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Cuando Delphine Horvilleur (Nancy, 51 años) fue ordenada rabina, solo había tres en Francia. Tras vivir en Jerusalén y en Nueva York, cría a sus hijos en París. Allí es la entrevista con la autora de libros sobre judaismo como Reflexiones sobre la cuestión antisemita o Comprender el mundo. También ha publicado obras en las que trata el tema de la muerte, como Vivir con nuestros muertos o la nueva Cómo hablar de la muerte a los niños. En un café del Marais, cerca de su casa, la mujer con prisas y aparentemente desconfiada que inicia la conversación cambia de actitud a lo largo de la charla.
David France (Míchigan, 65 años) se instaló en Nueva York a comienzos de los años ochenta. Formaba parte del aluvión de gais y lesbianas que en esa época llegaron a la ciudad, como “una diáspora inversa”: “Habíamos nacido en el exilio, separados de los nuestros, pero nos reuníamos en un espacio que existía solo en nuestra imaginación”. Era 1981, el mismo año en el que el Centro de Control de Enfermedades (CDC) de EE UU notificó los primeros casos de una extraña neumonía. Todos eran hombres, jóvenes, y gais. France asistió a la propagación del virus del VIH y la eclosión de la pandemia de sida en uno de sus epicentros. También, a la lucha que sobrevino después para reclamar derechos para los afectados, pelear por la búsqueda de tratamientos, o hacer frente a una ola homofóbica. “Fue muy difícil adaptarse. Es un milagro que muchos hayamos sobrevivido”, explica en una entrevista por videollamada France, uno de los grandes narradores de la crisis del sida.

Claudia Flores preside el Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Discriminación contra las Mujeres y las Niñas. Suena muy bien, escrito así, pero esta profesora de la Universidad de Yale, experta en derechos humanos, recuerda que finalmente son solo cinco mujeres que trabajan de forma voluntaria para lograr cambios reales en las leyes, políticas y hasta en el lenguaje humanitario internacional.
Una amiga me lo advirtió antes de ir. “Las que vais a ver a Bad Bunny me parecéis las mismas que las que van a rezar al Papa, no me interesa nada ni lo uno ni lo otro”. A mí no me pareció que fuera lo mismo rezar que cantar cosas como “Si tu novio no te mama el culo, pa eso que no mame”, pero mi amiga tenía razón en algo fundamental. En la práctica, no hay tanta diferencia entre perrear y rezar en 2026. Y no es que lo diga ella (o yo), es que el papa León XIV se reunió con Bad Bunny en su apretada agenda madrileña en un guiño de complicidad cristiana y, por si quedaban dudas, Benito bendijo al Pontífice durante el concierto. Hacia la mitad apareció el sapo Concho, mascota animada de la gira, en las pantallas gigantes y dijo: “Acho, un fuerte aplauso para el Papa que ha llevado esperanza y unión a tantas personas en el mundo”.
“Mi meta es ser la primera figura de la canción española”, escribió Rocío Jurado. Lo logró, a juzgar por los 20 millones de discos vendidos y los 150 discos de oro y 60 de platino atesorados. La seña clave de que lo consiguió es que 20 años después de su muerte —el 1 de junio de 2006, a los 61 años— ya es un mito consagrado. Pero para su primogénita y heredera universal, Rocío Carrasco (Madrid, 49 años), era, sobre todo, su madre, con todo lo que eso conllevaba.
“Teruel existe” ha sido una de las campañas más exitosas de marketing y movilización social. Dos palabras que lograron poner a la provincia aragonesa en la conversación de media España y hacer ver a esa mitad y a la otra que Teruel no solo existía, sino que necesitaba inversiones con urgencia. Desde el punto de vista turístico sirvió también para que muchos potenciales viajeros descubrieran que Teruel tiene sitios fascinantes: Albarracín, las torres mudéjares, Alcañiz o la comarca del Matarraña.
Inquilinos y propietarios viven días de inseguridad e incertidumbre máximas desde el pasado 28 de abril, cuando decayó en el Congreso de los Diputados el Real Decreto-ley 8/2026, de 2 de marzo, que establecía la prórroga extraordinaria de dos años para los contratos de alquiler que vencieran hasta el 31 de diciembre de 2027 y fijaba un tope del 2% a la actualización anual de las rentas. Mientras estuvo vigente —apenas 39 días—, decenas de miles de inquilinos enviaron burofaxes a sus arrendadores solicitando acogerse al límite y al tiempo extra de dos años, un parapeto contra las subidas del alquiler. Pero muchos propietarios están comunicando a sus arrendatarios que rechazan las medidas. ¿Quién lleva razón?

¿Cómo es posible que la tapa todavía no haya sido declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO? Ok, impulsar ese reconocimiento está en la agenda del Plan Internacional de la Gastronomía Española, pero a la espera de la –lenta– burocracia de ese organismo basta con pisar la calle cualquier fin de semana para comprobar que el título está más que convalidado.








