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A principios de octubre empezó la campaña de vacunación de la gripe en la Comunidad de Madrid. Alejandra García, de 40 años, lleva desde entonces queriendo vacunar a su hijo, Martín, de 16 meses. Pero no ha podido. Lleva malo desde entonces. “Mira, el año pasado cogió una gripe al mes y este, pues desde septiembre con mocos, llevamos el mismo camino. No puedo más”. Martín no es un niño especialmente enfermizo. La situación que comenta su madre es tan desesperante como común. Entrar en la escuela infantil supone subirse a un carrusel vírico imparable. “Es normal que durante los dos primeros años de vida un niño pueda presentar hasta seis u ocho episodios de infección respiratoria viral leve al año”, explica Carmen Muñoz-Almagro, médica especialista en microbiología del Hospital Sant Joan de Déu. “Los niños pequeños tienen un sistema inmunitario todavía en desarrollo y están entrando en contacto por primera vez con muchos virus”, argumenta. Y esto se junta con un contacto estrecho y prolongado con otros niños, con hábitos propios de la infancia como el juego intenso y la necesidad de morder y tocar todo. Y se lía.
La primera vez que Mónica Marchante (Roma, 58 años) entró en un estadio fue para asistir a una final del Mundial, la de 1982. Vio a aficionados brasileños revendiendo sus entradas y corrió a aquella casa en la que no se hablaba de fútbol a romper la hucha y convencer a sus padres para que la dejaran ir. Unos cuantos años después ya no hubo forma de convencerla para que estudiara derecho en lugar de periodismo y hace no tanto tiempo (2016) , el personal de seguridad de aquel mismo estadio, el Santiago Bernabéu, estuvo a punto de echarla porque al ver a una mujer con un micrófono en la grada —solía cubrir los partidos desde el palco, pero salía para escuchar a quién se pitaba—entendió que lo había robado. Además de entrevistas a presidentes, futbolistas y entrenadores, ha realizado para la plataforma Movistar Plus documentales sobre figuras del deporte como Unzué, Javier Clemente, Luis Aragonés o Perico Delgado.
Enfrentarse periódicamente al escrutinio de decenas de miles de personas puede parecer una terapia de choque para la ansiedad social, pero el cantante Mora (Bayamón, Puerto Rico, 30 años) admite que hacerse fotos con seguidores aún se le hace cuesta arriba. “Lo hago porque sé que lo merecen, pero no lo disfruto”, confiesa. “Puedo estar cantando frente a 50.000 personas y no hay problema, porque no interfiere en mi espacio personal. Pero si estoy caminando por la calle y se me acercan dos, ya empiezo a sudar. Hay gente que quizás puede decir: ‘Este cabrón es un huelebicho’, pero no es que yo no quiera compartir, es que no tengo unas destrezas sociales muy buenas, que digamos”. Por eso, antes de convertirse en uno de los claros protagonistas de la escena reguetón moderna, Mora se situaba cómodamente en la sombra, como arquitecto de algunos de los éxitos que catapultaron a grandes nombres de hoy, como Bad Bunny (Dákiti o La difícil llevan su rúbrica), Karol G (la omnipresente El makinón), Eladio Carrión o Anuel AA.
Realización: Agustina Piriz. Asistente de fotografía: Diego Pérez. Asistente de realización: Lidia Lara. Maquillaje: Fidel Fernández (Another Artists Agency). Coche: Vintage Cars.
Amanece en Nusfjord, una diminuta aldea de pescadores levantada sobre palafitos, aferrada a la rocosa costa de las islas Lofoten, un archipiélago en el norte de Noruega. La luz aquí parece tener sus propias reglas y, en un instante, la aldea se tiñe de un naranja intenso que lo envuelve todo, como si amaneciera con más ganas que en otras partes del mundo. Desde agosto hasta abril, cuando las noches se alargan, otra luz aún más mágica, las auroras boreales, se asoma por sorpresa en noches despejadas, dibujando paisajes tan hipnóticos como etéreos.
El presidente vuelve a ser candidato. Y se le nota. Habla con soltura, esquiva dardos, se planta con una sonrisa. Pedro Sánchez, a quien, tras la condena de su hermano y la crisis de Ceuta, se le veía debilitado, da la impresión de haber renacido con el 29-N, sus sextas elecciones generales. “Estos comicios se pueden resumir en una idea muy sencilla: o avanza el pasado o avanza España”, afirma.



