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Helena Campbell no se quería casar. Al menos no hasta que pudiera contemplar un rayo verde. La protagonista de la que es considerada la novela más romántica de Julio Verne emprendió un viaje por las costas escocesas en búsqueda del fenómeno óptico, y cuando estuvo frente a él, no miró al horizonte. Miró al amor de su vida. Publicada en 1882, El rayo verde convirtió a estos destellos de luz —que se observan cuando el Sol se pone sobre el mar— en una auténtica leyenda. Solo los más observadores y atentos podrían contemplar un rayo verde y, con suerte, “nunca más equivocarse en los asuntos del corazón”, según reza una de las citas más famosas del relato. Más allá de un recurso fantasioso o de un mito, el rayo verde es un fenómeno óptico atmosférico que dura solo unos segundos y que ocurre justo al final de la puesta de sol. Y, según astrónomos de las islas Baleares, podrá admirarse como “el postre” del eclipse solar del 12 de agosto sobre la costa de Mallorca. Eso sí, hay que tener paciencia, ser muy observador y no perder de vista el Sol hasta que desaparezca.

Ocurre cada día en miles de cirugías y desde la década de los sesenta. En un quirófano, el cuerpo bajo los efectos de la anestesia con ketamina está inmóvil. El cerebro, mientras tanto, atraviesa un estado disociativo, pues no sueña, pero tampoco recuerda ni responde. La respiración mantiene su cadencia y las neuronas suspenden su conversación eléctrica a la vez. Como si millones de cables quedaran desconectados de manera temporal hasta que el efecto se desvanece. La neurociencia aún no comprende del todo qué células coordinan ese regreso a la actividad ni por qué algunos lo hacen diferente a otros. Un nuevo estudio, que se publica este viernes en la revista Science Advances, añade una pieza a ese rompecabezas científico. Y por primera vez, se ha demostrado que el cerebro se recupera de la anestesia de forma distinta según el sexo biológico.
En el arsenal de moda de esta temporada estival hay unos cuantos imprescindibles: unas sandalias de goma de Ancient Greek, un collar de conchas de Juju Vera, un vestido de Dôen, un capazo de Loewe, un par de gafas ovaladas de Oliver Peoples x Khaite… y un traje de baño de Hunza G. Y, además, si es uno de los que acaba de lanzar con Burberry, que el verano pasado firmó el revival del año cuando combinó el biquini de triángulo con el clásico estampado de cuadros de la casa británica, la combinación se lleva el premio gordo.
El director David Lowery creció en una familia protestante que le prohibía escuchar música pop. “Para mis padres Madonna transgredía todo lo sagrado”, explica. De pequeño, la veía hasta con miedo, pero ese terror se fue transformando en admiración. “Siempre me ha fascinado ver cómo utilizaba el lenguaje y las representaciones visuales de la fe con otro propósito. He llegado a apreciarlo porque lo entiendo: cuando las estrellas del pop usan esa imaginería católica, para mí cobra un significado más profundo y atractivo”. A partir de ese conflictivo acercamiento religioso, Lowery escribió Mother Mary (que se estrena en cines el 31 de julio), en la que Anne Hathaway es la Virgen María del título, una diva del pop, inspirada en Beyoncé o Taylor Swift y cuya música han creado entre Charli XCX, Jack Antonoff y FKA Twigs (quien incluso se reserva un pequeño papel de médium en el filme).
“La ternura es sospechosa y que el contacto físico solo es aceptable para competir o para darse de hostias”, escribió en sus redes el periodista Pablo Maca al hablar del revuelo que han generado en las redes sociales las fotografías en las que Marcos Llorente y Ferran Torres se besan y abrazan en las playas de Ibiza. Las muestras de cariño entre dos hombres heterosexuales pasaron a ser motivo de burla y muchas personas indagaron acerca de su orientación sexual. “Eso también es patriarcado. Porque el patriarcado también perjudica a los hombres, encerrándolos en una masculinidad estrecha donde abrazar a un amigo o tener cualquier muestra de afecto pone en duda su hombría. Les enseña que la ternura es sospechosa y que el contacto físico solo es aceptable para competir o para darse de hostias”, dice Maca.
John Vaillant (Cambridge, Massachusetts, 1962) tiene una especialidad: contar historias reales y vibrantes sobre el choque entre los seres humanos y la naturaleza. Periodista y novelista —ha publicado en The New Yorker o The Atlantic—, ha escrito sobre un joven migrante mexicano que quedó atrapado en un camión cisterna abandonado en el desierto mientras intentaba llegar a EE UU, o sobre un tigre del Amur que devoró a dos personas en la región de Primorie, en la taiga rusa. Pero hay un libro en el que lleva 10 años inmerso y que lo mantiene concediendo entrevistas con cierta frecuencia: El tiempo del fuego. Historia de un incendio en un mundo más cálido (Capitán Swing, 2024), donde cuenta al detalle el funcionamiento de los incendios de sexta generación y la devastación que causó uno de ellos: el que arrasó en 2016 la ciudad petrolera de Fort McMurray, en Canadá, y que obligó a evacuar a sus 80.000 habitantes el mismo día en que se desató. Vaillant se ha convertido en un especialista en los nuevos incendios —empeorados por el cambio climático y la desertización reinante, el abandono del mundo rural y nuestra inconsciencia—, y los incendios recientes de Ávila, Madrid y Castellón nos llevan hasta él. Atiende al teléfono el pasado miércoles. La descompensación térmica entre un lado y otro de la línea es de 13 °C: 24 °C en Vancouver, donde reside, 37 °C en Madrid. Ese día la capital de España ha amanecido por segunda día en la semana con un turbio olor a quemado colándose por las ventanas.

Llega el verano y con él vuelven las recomendaciones habituales: que hay que hidratarse más, que si conviene comer ligero y el horno se convierte en un enemigo público entre junio y septiembre. Todo eso está muy bien, pero nosotros llevamos unos días pensando en otra cosa: esas pequeñas obsesiones gastronómicas que solo existen durante unos meses al año y tienen una capacidad sorprendente para alegrarnos el día. No hablamos de restaurantes imposibles de reservar ni de productos exclusivos. Hablamos de cosas mucho más pequeñas. Tan pequeñas que a veces ni siquiera las comentamos.



Cada mes ponemos a prueba decenas de productos de categorías que van desde tecnología y cocina hasta deporte, hogar o belleza con un único objetivo: descubrir cuáles merecen realmente la pena. Tras analizarlos y compararlos entre sí, seleccionamos un único ganador en cada una de nuestras comparativas. En esta recopilación reunimos todos los productos que resultaron ganadores durante el mes de julio, una selección que incluye desde placas de inducción hasta relojes inteligentes o accesorios para hacer deporte.




































