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Antes de rodar el balón, el marcador ya le es adverso al estadio de Los Ángeles donde este verano se jugarán ocho partidos del Mundial de la FIFA. A la amenaza de huelga hecha por un sindicato que exige restringir el acceso a policías migratorios y mejores condiciones laborales para cientos de trabajadores del recinto, se le superpone la preocupación sobre la seguridad de la selección de Irán, que jugará en esa cancha ante la sombra de la guerra lanzada contra ese país por Estados Unidos e Israel. Las autoridades iraníes han pedido reubicar los encuentros de su equipo fuera del que consideran territorio enemigo, intensificando una disputa que ha trascendido del ámbito político al deportivo.
Estados Unidos ha anunciado este domingo el ataque sobre una embarcación en el Caribe en el que ha matado a tres personas, según un comunicado del Comando Sur. Acusan a la lancha de transitar por “rutas conocidas del narcotráfico”, sin especificar el lugar del bombardeo.
El frágil alto el fuego y la enorme incertidumbre sobre el futuro han provocado una ola de reacciones contradictorias entre la población iraní. Un sector, especialmente entre los partidarios de la República Islámica, rechaza cualquier concesión a Washington, convencido de que el control del estrecho de Ormuz otorga a Teherán una posición de fuerza. Otros muchos, en cambio, temen que insistir en el cierre de ese paso marítimo y no alcanzar un acuerdo pueda desencadenar nuevos ataques por parte de Estados Unidos e Israel. A todos les une, eso sí, la preocupación por la precaria situación económica.

EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es




EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es



Diego Manrique, leyenda del periodismo musical, es una figura un tanto excéntrica para arrancar una crónica económica, pero ahí va: hacia finales del siglo pasado, Manrique solía describir un grupo de innegable éxito en aquella época, Dire Straits, como la banda “más aburrida y sosa” que ha triunfado en la historia del rock. Dire Straits significa, literalmente, “situación desesperada”. Y esa es la imagen perfecta para retratar el estado del sector energético mundial: no hay nada aburrido o soso en un mercado que, tras siete semanas de ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, protagoniza uno de los shocks más acusados que se recuerdan y ha puesto patas arriba la economía mundial.
En el centro de detención Kenton County, en el Estado sureño de Kentucky, hay un migrante que pasa como un fantasma entre las decenas de detenidos, como si el mundo se hubiese olvidado de su presencia. “Estoy literalmente abandonado, como que no existo”, dijo a EL PAÍS en una llamada telefónica esta semana. Se trata del ciudadano español Miguel Barreno López, de 39 años, que lleva seis meses en manos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) a pesar de que un juez aprobó su salida voluntaria del país el 17 de noviembre de 2025 ante su deseo de regresar a España. Pero ninguna autoridad le informa o le dice nada desde entonces. “Es como si hubieran dicho: ¿Eres el único español aquí? Pues vas a estar hasta que nosotros lo decidamos”.

En el archivo personal del criminal de guerra Vjekoslav Luburić se puede leer: “El escudo croata está compuesto de 25 campos cuadrados en cinco líneas horizontales y cinco verticales. Los cuadros son blancos y rojos alternativamente”. Desde 1976, siete años después de su asesinato, tal escudo adorna la tumba de Luburić en el cementerio de Carcaixent, a 48 kilómetros de Valencia. Hasta ahora: el Gobierno acaba de incluir este inquietante panteón en el Catálogo de Símbolos y Elementos contrarios a la memoria democrática. El escudo debe ser retirado de inmediato y el lugar incorporará paneles informativos sobre las actividades del muerto: las matanzas de serbios, judíos, gitanos…en los campos de concentración de la Croacia aliada del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Maks (el carnicero) Luburić sorprendió por su determinación y violencia hasta a los jerarcas del III Reich.


Vive en Madrid desde hace muchos años, pero Úbeda, su pueblo, su gente, son la parte esencial del recuerdo de Antonio Muñoz Molina, que ahora tiene 70 años y es académico de la Lengua, premiado muchas veces por su literatura. Escribe en este periódico desde muy temprano, cuando era un muchacho que envío a Juan Luis Cebrián, el primer director, un artículo que no se publicó hasta que el autor protestó por la tardanza. Desde entonces, con altibajos, ha sido colaborador habitual de este diario en el que ahora, como su mujer, Elvira Lindo, es columnista habitual. Sus colaboraciones de los sábados en las páginas de Opinión inciden en el momento actual de la vida, de España, del mundo. Esta conversación, cuando el periódico en el que escribe cumple 50 años, es un reflejo del modo de pensar del autor, de su sosiego, de su compromiso y de su rabia. Desde el principio de la entrevista, Muñoz Molina advierte la naturaleza de lo que ahora ocurre con nuestro oficio, contra el que conspiran las fuerzas más poderosas.
En su temeraria concepción de las relaciones internacionales, que considera la guerra como una herramienta de negociación y no como el último recurso, el lenguaje amenazante como una fase obligatoria en cualquier diálogo, la historia como una anécdota y la verdad apenas como una opción más sobre la mesa, pocas personalidades mundiales quedaban en teoría fuera del destructivo radio de acción dialéctico de Donald Trump. Pero los sorprendentes, reiterados e injustificados ataques lanzados contra el papa León XIV demuestran, una vez más, que es un personaje sin límites que tampoco tolera competencia en el ámbito de la infalibilidad.