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Imagine una enfermedad que, en solo un año, se llevara por delante la vida de 710.000 personas, el equivalente a la población de la ciudad española de Zaragoza. Eso ocurrió en 2023, pero no por un virus o una bacteria, sino por la exposición a las altas temperaturas, que se cobró en todo el mundo esa enorme cantidad de vidas. El 70% de esas muertes, además, se pueden atribuir directamente al cambio climático causado por el ser humano debido, principalmente, al uso de los combustibles fósiles. Este es uno de los datos que contiene el informe The Lancet Countdown, que este año cumple su décima edición como el análisis de referencia en establecer la relación entre el calentamiento global y los problemas de salud.
“¡Sí que ha resistido el pajarraco!”, bromea uno de los asistentes a la subasta de 687 objetos sacados del Pazo de Meirás (Sada, A Coruña) por los herederos del dictador, previa autorización judicial y después de un pleito con el Estado, que requisó aquello que consideraba patrimonio nacional tras ser declarado dueño del inmueble. Se refiere a un “ave en metal plateado con alas articuladas” de 20 centímetros y que no pensaban que fuera a despertar gran interés. El precio inicial era de 90 euros y se vendió finalmente en 275 tras una reñida puja. Comparado con los miles de euros pagados por otros elementos del catálogo es poca cosa, pero lo cierto es que el pajarraco se ha resistido.




El Fondo Global de Pensiones del Gobierno Noruego fue creado en los años noventa para invertir a largo plazo las ganancias del petróleo y el gas del mar del Norte, hoy es uno de los más grandes del mundo y supone más de una quinta parte del presupuesto de este país. Una campaña ciudadana propone ahora la instauración en España de un fondo similar, pero a partir de la energía del sol y el viento, entre otros ingresos, para responder a necesidades de las generaciones actuales y del futuro.
Dos importantes informes que se difunden este martes muestran la peligrosa deriva que ha tomado el ser humano con el cambio climático. Uno se centra en el presente y el otro en el futuro. En ambos se describe un calentamiento global que se encamina hacia la zona roja de peligro, lo que hace que los eventos extremos —como olas de calor, sequías y lluvias torrenciales— sean más violentos y frecuentes. Por un lado, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha publicado esta mañana su boletín anual de seguimiento de los principales gases de efecto invernadero. Están en máximos históricos y esto ya ha provocado, por ejemplo, que los últimos 11 años hayan sido los 11 años más calurosos en el planeta desde que hay registros. Esta “tendencia” se “prevé que continúe”, advierte la OMM. Unas horas antes, el área de Cambio Climático de la ONU ha difundido otro análisis, también anual, sobre los planes nacionales de los países para luchar contra el calentamiento. Y la trayectoria que esos programas dibujan para los próximos 10 años no supone el recorte urgente y rápido que se necesita para que el calentamiento se quede dentro de los límites de seguridad.
Tuvo que despedirme la Administración Trump en 2025 para que comprendiera de verdad hasta qué punto se había vuelto frágil el tejido de nuestra sociedad en Estados Unidos. Valores que durante tanto tiempo habíamos considerado universales —como acabar con el hambre en el mundo, el VIH, la malaria y las enfermedades tropicales desatendidas— se convirtieron de pronto en moneda de cambio político. Nunca imaginé que llegaría el día en que mi país interrumpiría de forma precipitada y temeraria el suministro de material médico, alimentos de emergencia y kits de atención a víctimas de violación destinados a algunas de las personas más pobres del mundo, con un coste en vidas difícil de calcular.
La librería más antigua de Madrid protagoniza estos días un thriller inmobiliario en el que no todo es lo que parece. Para contar la historia que hay detrás, hay que presentar a sus tres protagonistas: la dueña del local y de la librería, Ana Serrano, una mujer que heredó el negocio de su familia y que lo regentó junto a su hermana toda la vida; Juan José Janeiro, un inversor extranjero que aprovechó el momento en que se anunció el cierre hace algo más de cuatro años y quiso rescatarla; y Pablo Cerezo, un joven entusiasta comprometido con la cultura. El conflicto amenaza con hacer desaparecer Pérgamo, una librería con estanterías de otro siglo y por la que han pasado los autores más reconocidos del mundo.