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El nuevo trazado de Madrid que caracolea por Ifema se ha definido de varias formas, aunque la connotación de los adjetivos empleados va en una misma dirección. Hay quien lo cataloga de salvaje. Otros, como James Vowles, afirman que se trata de un circuito “destrozacoches”, con los datos en la mano: el test de Fórmula 3 que se celebró hace un par de semanas provocó un total de 19 banderas rojas y tres chasis reventados.

EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es. Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es.


Hace exactamente veinte años, un joven Marc Orriols sorprendió en el III Congreso Iberoamericano de Egiptología celebrado en La Laguna (Tenerife) con una comunicación sobre los hábitos sexuales de los antiguos egipcios y concretamente sobre la práctica de la cópula a tergo (por detrás o del perrito) a partir de la iconografía en grafitis y óstracos (trozos de cerámica o piedra dibujados). Ahora, en el VIII congreso, en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Orriols (Barcelona, 51 años), ya doctor en Egiptología, ha vuelto a impresionar con una intensa conferencia sobre el famoso papiro erótico de Turín, ramésida, de hace 3.150 años, que muestra pormenorizadamente varios actos sexuales y en el que interpreta que hay “un cachondeo sobre la masculinidad hegemónica” y puede que sea la primera representación en la historia de un squirting (expulsión femenina de líquido durante el sexo).

Llego en Netflix a una película desconocida y estrenada en esa plataforma titulada La captura. Y milagrosamente no es de asesinos en serie en un pueblo del Medio Oeste de cualquier parte. Y si a esa localización le añaden que la historia esté basada en hechos reales, la ecuación no falla. Todo es rutinario, abusivo, previsible y mediocre, pero la fórmula sigue funcionando ante la perruna e infinita audiencia. Y leo en el resumen que la protagonizan dos policías que detuvieron casualmente en México al zar supremo de la droga y de todo tipo de movidas siniestras y orgías de sangre, a alguien todopoderoso conocido como Chapo Guzmán, individuo con más poder que el Estado.
Dirección: Chava Cartas.
Intérpretes: Alfonso Herrera, Noé Hernández, Héctor Kotsifakis, Juan Pablo Cruz García.
Género: thriller. México, 2026.
Duración: 91 minutos.
Plataforma: Netflix.

Retirar provisionalmente el derecho de voto a una generalidad de personas siempre es delicado en una democracia. De hecho, no cuenta con precedentes la decisión de la sala tercera del Tribunal Supremo, como admite el mismo auto, de suspender cautelarmente la inscripción en el censo electoral de los nacionalizados por la llamada ley de nietos.
En los años más intensos de la crianza de mis hijos a menudo me preguntaba: ¿qué espera el mundo que haga con ellos? ¿Que los meta en una taquilla y los vaya a buscar cuando ya estén crecidos? Porque el sistema económico en el que vivimos y las dinámicas sociales imperantes parece que cuentan con eso: con que las madres vivamos ese servicio fundamental a la especie que es la reproducción como si fuera un catarro, una fiebre pasajera que al “curarse” nos dejará libres para regresar a la cadena de producción. No hay tiempo que perder, no hay energía que desperdiciar, lo primero es el trabajo. Que estés creando un nuevo ser humano: eso no es nada, es cosa de mujeres. Que en ello pongas el cuerpo entero, que se movilicen resortes biológicos que parecen superpoderes, que en ello te juegues literalmente la vida, todo se paga con el módico precio de unas cuantas semanas de baja por maternidad. Que ahora son iguales a las que tiene el padre de la criatura a pesar de que las seis primeras semanas de la madre son de baja médica (ya saben, lo de que se te abra la pelvis para que salga una cabeza humana, lo de estar sangrando cuarenta días después del parto, lo de empezar a fabricar alimento las 24 horas del día) y, por lo tanto, con la equiparación de permisos lo que se consiguió fue que nosotras tengamos menos derechos que el progenitor inseminador. Es solo un ejemplo de cómo buscar la igualdad absoluta entre hombres y mujeres se acaba convirtiendo en discriminación machista, dado que, evidentemente, no somos iguales biológicamente hablando. Y no tener en cuenta la diferencia sexual acaba siendo tan perjudicial como legitimar la estructura patriarcal de dominación sexista sobre la base de esa diferencia de fábrica. El trabajo de Carme Valls sobre las implicaciones que esto tiene en los problemas de salud demuestra que no basta con que nos vean como iguales, cuando másculo sigue siendo sinónimo de universal.
Este verano sin serpientes pero con incendios, eclipses, invasiones y áticos todavía nos va a deparar otro asunto asombroso. El Gran Premio de España de Fórmula 1 se celebra en Madrid ya mismo en un circuito semiurbano construido en un entorno residencial y terciario, una zona para ferias y congresos pero también llena de oficinas y casas.

Hace 25 años el mundo torció el rumbo. El siglo empezaba con la llegada en 2000 de dos nuevos presidentes en EE UU y Rusia, las dos potencias militares de entonces. Pero el 11 de septiembre de 2001 quebró, en particular, la trayectoria de estas dos potencias —y también de una emergente China— cuyos caminos divergentes explican buena parte del orden geopolítico fracturado en que vivimos hoy. Todos recordamos dónde estábamos aquel día; en nuestro caso, uno en Crimea y el otro en Jartum, atónitos pero ajenos a que acabábamos de presenciar el principio de una nueva era.
En Un juicio de piedra, la exitosa novela de Ruth Rendell, una criada mata a toda la familia para la que trabaja cuando descubren que no sabe leer ni escribir. Hubo un tiempo en el que el analfabetismo absoluto se vivía como una vergüenza insoportable. Quizá por eso durante el siglo veinte tuvieron tanto éxito los programas de alfabetización. Participé en varios durante algunos años y no he olvidado las caras de placer de los estudiantes al verse capaces de juntar una letra con otra. Recitaban el abecedario como si fuera un cuento (quizá lo sea) y acababan enfrentándose a la página escrita, cuando ya eran capaces de descifrarla, como el que abre una puerta a otra dimensión de la realidad (y eso es lo que es). Tras escapar del analfabetismo absoluto, la gente, empeñada en entender lo que leía, se enfrentaba al funcional, de ahí el extraordinario éxito de las enciclopedias, exhibidas con orgullo en los salones de las casas.