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El Ministerio del Interior tardó casi dos meses en suspender de empleo y sueldo al comisario Emilio de la Calle, denunciado por acoso sexual y laboral e imputado actualmente en la Audiencia Nacional, desde el momento en el que una subordinada informó a sus superiores de lo que estaba viviendo en la Embajada española en la India donde ambos estaban destinados. La subalterna manifestó entre el 6 y el 7 de febrero de 2025 el terror al que estaba sometida y dijo que estaba recibiendo ayuda psicológica. Además, envió un audio a la Policía en el que De la Calle la insultaba y la agredía supuestamente con una colleja.
Los Kennedy están de nuevo en boca de todos, y esta vez no es porque Robert F. Kennedy Jr. haya recordado que esnifó cocaína de la tapa de un inodoro o que mató a un oso y abandonó su cuerpo en Central Park. Love Story, la comentada serie de Ryan Murphy que reconstruye la relación entre John Kennedy Jr. y Carolyn Bessette, fallecidos en un accidente de avioneta junto a la hermana de ella en 1999, tiene a la generación Z encandilada. Hace pocos días cundía la noticia de que uno de los abrigos de Carolyn se había vendido en subasta por 192.000 dólares. También que las fans reprochan a Calvin Klein que ya no produzca ropa como la de la época que la serie retrata. Y en el mes transcurrido desde su estreno han proliferado los artículos en revistas masculinas explicando cómo emular el estilo de John-John, así como los vídeos de influencers disfrazados de él y hasta concursos de imitadores.
El Consejo de Ministros aprobó el martes un real decreto para garantizar de forma efectiva la universalidad en el acceso a la sanidad pública gratuita de todos los residentes en España, sea cual sea su situación legal, incluyendo a los inmigrantes indocumentados. Su exclusión (salvo los casos de los menores y las embarazadas, y la atención en Urgencias) fue impuesta en 2012, en plena crisis económica, por la mayoría absoluta del PP de Mariano Rajoy mediante un real decreto tramitado de urgencia y sin debate parlamentario. El Gobierno de Pedro Sánchez revirtió la medida en 2018, pero dejó un vacío burocrático y una disparidad de criterios entre administraciones que han supuesto que muchos inmigrantes en situación irregular quedasen sin asistencia médica si no podían acreditar que llevaban más de tres meses en el país. Ahora se resuelve ese problema.
Los diversos gobiernos de coalición de Pedro Sánchez han tenido un digno recorrido legislativo en materia social. La ampliación del permiso de paternidad, la subida significativa del salario mínimo, la contención relativa de los precios de la energía o la financiación pública de la mitad del abono de transporte. Todos hechos palpables. Pero Sánchez es conocedor de su época como pocos otros. Sabe que ni los hechos ni la realidad movilizan a una parte del electorado. Lo hacen las palabras gruesas, el espectáculo y el relato. Dijo una vez Tom Waits que la realidad era para aquellos que no podían soportar las drogas. Sánchez sabe que la realidad es para aquellos que no pueden soportar el relato. Yo me encuentro entre los pobres infelices que necesitan la realidad porque lidia mal con la implacable fantasía del relato.
El otro día fui al gimnasio a las siete de la mañana. Y dirán ustedes: a nosotros qué nos importa, y tendrán más razón que un santo. Pero a mí me enseñaron en la facultad que los hechos insólitos son noticia, y, como con la que está cayendo no me la compraban para primera página, la reporto en la última. La cosa es que llevaba dos años pagando la cuota sin ir y, sometida al enésimo ultimátum de mi cargo de conciencia, hice de tripas maldición y me tiré a la palestra. Chica, qué ambientazo: había casi más gente que en el atasco que me suelo comer a esas horas. Como que pasé del móvil los 50 minutos del suplicio, entretenidísima con el paisaje y el paisanaje. El soponcio vino luego, cuando, al abrir X y WhatsApp por si se hubiera acabado el mundo en el entretanto, veo tuits y mensajes míos del día anterior reescritos con un lenguaje, no sé, como vulgar, soez, cheli, extraordinariamente ordinario. Más de lo habitual, listos, que les estoy escuchando. Me entraron sudores fríos, puse un par de tuits de socorro temiéndome que me los hubieran pirateado y me desplumaran las cuentas del banco y me fui pitando al periódico a que me lo revisaran los técnicos. Me miraron raro, en plan ya está la boomer con sus batallitas, me hicieron cambiar las claves, me pusieron el terminal a actualizarse hora y media y me mandaron a tomarme una tilita, que estoy en una edad muy mala para los sustos. Ni rastro de piratas. Nunca más se supo. Qué misterio.

“Siempre he sido una empollona”, dijo hace unos días la escritora Sara Barquinero a Sergio C. Fanjul en este periódico. La autora acaba de publicar La chica más lista que conozco, un libro sobre una joven que acaba envuelta en un grupo de universitarios crueles y cultos, y explica que siempre le gustaron “esas novelas que dicen cómo empieza el curso, qué asignaturas tienen los protagonistas, qué notas sacan, ese tipo de cosas”. Barquinero es doctora en Filosofía con una tesis sobre lo sublime kantiano y su anterior obra pesó cerca de un kilo. A las autoras siempre se les ha presupuesto la sofisticación intelectual, pero últimamente estamos viendo cómo ―especialmente dentro de la cultura digital― el término empollona se lo han reapropiado mujeres que lo exhiben orgullosas y se dirigen sin complejos a otras como ellas, sin rastro de ese origen despectivo ligado al colegio. Tampoco parece que sientan ya la necesidad de encajar con los tópicos de la alta cultura, tradicionalmente masculina. Son nerds cómo y sobre lo que a ellas les parece.

Martin Amis escribió que siempre andamos escasos de genios cómicos. Con la muerte de Alfredo Bryce Echenique a los 87 años hemos perdido a uno de los mejores de nuestra lengua. Bryce escribió una novela conmovedora e inolvidable, Un mundo para Julius, una evocación divertida y a veces tristísima de la infancia. Pero mi libro preferido de Bryce es La vida exagerada de Martín Romaña, una novela rabelesiana llena de humor autodenigratorio, con un “hombre inútil” que en su monumental despiste sigue a una amante a las barricadas de mayo del 68 y hace el ridículo de casi todas las maneras posibles. La lectura del capítulo “El vía crucis rectal de Martín Romaña” me provocó un ataque de risa que me tiró del sofá de la casa de mis abuelos.
Ay, nuestra querida España, esa España nuestra, de tu santa siesta ahora te despiertan... pues unos turcos, quiénes iban a ser. Está el patio tuitero muy inquietante. Las noticias se suceden delante de nuestras narices sin solución de continuidad. Minuto a minuto. Irán. Israel. Estados Unidos. Irán. Israel. Estados Unidos. Y, de pronto, Turquía. Y Soria. Poca broma. Escribe Pedro Sánchez en X: “Momentos que me envían del mitin de Soria. Una saludo a la comunidad tuitera turca”.
Castilla y León lleva décadas atrapada en la trampa de la despoblación. Muchos municipios envejecen sin parar y sus calles están cada día más vacías. En el mapa que encabeza esta información puede consultar una docena de indicadores relacionados con este fenómeno, desde tendencias de población y demográficas a datos de renta o servicios, municipio a municipio.