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Antonio Méndez, viajero del coche 5 del Iryo: “De pronto, sentimos como si atropelláramos algo, una sensación de subir y bajar, como si pasáramos un bache o un badén, e inmediatamente después empezó a temblar el coche de izquierda a derecha. Nos agarramos a los asientos porque parecía que íbamos a volcar”. Varios viajeros de este tren coinciden: antes de empezar a bailotear como consecuencia del descarrilamiento, todos sintieron una suerte de bache.
Kiko Llaneras, Daniele Grasso y Brenda Valverde Rubio
Ruth Benito
Fernando Anido
Carmen Castellón y Jacob Vicente
Yolanda Clemente
Julio Núñez y Javier Galán

A Carolina Jiménez, directora de Educación del British Council en España ―organismo encargado de velar por la calidad de los convenios oficiales con universidades británicas―, le vienen a la cabeza varias personas que se pusieron en contacto con ella porque su título del Reino Unido cursado en España no les contaba en unas oposiciones nacionales por no estar en el listado oficial: el Registro de Universidades, Centros y Títulos (RUCT), del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Si se hubiesen titulado en la misma universidad, pero en Reino Unido, les hubiese bastado con conseguir la equivalencia o la homologación.



Hace ya unos años que el gimnasio al que acude a diario, uno de esos espacios gigantescos en plena ciudad con infinidad de máquinas, clases colectivas, spa y piscina, le reservó una taquilla con la leyenda “El número 1” para uso exclusivo de su cliente más veterano. Por eso, en agradecimiento, propone al fotógrafo que le retrate allí, en ropa de deporte, antes de tirarse literalmente a la piscina a iniciar su rutina deportiva diaria. Para charlar, sin embargo, prefiere otro sitio. “¿Le gustan los churros? Le invito a merendar en casa”, propone. Así que aquí estamos, frente a frente, tomando café con leche con churros en una vajilla de La Cartuja, a resguardo de la lluvia de una tarde de perros, en el acomodado piso donde José Luis vive con su cuidadora, Belsy, una señora hondureña casada y con hijos que empezó cuidando de su esposa enferma y, al faltar ella, continuó cuidándole a él. Al endulzar su café con sacarina, el anfitrión confiesa: “Me sacaron diabetes hace cinco años”, como pillado en falta. Es el único marcador alterado de sus análisis.

La estenosis de canal, a causa del desgaste de los discos de la columna vertebral debido a la edad, es, según cuenta él mismo, el achaque de salud más fastidioso que padece José Luis Ortega (Madrid, 102 años el próximo 24 de marzo de 2026), más allá de una diabetes manejable con insulina y unas cataratas ya operadas que le han dejado vista de lince. Ortega, testigo de a pie de todo un siglo de la historia de España, estudió Fisioterapia en París y en Londres cuando todavía no existía la especialidad en España y trabajó durante más de 50 años antes de retirarse siendo octogenario. La alimentación sana y el ejercicio físico, además de los genes, es el único secreto que encuentra para explicar su longevidad. Por si acaso, sigue dedicando tres horas al día al deporte.

Roberto Leal (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 46 años) comienza un año más en Antena 3 con la agenda repleta. Además de continuar en lo más alto con Pasapalabra y regresar a la noche de los viernes con El desafío, el proyecto con el que se ha llevado una sorpresa especial ha sido Nos vamos de madre. Se trata de una propuesta de su productora en la que él mismo viaja por el mundo con su propia progenitora, Mercedes Guillén. Se la lleva a Oporto, Estambul, Edimburgo y Marrakech para que se enfrente a situaciones inesperadas y así “combata sus miedos y cumpla sus sueños”, dice el presentador.
Ha de ser cierto eso de que las brasas del procés ya no queman y la Cataluña de 2026 vive en paz política, porque los que siempre encuentran agravios han tenido que buscarlos en las tripas más profundas de Filmin, hasta un documental ignoto titulado Ícaro. Lo han sacado del fondo y lo han aventado al aire de la indignación. Las huestes indepes de las Navidades pasadas pintarrajearon después la sede de la plataforma catalana y se dieron de baja en pequeñas masas, en protesta por el delito de alta traición que Jaume Ripoll cometió al contratar esa producción.
Yohei Sasakawa suele comparar los avances para erradicar la lepra a una bicicleta: la rueda delantera son los esfuerzos para curar la enfermedad y la trasera, las medidas para acabar con el estigma que la impregna. Para terminar con esta dolencia en el mundo, las dos deben girar en la misma dirección, recalca este embajador de buena voluntad de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la eliminación de la lepra.
Europa por fin tiene un líder, lástima que sea canadiense, pero nadie es perfecto. Me refiero a Mark Carney, primer ministro de Canadá, que en Davos hizo un discurso contra Trump que ha causado sensación. No es que fuera Martin Luther King, pero allí dices que los ricos deben pagar más impuestos y pareces el Che Guevara. Bueno, en todas partes ya es tan fácil pasar por comunista que hasta gente de derechas debe andar con cuidado. Para que se entienda en términos españoles, Carney no es un detestable sanchista: estudió en Harvard y Oxford, trabajó en Goldman Sachs, presidió el banco central canadiense y el inglés. En fin, un Draghi norteamericano, una derecha liberal, práctica, decente y sensata (pero, por acabar el razonamiento, recuerdo que es el líder del centro-izquierda canadiense). Sin embargo, estos señores, antes respetables, ahora son marcianos. De hecho, al escucharle uno se pregunta cómo es que nadie lo había dicho antes, son cosas de sentido común. No es por quitarle mérito a Davos, con lo que cuesta ir allí, pero algunas de estas cosas yo ya las había oído en el bar. La frase clave del discurso no era una cita de Tocqueville: “Si no estás en la mesa, estás en el menú”. Es un mensaje que habla a muchos niveles de cómo actuar ante Trump y su tropa de bárbaros.