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La nueva fiscal general del Estado, Teresa Peramato, completó el pasado jueves un proceso de renovación interna que ha provocado duras críticas por parte de quienes entienden que con esta ronda de nombramientos discrecionales ha purgado a los detractores de su predecesor inmediato, Álvaro García Ortiz. La Unión Progresista de Fiscales (UPF) ha reaccionado denunciando una campaña de "deslegitimación sistemática", alejada de lo que cree que deberían ser críticas formuladas “desde el rigor, el respeto y la lealtad institucional".

Una de las tareas primordiales de un periódico es organizar el caos, hacer que el torrente de noticias, acontecimientos, reportajes y opiniones se parezca a una casa en la que apetezca entrar a vivir en lugar de una obra con materiales desperdigados en un solar. EL PAÍS lo lleva haciendo desde el primer día e incluso desde meses antes de salir a la calle, con las pruebas y los números cero. Ese trabajo de construcción permanente tiene una traducción cotidiana: la primera página de la edición impresa y la portada de la página web, que, si bien cambia a lo largo del día, siempre ofrece una foto fija en el arranque de cada jornada, a las seis de la mañana.


Caroline Graham Hansen (Oslo, 31 años) sostiene el balón en el que está escrito el nombre de su ciudad. Es el esférico de la final de la Champions, en su Noruega natal, allí donde aprendió a regatear apartando la nieve de las calles. Para llegar a ella deberá superar con el Barça al Bayern de Múnich en el Camp Nou este domingo (16.30, Teledeporte y TV3) tras el empate 1-1 en la ida de las semifinales. Sería la sexta final consecutiva del equipo azulgrana (espera el Olympique Lyonnes, que eliminó al Arsenal). Su futuro en el club, con el contrato cerca de expirar, está por resolverse. “Todavía falta firmar”, ríe sobre su renovación. Llegó hace siete años y siempre se sintió como en casa. “Hay experiencias aquí que tienes que vivirlas para saber cuánta ilusión te hacen. Voy a intentar repetir esta emoción todas las veces que pueda: nunca sabes cuánto te queda de carrera”, explica. En el campo lo demuestra con su osadía. Fuera es introvertida, siempre alejada del foco. Pero sonríe, habla despacio y se adelanta a las repreguntas con interés genuino en la conversación. “Soy bastante diferente a cómo la gente me ve dentro del campo”, confiesa.


Es un músico popular en todo el sentido del término, pues es conocido y su música se hunde en aquello que nos suena familiar, que parece llegado con las primeras papillas. En consecuencia, hacerse mayor no puede sino favorecerlo; el tiempo otorga cátedra, las palabras suenan más sabias y las canciones se agigantan, pues el público ha tenido aún más tiempo para hacerlas suyas, vincularlas a su vida y convertirlas en catecismos de la vida de barrio. Tal que un Lazarillo de Tormes contemporáneo, sus canciones reflejan la pillería y el gracejo de quien necesita de ambas cosas para vivir, y sus frases, escritas con la poesía a veces tierna, a veces tunante, siempre con la chispa de la frase sencilla, van por la vida en zapatillas, tratándola con doméstica familiaridad. Kiko Veneno tiene 74 años, pero sus canciones no tienen edad. En una nueva gira pasó por Barcelona estrenando algunas nuevas que formarán parte de su próximo elepé, dejando clara su vitalidad, también su carácter y cantando esas grandes verdades de bolsillo que lo hacen único. Kiko Veneno es un reflejo de cómo éramos, la foto de unos tiempos que están capitulando, atropellada su humanidad por velocidades que no dejan ver.