formidable dinámica en esta gira de tierra en la que logró su primer trofeo en la élite, en Marrakech, y en la que progresó posteriormente hasta las semifinales del Godó, batido allí por Arthur Fils.
Su paso por el barrio de San Fermín, el primero de su carrera, también está dejando un inmejorable sabor de boca hasta ahora, con otras tres victorias de mérito frente al holandés Jesper de Jong (107º), el australiano Alex de Miñaur (octavo del mundo) y esta última contra Fonseca (29º).