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No hay más cabellos de lo habitual en el desagüe de la ducha y tampoco se aprecian nuevas entradas al apartarse el flequillo o recogerse la melena al llegar a casa. Sin embargo, al hacerse una coleta, la goma necesita una vuelta más. La escena resulta familiar: cada vez más mujeres sienten que tienen menos pelo. Concretamente, según un estudio sobre salud capilar hecho público esta semana por Iraltone, un 46% de mujeres refiere más caída en el último año y un 28% de ellas, menos densidad (frente a un 36% y 24% respectivamente de hombres). El censo publicado en 2025 por la Sociedad internacional de cirugía capilar registró un aumento del 16,5% en el número de pacientes femeninas sometidas a cirugía capilar entre 2021 y 2024. El dato no demuestra que haya más alopecia, solo que más mujeres llegan a tratarla. En España, la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) calcula que la alopecia androgenética afecta a entre el 5% y el 10% de las mujeres y subraya una diferencia esencial: que se caiga más pelo no siempre significa que se esté perdiendo densidad. Entonces, ¿tenemos menos pelo o estamos prestándole más atención?

En ese momento, parece una buena idea. Estás disfrutando tanto del viaje, que quieres alargar lo máximo posible esa sensación y llevártela contigo a casa. Para eso, existen los souvenirs. Los hay de tantos tipos como modalidades de viajero.








Levantarse ha sido difícil en estos últimos días para Damián Bernabéu (Jaén, 63 años). Este profesor de Formación Profesional (FP), que llevaba 36 años ejerciendo hasta que se quedó en paro este verano, decidió unirse el 19 de octubre a las protestas de los docentes madrileños que están en huelga indefinida por la educación pública. La policía cargó contra Bernabéu y otros participantes frente al Palacio de Santoña, en el centro de la ciudad, a las puertas de un acto de la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, mientras los profesores pedían mejorar las condiciones de un trabajo que él espera recuperar algún día. Un agente le empujó con un escudo policial, se cayó al suelo y se dio contra una pared. El impacto le dejó un gran moratón e hinchazón en la espalda que le provoca dolor cada vez que intenta levantarse de una silla o de la cama. Ahora ha presentado una denuncia en un juzgado de guardia por lo que considera una “fuerza bruta contra una gente totalmente pacífica”.
Se estima que cada gramo de alcohol consumido aporta alrededor de siete kilocalorías ―una cifra muy cercana a la de las grasas― sin ofrecer a cambio al organismo ningún nutriente esencial como vitaminas, minerales, proteínas o fibra. De ahí el concepto de calorías vacías asociado a las bebidas alcohólicas. A esas calorías, además, habría que añadir, en el caso de los cócteles y combinados, las que aportan los refrescos azucarados. Por eso, el consumo de alcohol siempre se ha asociado con la ganancia de peso.
En una sola semana, Christopher Lloyd, el científico loco de la trilogía ochentera Regreso al futuro, ha celebrado sus 88 años y ha publicado sus memorias, In My Own Time: A Memoir. Son más de 250 páginas en las que el actor recorre su solitaria infancia en Waveny (Connecticut); los inicios de su carrera actoral en el Nueva York de los años sesenta y su lucha contra la adicción al alcohol y a la cocaína, aspectos de su vida de los que rara vez ha hablado en público. En su libro cuenta que la primera ocasión que consumió drogas fue a las afueras de un club de comedia en Los Ángeles en los setenta. Se acercó al coche de una mujer a la que acababa de conocer y se metió “un par de rayas”. Según escribe: “Eso fue todo lo que hizo falta. Me enganché casi de inmediato. Me encantó, y ahí fue donde comenzó mi abuso de la cocaína”.
El grupo de Facebook, con más de 400.000 seguidores, está repleto de publicaciones muy similares. Una de ellas, compartida el 14 de octubre, incluye la foto de Omar Mustafa, un joven de 29 años apodado El Mecánico de la ciudad de Kosti, en el Estado de Nilo Blanco, en el sur de Sudán. Otra, del mismo día, muestra a Sabahi Mabrouk, un adolescente de tan solo 13 años del pueblo de Karkoj, en el Estado sudanés de Sennar, al sureste del país.

Hay pocas cosas más agradecidas que una fuente de polenta caliente con queso fundido: si añadimos unas setas y dejamos que el horno haga su trabajo, tenemos una comida reconfortante para un día lluvioso de otoño. Además, cocinar polenta es fácil: harina de maíz, agua y sal. Podemos hacerla algo más suelta o más densa según la cantidad de líquido que añadamos.
Imagine una enfermedad que, en solo un año, se llevara por delante la vida de 710.000 personas, el equivalente a la población de la ciudad española de Zaragoza. Eso ocurrió en 2023, pero no por un virus o una bacteria, sino por la exposición a las altas temperaturas, que se cobró en todo el mundo esa enorme cantidad de vidas. El 70% de esas muertes, además, se pueden atribuir directamente al cambio climático causado por el ser humano debido, principalmente, al uso de los combustibles fósiles. Este es uno de los datos que contiene el informe The Lancet Countdown, que este año cumple su décima edición como el análisis de referencia en establecer la relación entre el calentamiento global y los problemas de salud.
“Disfruta España, Gabriel”, le dijo Broncano con su pin español en la solapa al candidato Rufián. El presentador hizo una pregunta áspera y necesaria: ¿sigue siendo independentista Rufián? Si será divertida España que se le pregunta, y se le pregunta además con interés, al candidato de Esquerra si es indepe. Como diría él con su eterno latiguillo: por lo que sea. Respondió Rufián que, de haber referéndum de independencia, diría sí. Fue entonces cuando se le dijo algo a lo que Rufián está acostumbrado: que está muy bien en Madrid. Cosa perfectamente compatible con sentirse de otro país, por otro lado. Lo gracioso es Rufián diciendo que apenas conoce cuatro calles: aún va a pasear por más cadenas de televisión que calles.
“¡Sí que ha resistido el pajarraco!”, bromea uno de los asistentes a la subasta de 687 objetos sacados del Pazo de Meirás (Sada, A Coruña) por los herederos del dictador, previa autorización judicial y después de un pleito con el Estado, que requisó aquello que consideraba patrimonio nacional tras ser declarado dueño del inmueble. Se refiere a un “ave en metal plateado con alas articuladas” de 20 centímetros y que no pensaban que fuera a despertar gran interés. El precio inicial era de 90 euros y se vendió finalmente en 275 tras una reñida puja. Comparado con los miles de euros pagados por otros elementos del catálogo es poca cosa, pero lo cierto es que el pajarraco se ha resistido.


