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João Fara (Minas Gerais, 21 años) se lo pensó dos veces antes de decidir venir a estudiar a España. Entre los largos trámites del visado y la dificultad para conseguir una habitación donde vivir, el alumno matriculado en Ingeniería Química en la Universidad Politécnica de Madrid, estuvo a punto de abandonar su sueño. Fara llegará a Madrid la próxima semana y se convertirá en uno de lo más de 600.000 estudiantes internacionales que llegan a España cada año para estudiar un grado y posgrado académico. Pero los expertos en movilidad estudiantil temen que esta cifra se reduzca debido al encarecimiento de la vivienda en el país, en especial en ciudades como Madrid y Barcelona. El estudio Alojamiento de estudiantes y captación internacional: Desafíos y oportunidades en España 2025 señala que cerca del 30% de los estudiantes internacionales considera el hospedaje un criterio decisivo a la hora de decidir dónde estudiar, un factor que señalan especialmente crítico para escoger universidad los alumnos de Italia, Alemania, Estados Unidos, Canadá e India.
En muchas familias, las chucherías y la bollería industrial no llegan como un plan: se instalan en la rutina. Una bolsa de chuches “por si acaso”, un caramelo o una chocolatina para acortar la espera o para calmar una rabieta son gestos habituales, dicen pediatras y psicólogos. Los dulces dejan de ser un capricho y se convierten en un recurso doméstico: rápido, barato, disponible y, sobre todo, eficaz a corto plazo. Según el pediatra y nutricionista Carlos Casabona, el consumo de dulces no solo se da en los cumpleaños, celebraciones o días especiales: “Hablamos del goteo diario. Basta con mirar cualquier día las papeleras de colegios e institutos, llenas de envases de bollería, briks de bebidas azucaradas y latas de bebidas estimulantes mal llamadas energéticas”. ¿Cómo se gestiona ese exceso de dulces en casa sin convertirlo en un tabú? ¿Cómo salvar desayunos y meriendas sin caer, por inercia, en ultraprocesados y bollería industrial?

Cuando pensamos en aprender de la historia, solemos centrarnos en evitar que vuelvan malos tiempos —“aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”, escribió el español George Santayana—. El filósofo público Roman Krzanaric (Sídney, 55 años) ha querido darle la vuelta al argumento y se ha pasado cuatro años buscando ejemplos históricos positivos para enfrentarnos a los retos actuales, de la emergencia climática o el agotamiento de los recursos a la Inteligencia Artificial. El resultado es Historia para el mañana (Capitán Swing), recién publicado. “No se puede conducir un coche sin mirar el espejo retrovisor. He intentado mirar lo que ha salido bien para superar crisis o resolver problemas. La historia está llena de sabiduría oculta”, explica por videollamada.

Cuando conversas largo rato con Raül Refree (Barcelona, 49 años) sales con la sensación de que a veces has hablado con un músico y otras con un gurú al que no se le ha atravesado ninguna ínfula. Para quienes a lo largo de dos décadas de carrera han trabajado intensamente con él, reúne ambos dones. El primero de ellos, orgánico y estructural; el segundo, labrado a base de experiencia, estudio, una continua y profunda reflexión acompasada con intuiciones que sigue sin miedo a equivocarse, incluso para errar y, de ahí, aprender. A todo eso hay que añadir una extrema disposición a recibir lo mejor que la vida y el arte le puedan dar.
“No me da la vida” es una de las frases más repetidas para cancelar cafés con amigas. La frustración por querer llegar a todo y la necesidad de frenar derivan en un agotamiento silencioso del que habla Ana Morales en su libro Estado civil: cansada (Roca editorial, 2026). “Desconectar es un desafío cada vez mayor. Este mundo hiperconectado nos mantiene en alerta y hace que nuestro cerebro, ya de por sí con una mayor tendencia a pensamientos rumiativos y overthinking constante, sea una especie de centrifugadora mental desde que nos levantamos hasta que nos acostamos”.