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Jacob Coxon, el ingeniero que lleva años investigando preentrenamiento, tanto en Anthropic y OpenAI, ha dimitido esta semana para poder denunciar públicamente que las dos rivales compiten en una carrera irresponsable hacia la autonomía recursiva que pone nuestras vidas en riesgo. Dos acontecimientos recientes han propiciado su dimisión. El primero ocurrió hace dos meses, cuando un enjambre de agentes de OpenAI hackearon infraestructuras de terceros, “una campaña de hackeo concentrada que llevaron a cabo por voluntad propia” y sin que la empresa responsable se diera cuenta, antes de que fuera denunciado al FBI. El segundo ha sido el anuncio de que el modelo de OpenAI ha resuelto el problema de Navier-Stokes. Coxon cree que, de la misma forma, podrían estar usando estas soluciones matemáticas para mejorar su condición.

La vida es un empleo temporal, un periodo de cotización más o menos largo y penoso en el que nos reconforta pensar en la felicidad mientras producimos alguna milonga. Tornillos, horas de estrés, artículos, libros, pechugas de pollo, películas. Da igual el brillo que le ponga el ego. Es tiempo robado a la vida, porque cuando te echan del curro o uno deja de farmear ese aura laboral, por lo que sea, especialmente en ese momento en que está clarísimo que se ha tocado techo y nada mejor ocurrirá, la sensación de derrota en el cementerio de LinkedIn o Infojobs será la misma para todos.
Hace más de diez años Curtis Yarvin escribía bajo seudónimo en un blog que casi nadie leía. El día de la investidura de Trump, sus ideas se sentaban en primera fila, con traje y sin seudónimo, bajo los nombres de los hombres más ricos del mundo. Algo que durante años vivió en los márgenes de internet ha llegado al centro del poder, y con un plan. Ese viaje del foro anónimo a la Casa Blanca es el que reconstruye Arnaud Miranda en La Ilustración oscura, un intento riguroso y necesario de tomarse la neorreacción como lo que es: no una anécdota digital, sino un cuerpo de ideas con genealogía.


La protagonista de Broma era joven cuando su padre murió. De aquel día Julia recuerda el olor y el ruido que hacían los pulmones como otros recordamos una vibración ligera del labio inferior. Pesa mucho, el instante en que por fin se acaba el cuerpo de un padre enfermo, aunque Lucía Marín (Granada, 1985) sabrá mostrarlo rápido y casi aleatorio cuando por fin nos lleve de la mano a aquella habitación de hospital: “Y entonces mi padre aprovechó para morirse”. Es perfecto, porque en realidad solo es otro instante rápido y aleatorio más. Suficiente para partir en dos los recuerdos de una vida. Por eso, la novela alterna capítulos en primera persona que evocan la relación entre padre e hija (antes de la muerte, am) con otros que narran en tercera la historia de la familia que ella intenta construir junto a su pareja (después, dm).

Cuando Letizia Ortiz decidió dejar de cubrir sus canas, mientras que algunos medios alababan su decisión, la prensa británica prefirió volver a convertir el cabello de las mujeres en motivo de debate al criticar a la reina. La melena de la mayoría de las primeras damas de la historia moderna de Estados Unidos también ha terminado por ser motivo de análisis. Nancy Reagan se arreglaba el pelo al menos una vez a la semana, Jacqueline Kennedy se cepillaba el pelo 75 veces cada noche y Michelle Obama, consciente de que su pelo iba a ser motivo de politización, decidió llevar la melena lisa durante el mandato de su marido. Porque es indiscutible que el pelo no es un tema banal, sino un asunto político.

Pregunta. En el edificio donde vivo la comunidad de propietarios ha decidido la instalación de un ascensor, pero me encuentro en la situación de no tener recursos para hacer frente a la derrama. ¿Pueden embargar mi vivienda? ¿Puedo solicitar que no me den acceso al ascensor a cambio de no pagar? C. Manuel F.
Llevaba un año y medio acudiendo al mismo gimnasio. Entre el ruido de las pesas y los selfis, apenas había cruzado alguna conversación breve y trivial con dos compañeras. Le caían bien, pero dar el salto y pedirles el número de teléfono para quedar fuera de allí le llevó 18 meses de dudas. “Lo medité, lo pensé mucho. Sentía mucho miedo al rechazo”, explica Andrea. “Creo que la diferencia con la infancia es que compartíamos espacios donde el juego nos unía, pero de adultos nos terminan alejando las obligaciones, el ego y los prejuicios”, sostiene. La historia de esta argentina de 32 años no es precisamente una excepción, sino el reflejo de un fenómeno que afecta a muchas personas al alcanzar la madurez.

Hay vida más allá de la margarita. Cuando la más clásica de las pizzas pide un descanso, se presentan otras versiones sin rastro de tomate. Es el caso de la figazza: menos gruesa que la focaccia y más esponjosa que la pizza italiana, una nube de masa sepultada bajo una capa de cebolla dulce y brillante.

Nacho Ventosa y Sara Aznar querían tener el mejor sándwich mixto de Madrid y se pusieron manos a la obra en Los 33. Abrieron en 2022, al poco tiempo, ya era misión imposible conseguir mesa (no solo por el ya mítico bikini, sino por su carta y ambiente). Y cuatro años después, continúan siendo unas de las más codiciadas de la capital.

Ayer, a media mañana, estaba en casa trabajando en el despacho, delante del ordenador. Fui a la cocina a servirme una taza de café. Acabé limpiando toda la casa y preparando la comida de ayer y de hoy, porque el grifo controla mi vida.