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Una operación conjunta de la Guardia Civil, los Mossos d’Esquadra y la Ertzaintza ha desembocado en la detención en la provincia de Gipuzkoa de un joven de 17 años y nacionalidad española como presunto autor de las amenazas de muerte que a comienzos de este año recibieron, entre otros, la eurodiputada de Podemos Irene Moreno y la tertuliana Sarah Santaolalla, según han informado a EL PAÍS fuentes cercanas a la investigación. Los agentes consideran al menor “el principal referente en España de la organización extremista 764”, un grupúsculo terrorista virtual y transnacional creado por un adolescente en EE UU en 2021 con tintes nazis, satánicos y pedófilos, que propugna perpetrar todo tipo de violencia para lograr el colapso de la sociedad y que dedica parte de sus esfuerzos a la captación y sextorsión (chantaje sexual) de otros menores.
La cantante estadounidense Madonna se ha sumado en la madrugada de este domingo a las celebraciones del Festival de Música del Orgullo Mundial (World Pride), el evento que reúne cada dos años a la comunidad LGTBIQ+, y este 2026 se celebra en Ámsterdam.
El diseño G, la única candidatura española entre las diez que compiten por convertirse en el próximo billete de euro, esconde un secreto. Para descubrirlo hay que girar los billetes y mirarlos en horizontal. Las líneas que a primera vista parecen un simple patrón decorativo se ordenan y conjugan en cuatro bloques que forman la palabra “euro”. Tan familiar que resulta casi imperceptible si no se busca.
Yakarta es una ciudad al límite, desbordada; parece a punto de romper las costuras. Cuando se convirtió en la capital de Indonesia, tras la independencia en 1945, no alcanzaba el millón de habitantes. Hoy es la megalópolis más poblada del planeta, con casi 42 millones de residentes, según la ONU, que incluye en sus cálculos las zonas periféricas de la Gran Yakarta. En realidad, no parece una ciudad, sino una sucesión de metrópolis, pueblos, puebluchos, aldeas e infraviviendas dispuestas unas detrás de otras sin criterio, como si algún dios caprichoso las hubiera lanzado al azar sobre la costa noroeste de la isla de Java y con los años hubiera sedimentado una costra urbana gigantesca, marronácea, cubierta a menudo por una boina de polución.



Miles de personas desalojadas, como en los incendios de Ávila y Madrid, o atrapadas por las llamas, como en Los Gallardos (Almería) en julio, son la expresión extrema de un patrón que se repite en toda España: población asentada en la frontera entre el tejido urbano y grandes masas de vegetación que le sirven de combustible al fuego. Al menos 8.567.434 habitantes, el 18% de la población total, viven a menos de 400 metros de una de esas manchas forestales o en contacto directo con ellas, según el análisis realizado por EL PAÍS. Esa es la distancia que las normativas autonómicas consideran el área de influencia de un incendio: la franja en la que el fuego puede propagarse hasta las viviendas y donde deben aplicarse medidas de prevención.
Para estimar cuánta población vive en zonas expuestas al peligro de incendio forestal, EL PAÍS ha cruzado la rejilla de población de 100 metros elaborada por Goerlich y Mollá para la Fundación BBVA y el Ivie, basada en el censo de 2021, con el Mapa Forestal de España de máxima actualidad disponible. La rejilla permite estimar la población residente en celdas de una hectárea y compararla con la localización de pastos, matorral y bosque capaces de alimentar un incendio forestal.
Para cada celda habitada se calculó si estaba dentro de una zona de vegetación combustible o a qué distancias se encontraba de una gran masa forestal continua. El escenario principal considera expuesta a la población situada dentro de vegetación combustible o a 400 metros o menos de una mancha combustible de al menos 500 hectáreas. También se calcularon escenarios alternativos de 100 y 2.400 metros para comprobar la sensibilidad del resultado.
Para aproximar mejor el estado actual del combustible, se descontaron las celdas situadas dentro de perímetros de incendios registrados por EFFIS/Copernicus entre 2022 y 2026. Se escogió ese periodo porque recoge los incendios recientes con más capacidad de alterar la vegetación disponible, sin excluir áreas quemadas hace más tiempo donde el combustible puede haberse recuperado parcialmente.
El resultado mide exposición física, no probabilidad de incendio ni riesgo individual. No incorpora meteorología diaria, viento, pendiente, estado de las viviendas ni medidas locales de prevención. Los cálculos espaciales y las agregaciones se realizaron con software R a partir de fuentes públicas.
En los chats privados, miembros del PP han hecho circular como la pólvora las imágenes de las viviendas de Alberto González Amador puestas a la venta en Idealista y en la página web de la inmobiliaria Gilmar. Nadie entiende cómo el novio de la presidenta, objeto de investigación por el importante crecimiento de su patrimonio en los últimos años y un posible fraude fiscal por el que va a ser juzgado, ha podido ser tan “negligente” a la hora de subir las fotos de los anuncios. En ellas aparecen los vestidos y zapatos que ha usado Isabel Díaz Ayuso en grandes ocasiones, fácilmente identificables, y hasta una toalla bordada con su nombre, por si quedaba alguna duda. De una de las paredes cuelga un diploma otorgado a Amador por parte de una asociación dedicada a la exhibición de aviones históricos. “¿Se puede ser más descuidado?”, se preguntan con desconcierto en el Partido Popular. Esa perplejidad ha alcanzado incluso al núcleo duro de la presidenta, que esta vez encuentra pocos elementos de defensa a favor del empresario.
Un vecino de La Puebla de Valverde, en el sur de Teruel, se encontró mientras paseaba un día de octubre una escena macabra: cuatro gatos aparentemente abatidos y tirados cerca del centro del pueblo. El hombre no dejó pasar este hallazgo y avisó a la patrulla de la Guardia Civil más cercana. Los agentes comprobaron que, a simple vista, se podía decir que habían muerto por arma de fuego. Tampoco ellos dejaron pasar el asunto. Lejos de eso, comenzó en ese punto una concienzuda investigación que incluyó análisis de la escena del crimen, estudio de las balas en el laboratorio de criminalística y autopsia de las víctimas. Se puso en marcha todo el mecanismo necesario para dar con el autor del gaticidio.

Hay un malpaís que no tiene nombre. Es el de la tierra calcinada por el fuego. Es el paisaje de nuestra sierra ya devastado por la violencia de las llamas. Un territorio arrasado. Una aridez nueva que huele a madera viva, a algún tipo de incienso también que se ha quemado porque el fuego ha abatido a la naturaleza; que huele a goma fundida y metales derretidos cuando lo hace sobre lo que han levantado los hombres y las mujeres de sus pueblos. Como si un enorme soplete hubiera abrasado desde el cielo y a gran velocidad el verde de los pinos, dejándolos en pie, quemados a la mitad, entrando en los valles, surcando las carreteras, dejando en esqueleto las casas o ni siquiera en eso, salvándose del agua, eligiendo propiedades, saltando sobre otras. Una bola de fuego salvaje que asomó una noche por detrás de los montes quietos, que se barruntaba con su resplandor de tormenta roja, y que todo lo ha vuelto ceniza.




La proteína ha pasado de ser un macronutriente a un reclamo publicitario, un unicornio nutricional. En los últimos años, los productos alimentarios han empezado a añadir proteína a sus fórmulas y lo han destacado en sus empaquetados, disparando las ventas. Una búsqueda de la palabra “proteína” en la web de Mercadona arroja 50 resultados. La búsqueda de “carbohidratos” da un triste paquete de pasta y en la de “grasas” se mezclan productos de limpieza y aquellos que anuncian tener bajo contenido en este macronutriente.