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Hace casi 40 años, en 1988, Aitana Sánchez-Gijón (Roma, Italia, 57 años) se subió al escenario del Teatro Español de Madrid para interpretar a Acacia, una mujer de la que se enamora su padrastro en La malquerida, la obra cumbre de Jacinto Benavente. Tenía apenas 19 años, casi nulo recorrido en la interpretación y no auguraba la dilatada y exitosa carrera que le esperaba. “Era una actriz jovencita, era mi segundo montaje teatral. Me sentía un poco apabullada por todo: el elenco, el lugar, el texto…”, recuerda. Este viernes volverá a la misma obra y al mismo teatro, pero con el papel de Raimunda, la madre de aquella a la que interpretó tantos años antes, en una nueva producción dirigida por Natalia Menéndez.
Hay apellidos que imponen, sobre todo a sus portadores. El compositor Gabriel Prokófiev (Londres, 41 años) no llegó a conocer a Serguéi, el enfant terrible de la modernidad soviética, pero desde pequeño sintió una gran admiración y respeto por su abuelo. “Cuando mi padre [Oleg, pintor y escultor abstracto] emigró a Gran Bretaña tuvo mucho cuidado de no imponernos esa herencia”, cuenta en conversación telefónica. Su infancia no transcurrió, como cabría imaginar, entre estrictas clases de solfeo. “En casa sonaba siempre su música, pero la asimilábamos con cierta naturalidad”, recuerda. “Me encantaba su ballet Romeo y Julieta y el segundo de sus conciertos para piano”.



Dicen que las últimas palabras que pronunció el poeta alemán Goethe antes de morir fueron “Licht! Mehr Licht!” (“Lluz, más luz!”), aunque no se sabe si se debía a su ansia por adquirir más conocimientos o porque quería que alguien corriera las cortinas. Uno puede levantarse por la mañana, escribir un poema, dejar que la luz entre por la ventana y esperar tranquilamente la llegada de la muerte antes de que se ponga el sol. La figura del spoken word y persona no binaria Andrea Gibson reformula esa claridad poética en torno a la muerte en su documental Come See Me in the Good Light, en el que muestra los últimos momentos y conversaciones junto a su pareja, la también poeta Megan Falley, mientras atraviesan el cáncer terminal de Gibson.



Atendiendo al ruido, la noticia televisiva del trimestre es el paso de Marc Giró de TVE a La Sexta. No diré que se olía, pero sorprendió que, tras la baja de Buenafuente y Abril, no fuese el elegido para presentar las campanadas junto a Chenoa. Con su permanente actitud de cóctel queda fetén explicando protocolos de cuartos y carillones. Parecía más acertado que mezclar a Estopa y Chenoa, la pareja (trieja) con menos química de TVE hasta Tosar y Bandini. Vuelve a un grupo mediático que ya conoce, como Bertín, que retorna a Antena 3 tras más de 20 años, aunque yo habría jurado que nunca se había ido; igual es que lo mezclo con Joaquín, son la misma persona en distinto formato. Menos se ha hablado del acertadísimo fichaje de María Lamela por parte de Telecinco. Atresmedia ficha, pero también deja escapar e infrautiliza talentos. Si esto fuese fútbol, TVE estaría contraatacando con el fichaje de Iñaki López. Déjenme soñar a ser gerifalte.
La escritora argentina Selva Almada decidió asumir un enorme riesgo: darle la voz y la perspectiva narrativa de su novela a un objeto inanimado. Una casa, específicamente. Una casa que ve, siente, recuerda, dice lo que oye, pero que, anclada a sus cimientos como casa al fin y al cabo que es, no ve más allá de lo que su mirada consigue alcanzar. No obstante, al parecer inconforme con ese desafío narrativo, la novelista se plantea otro reto: colocar la morada en un paraje rural en el que solo la rodea la maleza de un bosque por donde corre —a veces casi ni corre— un arroyo, con lo cual sus referencias quedan aun más limitadas. Y si lo anterior ya parecía suficientemente complejo, Selva Almada da un paso más allá y se empeña en un verdadero experimento lingüístico pues para armar su relato recurre a un lenguaje cargado de localismos, en su caso argentinismos de la norma del habla popular de Corrientes, la provincia del norte del país colindante con Paraguay. En dos palabras, el fin del mundo… la tierra literaria de muchos relatos de Horacio Quiroga.

El libro Water Over Thunder reúne por primera vez los escritos del fotógrafo estadounidense Larry Sultan (Nueva York, 1946–California, 2009), una figura fundamental de la fotografía de la segunda mitad del siglo XX. Lejos de constituir un mero complemento a su obra visual, estos textos revelan que la escritura constituía una parte integral de su quehacer artístico. Su correspondencia con curadores, sus continuas anotaciones en libretas, las transcripciones de sus clases, los borradores de cuentos, así como las sinceras entradas de sus diarios, donde los sueños encuentran un lugar privilegiado, junto a ensayos más pulidos, permiten al lector seguir el pensamiento del artista mientras reflexiona sobre el acto de mirar, la memoria familiar y los límites de la fotografía.
Muchos exploradores intentaron confirmar durante siglos la leyenda de El Dorado, aventurándose en incursiones a ninguna parte, desde la convicción de que esa ciudad secreta construida en oro se mantenía escondida en algún lugar de Sudamérica. Con la esperanza de motivar una peregrinación aún mayor (y que, a poder ser, los nuevos aventureros salgan de casa ya con dinero y muchas ganas de gastarlo), a finales de enero, Dubái, la ciudad más poblada de Emiratos Árabes Unidos, anunció a bombo y platillo la construcción de un Distrito de Oro, como se ha bautizado a un proyecto que, además de contar con un plan para alojar más de mil comercios minoristas y marcas de lujo del más alto nivel, se prevé que contenga, a modo de atracción turística, toda una calle revestida del metal precioso, la primera del mundo.
Bolivia es uno de los pocos países de Sudamérica que no tiene costa. Andino por los cuatro costados, aquí las costumbres indígenas se superpusieron a las de los colonizadores, y nunca fueron reemplazadas. Con pocos turistas, en tierras bolivianas queda mucho margen para sentirse como un aventurero, incluso en sus rincones más famosos, como el impresionante salar de Uyuni, las misiones jesuíticas, el lago Titicaca, el parque nacional Torotoro de aspecto casi lunar o el trozo de selva amazónica que le corresponde.
Más información en la nueva guía de Bolivia de Lonely Planet y en la web lonelyplanet.es.
Mari Carmen Garrido Navas, una bióloga de 38 años, tuvo que irse a Inglaterra, donde hizo el doctorado, para darse cuenta de la oportunidad laboral que se abría en el campo de la genética. La llegada de la pandemia fue el punto de inflexión que la llevó, junto a un grupo de amigas, casi todas ellas biólogas de profesión, a lanzarse al mundo del emprendimiento dando vida a la empresa biotecnológica ConGen.
Delroy Lindo siempre ha estado allí. Aunque muchos no reconozcan su nombre ni su cara, a sus 73 años este eterno actor de reparto suma ya 73 personajes en cine y televisión. La coincidencia numérica podría parecer puro azar, si no fuera porque con su último papel en Los pecadores ha conseguido el reconocimiento a toda una vida dedicada al cine: su primera nominación al Oscar. El camino que le ha llevado hasta aquí ha sido largo y complejo, y la endiablada carrera por el premio no iba a ser menos.