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Kochi, conocida hasta años recientes por el legendario nombre de Cochín y más que probable emplazamiento de Muziris —el floreciente puerto de la costa malabar en los primeros siglos de nuestra era—, es hoy la ciudad más fascinante del Estado indio de Kerala y una de las más atractivas para el viajero.
Enfrentarse a la conspiritualidad requiere admitir que esta construye un relato mucho más seductor que el que la mayoría de los expertos en salud pública logra articular. En una época dominada por las plataformas de streaming, los memes virales y los tuits incendiarios, la conspiritualidad funciona como una religión digital que entreteje misterios en el contexto de una narrativa cautivadora. Invita a sus seguidores a un viaje de búsqueda de sentido, marcado por rituales de despertar y un flujo constante de revelaciones. Ese recorrido comienza en un pasado idealizado, donde la existencia humana se vivía en armonía con la tierra y los ritmos naturales y donde la enfermedad se interpretaba como una prueba espiritual de purificación, ajena a la intervención de médicos, tecnócratas o banqueros.

Es habitual que los padres tengan la sensación de que sus hijos se portan peor con ellos que en el colegio o cuando están con otros familiares, o incluso con padres de amigos. Algo que parece confirmarse cuando se les recoge de un cumpleaños o de pasar un fin de semana fuera y los adultos responsables informan de lo bien que se han portado, han comido o su buena disposición para recoger la mesa o la cocina; algo que en casa equivale a un buen rato de lucha. Una situación que se contempla y corrobora hasta en el refranero popular (a menudo pasado de moda) con este dicho: “A la madre, lo peor; al extraño, lo mejor”.


Las camisetas básicas, en mayor o menor medida, no pueden faltar en ningún armario. Si habitualmente vistes con camisas o polos y tu estilo no se caracteriza por usar camisetas, un buen pack de camisetas básicas nunca está de más, aunque las uses solamente para poner debajo de un jersey fino, para estar por casa, salir a hacer un recado rápido con unos vaqueros o para hacer deporte o alguna chapuza en casa. Aunque no sea la prenda que más te guste porque no te sientas cómodo o porque crees que no te sientan del todo bien, seguro que, si das con unas camisetas que te favorezcan y te hagan sentir a gusto, terminarás cogiéndoles el punto y se terminarán convirtiendo en parte indispensable de tu armario.




Casi tres años han tardado Isabel Sanchís (Benaguacil, Valencia, 70 años) y su hija Paula Maiques (Valencia, 35 años) en encontrar el espacio idóneo para inaugurar su primera tienda en Madrid. Isabel Sanchís, la firma valenciana fundada por la diseñadora hace casi cuatro décadas, acaba de aterrizar en la exclusiva calle Serrano (en el número 98) con un local de 300 metros cuadrados distribuidos en tres plantas, con un pequeño taller incluido. La marca, recientemente reconocida con el Premio al Mérito Cultural de la Ciudad de Valencia, ha redoblado su visibilidad en los últimos años, haciéndose fuerte en el sector de trajes de invitada y novia, pero también siendo una de las firmas recurrentes entre las celebridades en la alfombra roja patria. En plena temporada de premios, hablamos con ellas sobre esa faceta intrínseca en cualquier casa de costura contemporánea: la de vestir a actrices y cantantes que pasean sus diseños frente a los flashes y, en la era de las redes sociales y la viralidad, permiten a una firma presentarse ante un público potencial de millones de personas.

“El respeto a las personas es básico. También tenemos que entender quién había en las cocinas antiguamente. La sala de los restaurantes era espectacular, y la cocina era un reducto donde se metía a gente que no quería ser vista. No era un buen signo ser cocinero. Después se ha puesto de moda y las cocinas ya no son lo que eran cuando yo comencé. A mí, un jefe de cocina me tiró una sartén a la cabeza. Y era un jefe de cocina que, durante el servicio, se bebía un litro de vino”. La reflexión la hace el cocinero Albert Raurich, propietario de los restaurantes Dos Palillos y Dos Pebrots, en Barcelona. Asegura que el hecho de que en hostelería se tenga fácil acceso al alcohol acelera determinados comportamientos. Aun así, cree que todo eso ha cambiado, porque “ahora la cocina y los cocineros están de moda y hemos mejorado mucho”.

Si freír patatas ya es cosa seria, fermentarlas antes puede parecer rizar el rizo, pero en este caso el fin justifica los medios. La fermentación láctica les aporta un punto ácido ligero con la sal ya incluida –recuerdan mucho a las chips con sal y vinagre, pero menos intensas y sin hacerte heridas en las comisuras de la boca–, con una textura crujiente por fuera y cremosa por dentro muy particular.
Javier A. Fernández
Juan Antonio Carbajo y Francis Pachá
Rodolfo Mata
Juan Sánchez
Adolfo Domenech
| Guion: Marta Villena. Productor ejecutivo: Quique Oñate. Presentadora: Elia Fernández Granados. Ayudante de producción: Valentina Marín. Realizador: Alberto Gamero. Director de fotografía: José Lastra. Operadores de Cámara: Diego Martínez y Alberto Gamero. Sonido directo: Cristian Aira. Técnico de vídeo: Mario Arpón. Director de arte: Raúl López Serrano. Maquillaje y peluquería: Sara Saiz. Edición: Alberto Gamero y Diego Martínez. Grafismo: Carmen Castellón, Alan Malchiodi-Albedi y Rodrigo Merino