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España empieza a adaptarse a una nueva realidad que, en la práctica, supone dar un paso atrás de más de una década: convivir otra vez con el sarampión. La Organización Mundial de la Salud (OMS) retiró a finales de enero el estatus de país libre de la enfermedad, un hito que se había alcanzado en 2017 al erradicar la circulación autóctona del virus. La decisión ha sido tomada por las evidencias que se acumulan sobre el terreno. En Alicante, al menos 30 personas han contraído el virus, el más contagioso de los que afectan al ser humano, en un brote originado en dos empresas que comparten edificio. Y, en un salto cualitativo hacia la nueva normalidad, la Comunidad de Madrid ya reconoce en su último Boletín Epidemiológico que existe “circulación comunitaria del virus” en la región, por lo que ha dado instrucciones a los centros sanitarios para que refuercen la vigilancia.
El inmenso problema de la adicción infantil y juvenil a las redes sociales es el centro de la conversación mediática y judicial estadounidense. A finales de enero arrancaba uno de los primeros juicios que se esperan este año sobre el asunto, en el que una joven y su familia tratan de demostrar que las aplicaciones de las redes —más allá del contenido— están específicamente generadas para enganchar. El caso de Kaley, como se llama la mujer, es solo la mecha de los alrededor de 1.500 que pretenden ir a juicio a partir de este año en los que se exigirá responsabilidad financiera y legal a los gigantes tecnológicos. Con amplísima repercusión, la causa judicial avanza este miércoles con una declaración clave: la de Mark Zuckerberg. Además de director ejecutivo de Meta —empresa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp—, Zuckerberg es uno de los creadores del internet tal y como lo conocemos, al ser el inventor de Facebook.
La escena es fácil de imaginar. En una clase universitaria, el profesor activa una herramienta de realidad aumentada y, de pronto, el contenido cobra volumen: gráficos que flotan en el aire, modelos tridimensionales que pueden rotarse con la mano y simulaciones que antes solo existían en una pantalla plana. Los estudiantes se inclinan hacia delante, comentan entre ellos y participan más. La sensación es que algo ha mejorado. Pero, cuando se apagan las luces y se guardan los dispositivos, queda una pregunta que no siempre resulta tan evidente como el entusiasmo inicial: ¿han aprendido más o simplemente han vivido una experiencia más atractiva?
La futura prohibición de que los menores de 16 años puedan acceder a redes sociales marca un nuevo capítulo en el debate sobre infancia, tecnología y responsabilidad pública. La medida, que el Gobierno de España prevé aprobar en las próximas semanas dentro del paquete normativo de protección de niños y adolescentes en entornos digitales, parte de una premisa clara: retrasar la entrada a plataformas diseñadas para captar atención, monetizar datos y fomentar la permanencia prolongada. Sigue la estela de la misma prohibición que entró en vigor en Australia el pasado mes de diciembre, y a la que planean sumarse Francia y Portugal.
El transporte público vive un momento dulce en Europa. Tras la grave crisis de reputación de los años más duros del covid, las administraciones han apostado por fórmulas para revitalizarlo: rebajas de tarifas, abonos únicos, nuevos servicios… Los viajeros han vuelto, pero hay muchos retos por delante, desde una financiación adecuada a la falta de personal, pasando por el impacto de los dos recientes accidentes de tren en España. “El transporte ferroviario es el más seguro, los viajeros volverán”, confía Mohamed Mezghani (Sfax, Túnez; 62 años), secretario general de la Unión Internacional del Transporte Público (UITP), la organización más importante del sector —que aglutina a cerca de 2.000 empresas en un centenar de países—. El tunecino recala en Madrid para asistir a una junta de la entidad.

Ana Fernández-Arcos (Barcelona, 42 años) es una neuróloga especialista en medicina del sueño e investigadora en la Fundación Pasqual Maragall. Descuelga el teléfono en su despacho, a las once en punto de la mañana, este martes.

La capital siciliana puede convertirse en una escapada perfecta de fin de semana, incluso en pleno invierno. Palermo ha sido un cruce de culturas durante milenios y el resultado es sorprendente: mosaicos bizantinos, cúpulas árabes, frescos barrocos, palacios góticos y evocaciones españolas por todas partes. Mucho por descubrir en dos, tres días (o los que se puedan sumar). Si añadimos la gastronomía, que aquí es magnífica, los animados mercados y sus plazas soleadas, el resultado es una mezcla de lo más interesante, donde la elegancia y la opulencia conviven perfectamente con los ambientes más populares y genuinamente sicilianos.
Más información en la nueva guía Palermo de Cerca, de Lonely Planet, y en en la web lonelyplanet.es.
Recetas virales ha habido muchas, pero pocas han sido tan omnipresentes como el llamado “japanese cheesecake” de dos ingredientes. Esta presunta tarta de queso, que ni es tarta, ni tiene queso, ni es japonesa, arrasó como un ciclón en las redes hace unas semanas, cuando incontables creadores de contenido se lanzaron a repetirla como papagayos hambrientos de likes y visualizaciones. Pasada la tormenta, cabe preguntarse si estaba realmente buena, o si podemos sacar alguna enseñanza de su técnica.