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Las fotografías de la burbuja inmobiliaria, con grúas que dibujaban paisajes adornados de ladrillo y cemento, siguen siendo la referencia de un tiempo de frenesí en el que el mercado se movió más rápido que nunca. Pero el actual auge inmobiliario está cerca de dejar aquella imagen obsoleta. En algunos lugares, casi 20 años después, se están comprando más casas que entonces, fruto esta vez de una demanda voraz que se traga toda la oferta disponible. Según los datos publicados por el Ministerio de Vivienda este miércoles, ocho provincias registraron más transacciones a lo largo de 2025 que las que se dieron en 2006, el año que marcó el pico en la primera década del siglo. Y lo mismo pasó en 12 capitales.

La moda no suele ser un tema de conversación en Washington, ciudad tan obsesionada con la política y el poder como poco interesada en la ropa como vehículo de expresión personal. Esta semana, la excepción llegó en la forma de unos zapatos con los que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está fascinado.

El Ñoro, de 30 años, y su novia K., de 25, caminaban por una calle de Madrid un día de agosto de 2024, cuando se encontraron con un grupo de viejos conocidos y estalló un enfrentamiento. Entre ellos estaba un antiguo ligue de ella, que a la vez era enemigo de él. A este hombre lo llamaban Pollo. La hostilidad entre los hombres no solo estaba motivada por los celos sentimentales, sino también porque ambos pertenecían a dos bandas violentas que se han jurado odio eterno. El Ñoro formaba parte de los Ñetas, Pollo era de los Latin Kings. Entre los dos varones estalló un enfrentamiento que acabó con sangre. Ella no empuñó ningún arma, pero se ha convertido en la primera mujer en ser condenada por participar en una agresión de bandas.
Lourdes Hernández (Madrid, 39 años) sigue siendo un rostro inolvidable entre la multitud. En la cafetería en la que nos hemos citado nos espera —ojos de heroína manga, una cola de caballo alta llena de lazos juguetones, una cinta translúcida a modo de choker en el cuello— sentada junto a su marido, el californiano Zach Leigh. En solo dos semanas, la cantante que un día fue solo Russian Red presentará en el Café Berlín de Madrid y El Molino de Barcelona un cabaret titulado Rojo relativo, en el que deja salir las muchas identidades que cultivó en los años en Estados Unidos, aunque en la que se sienta más realizada hasta hoy es en la pareja: “En verdad creo que es la mejor cosa que he hecho en mi vida. Puedo decir: esto está bien hecho, bien elaborado, bien trabajado, bien comunicado, bien evolucionado. Me reconozco absolutamente en mi relación”.

El martes por la noche, José M. G. fue hasta la casa de su expareja y empezó a apilar colchones en el bajo de ese bloque de viviendas en Miranda de Ebro, en Burgos. Al poco empezaron las llamas. El fuego mató a esa mujer, Dolores, de 58 años; a su madre, Antonia, de 78; y a una vecina de 24, Laura Valentina. Otras cuatro personas, entre ellas un niño de 7 años y otro de 11, acabaron hospitalizados durante unas horas. Este ya es el caso con más víctimas implicadas ―heridas y mortales― desde que hay estadística, en 2003; siete por ese incendio provocado por un hombre de 60 años, que se entregó el miércoles por la mañana sabiendo que la policía lo buscaba y sabiendo que iba a volver a la cárcel de la que había salido hacía no mucho tiempo. Esta, cuando se produzca, será la tercera vez que entre en prisión por un delito relacionado con la violencia de género.
Las cuentas con seudónimos en redes serán más complicadas de mantener en la era de la inteligencia artificial (IA). Un grupo de investigadores reunió miles de publicaciones de foros anónimos como Hacker News y Reddit y pidió a varias IA que identificaran a sus autores. Para sorpresa de nadie, modelos de lenguaje como Gemini o ChatGPT hicieron en minutos lo que a un humano le llevaría muchísimas horas y quizá no lograría nunca: los modelos identificaron al 68% de usuarios anónimos con un 90% de precisión, “frente a casi un 0% del mejor método que no utiliza modelos de lenguaje”, dice el artículo científico. “Los resultados muestran que el anonimato de los usuarios con seudónimo en internet ya no se sostiene”, añade.
Poco antes de morir José Guirao —Pepe para los amigos— reunió a su círculo más cercano y le contó dónde guardaba todo aquello que había escrito durante su vida y que nunca había publicado. Las letras dormían en diferentes pendrives y ordenadores, también en todos los cuadernos que le gustaba comprar, en la casa de Madrid, en su pueblo Pulpí, Almería, en La Vera, Cáceres, un refugio donde cuidaba su jardín japonés, paseaba con los perros y escribía para que nadie le leyera. Por ahí se encontraba desperdigada una obra dispersa e inconclusa consistente en poemas de juventud, apuntes, notas, alguna obra teatral, algún intento de novela. “Haced con ello lo que creáis conveniente”, les dijo.
La escritora argentina Selva Almada decidió asumir un enorme riesgo: darle la voz y la perspectiva narrativa de su novela a un objeto inanimado. Una casa, específicamente. Una casa que ve, siente, recuerda, dice lo que oye, pero que, anclada a sus cimientos como casa al fin y al cabo que es, no ve más allá de lo que su mirada consigue alcanzar. No obstante, al parecer inconforme con ese desafío narrativo, la novelista se plantea otro reto: colocar la morada en un paraje rural en el que solo la rodea la maleza de un bosque por donde corre —a veces casi ni corre— un arroyo, con lo cual sus referencias quedan aun más limitadas. Y si lo anterior ya parecía suficientemente complejo, Selva Almada da un paso más allá y se empeña en un verdadero experimento lingüístico pues para armar su relato recurre a un lenguaje cargado de localismos, en su caso argentinismos de la norma del habla popular de Corrientes, la provincia del norte del país colindante con Paraguay. En dos palabras, el fin del mundo… la tierra literaria de muchos relatos de Horacio Quiroga.

Delroy Lindo siempre ha estado allí. Aunque muchos no reconozcan su nombre ni su cara, a sus 73 años este eterno actor de reparto suma ya 73 personajes en cine y televisión. La coincidencia numérica podría parecer puro azar, si no fuera porque con su último papel en Los pecadores ha conseguido el reconocimiento a toda una vida dedicada al cine: su primera nominación al Oscar. El camino que le ha llevado hasta aquí ha sido largo y complejo, y la endiablada carrera por el premio no iba a ser menos.
Puede que en España no sean tan populares como los nachos, los tacos o las quesadillas, pero los chilaquiles son un clásico mexicano que va ganando adeptos y apareciendo cada vez en más cartas. No es para menos: su explosiva combinación de totopos, salsas calientes, frijoles y queso enamora a quien la prueba, y es difícil no rendirse ante el contraste de texturas crujientes y cremosas que te regalan.