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“A andar por andar, a caminar sin prisa trenzando la mirada con el paso, aprendí en Salamanca”. Las palabras de Carmen Martín Gaite, la escritora universal nacida en esta histórica ciudad en 1925, invitan a recorrer sus empedradas calles mientras descubrimos los rincones de la mágica localidad charra. Con la Universidad más antigua de España y una de las más antiguas de Europa, fue nombrada patrimonio mundial por la Unesco en 1988, ya que su casco histórico esconde edificios de singular belleza y un valor arquitectónico incalculable. Estos son los impepinables.
La lasaña es uno de los grandi successi de la cocina italiana: si la mencionas, pocas personas en el mundo occidental necesitarán que les expliques en qué consiste. Aunque en su peor versión pueda ser un auténtico ladrillo, la fórmula de sucesivas capas de pasta y de relleno coronadas por un gratinado fascina desde hace décadas a niños y adultos de todo el planeta. Ahora bien, cocinar una lasaña no es tan fácil y rápido como preparar unos espaguetis, y seguramente por eso, las versiones envasadas se venden como churros.
En cuanto un test de embarazo da positivo, todas las miradas se vuelven hacia la futura madre: por su salud y la del niño que está en camino, se le recomienda no fumar, no beber alcohol, evitar algunos alimentos, estar tranquila, no estresarse… Pero la buena evolución de la gestación y el bienestar de las generaciones futuras no empieza ahí ni depende solo de ella. La salud paterna y su historia de vida también tienen un impacto. Una revisión multidisciplinar publicada este lunes en la revista The Lancet ahonda en los efectos del ciclo vital del padre sobre el embarazo y la salud del niño y muestra que factores médicos, conductuales y psicosociales del hombre pueden influir también en el embarazo y en el desarrollo de su descendencia.
En una de sus últimas comparecencias como portavoz gubernamental, Pilar Alegría, la ministra más desapercibida en el desempeño la cartera, anunció el gran legado de lo que llamó la legislatura del profesorado: la reducción de las ratios, que la nueva ministra Milagros Tolón ha vuelto ahora a presentar y laudar como “una demanda muy querida y esperada por el profesorado”. De nada sirve que toneladas de estudios sobre la reivindicación favorita hayan concluido, una y otra vez, que su efecto está entre ninguno y muy poco, por debajo de numerosas otras medidas, muy por debajo de otras del mismo coste y con un coste muy superior que otras de parecida escasa eficacia. Da igual, porque los docentes se entusiasman, los sindicatos se emocionan y la oposición, que hoy gobierna dos tercios de las comunidades autónomas, será la que sufra el desgaste, o sea que adelante. La ministra Tolón aporta sus propias teorías. Primero, sobre la escuela: “el hecho de que el profesorado esté mejor [...] repercute muy favorablemente en el alumnado y las familias”; debe de ser algo entre cuidar a los cuidadores, que suena muy bien, y llevar regalos a Trump, a ver si se calma. Después, sobre la sociedad, pues la educación es el “pilar clave para lograr la igualdad real” (¿en serio?, ¿habrá leído alguna cifra del último medio siglo, marcado por el clivaje educativo, es decir, por el abismo económico, social y cultural que abre el título universitario?).