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Los años 20 han supuesto un crac en el uso de las herramientas digitales. Sea por la pandemia, que hizo madurar a los usuarios más rezagados, o por la propia evolución de las empresas, que se han impuesto adaptarse a esa transformación digital, a nadie le incomoda realizar trámites con el ratón, la tableta o el móvil. La banca ha sido pionera en esa avanzadilla. Unicaja se vuelca en la mejora constante de las plataformas y aplicaciones para desarrollar una experiencia más intuitiva, accesible y eficiente, que complementa el (insustituible) valor de la atención personal. Ofrece rapidez, comodidad y capacidad de gestión autónoma para las operaciones habituales de particulares, autónomos y empresas. Eso sí, el asesoramiento especializado continúa siendo fundamental en cuestiones de mayor complejidad, como la financiación, la inversión, los procesos de internacionalización o el crecimiento empresarial.
La mejora de la experiencia de cliente constituye uno de los ejes del ‘Plan Estratégico’ de Unicaja. La entidad impulsa un modelo que combina capacidad digital, especialización y cercanía para ofrecer una relación más sencilla y personalizada tanto a particulares como a empresas.
En el segmento empresas, esta apuesta se materializa a través de la ‘app’ de Unicaja Empresas, cuyo objetivo es facilitar la gestión financiera y la operativa diaria de compañías y profesionales. En suma, el objetivo es combinar la cercanía de un gestor especializado con herramientas digitales que permitan agilizar la operativa y responder a las nuevas necesidades del tejido empresarial.
Cuando sus padres le preguntan qué ha hecho ese día en el huerto, el niño siempre responde lo mismo: “Regar”. No cuenta que haya aprendido el nombre de un insecto ni descubierto cómo funciona un ecosistema. Solo dice: “Regar”. Y cada semana sus padres vuelven a preguntar y él vuelve a responder lo mismo.
La elección de las extraescolares tiene también su propia trampa. Mar Hurtado, presidenta de la Associació de Mestres Rosa Sensat, advierte de que los adultos apuntan a menudo a sus hijos a “aquello que ellos mismos no pudieron hacer o intentan garantizarles una acumulación de conocimientos que consideran útil para el futuro”. El deporte y los idiomas son dos de los terrenos donde más fácilmente aparece esa proyección. La pregunta, sostiene, no debería ser solo qué actividad parece más provechosa desde la mirada adulta, sino qué despierta en ese niño concreto.
Hace años, el periódico británico Financial Times lanzó una campaña —en los contados quioscos que ya entonces quedaban, cual reliquias entre vitrinas arqueológicas— que anunciaba el lema “Vivimos tiempos financieros”. Nunca imaginamos entonces que los días venideros —las fechas actuales— serían tan complicados. Pero las finanzas siguen presentes y continúan faltando. “Los conocimientos básicos de economía deberían ser obligatorios, como se enseñan matemáticas o biología”, reclama Silvia Herreros, profesora de Economía del colegio Pío XII de Valencia. “Pero los chicos solo empiezan a tener unos conocimientos básicos entre 3º y 4º de la ESO; antes ignoran términos tan sencillos como qué es la TAE (Tasa Anual Equivalente)”. La carencia de esta formación tiene enormes consecuencias. Piensan que ganar dinero es algo fácil, y muchos caen en ese mundo cenagoso donde se juntan youtubers insolidarios y cryptobros. “Nadie les inculca la trascendencia y el esfuerzo de tener un Estado de bienestar. Sus referentes cuando resultan jóvenes y permeables son personas, como youtubers, músicos, deportistas, que eluden o minimizan en Andorra o Suiza, digamos, cualquier pago fiscal”, lamenta Herreros. Además, hablar de dinero en la escuela —ahonda Carlo Sala, profesor del Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de Esade— sigue siendo incómodo porque toca desigualdad, capitalismo, deuda, impuestos, pensiones o clases sociales, y muchos temen que enseñar finanzas sea adoctrinar o cuestionar demasiado el sistema.
El problema se desmenuza al igual que caen los granos de trigo de una espiga. Las horas que se dedican a estas materias son escasas, las asignaturas tienen un enfoque macro y microeconómico y no tanto en cuanto a finanzas personales y educación básica, detalla Mónica Guardado, directora general de AFI Global Education y presidente de Accedia, que son los saberes que debería tener todo ciudadano para enfrentarse a sus decisiones personales. “Es necesario adaptar los temarios a las inquietudes de los jóvenes. Hay un incremento en inversiones en criptoactivos, por ejemplo, sin apenas conocer el tema”, avisa Guardado.
Son muchos los estudiantes que necesitan compatibilizar su formación universitaria con un empleo, responsabilidades familiares u otras actividades. Para ellos, disponer de alternativas que permitan organizar el estudio de acuerdo con sus circunstancias puede ser determinante a la hora de iniciar o continuar una carrera.
La experiencia universitaria se extiende también a otros ámbitos de la vida del estudiante, con servicios pensados para acompañarle durante su etapa formativa como el Servicio de Atención a la Diversidad, Asesoramiento Psicológico, el Centro de Emprendimiento o el de Deporte y Salud. Precisamente el deporte ocupa un espacio propio en la universidad, con programas dirigidos a quienes compaginan su formación con una trayectoria deportiva de alto nivel. En esta línea se enmarca el Programa Universidad de Alto Rendimiento Deportivo (UNARD). Está dirigido a deportistas, entrenadores, fisioterapeutas y otros componentes que conforman los equipos deportivos. A este programa se suman las Becas Universidad y Deporte, que facilitan que los estudiantes que compiten al más alto nivel puedan continuar sus estudios sin tener que renunciar a su carrera deportiva.
Gregor Samsa no había pasado una buena noche, pero su verdadera pesadilla comenzó al despertar. Tras la intranquilidad nocturna sintió una desconocida zozobra matinal: su cuerpo no se desperezaba como de costumbre. Algo había mutado, pero Gregor no sabía el qué. Se sentía secuestrado, tan cerca y tan lejos de aquel Gregor que apenas unas horas antes se había ido a dormir. Necesitaba otra perspectiva. Necesitaba nombrar aquello tan bizarro que le estaba ocurriendo y, a partir de ese gesto, tratar de salir del atolladero en el que se encontraba.
La sanidad privada es un negocio al alza que no para de crecer en España. Y buena parte del motivo hay que buscarlo en la pública: sus crecientes listas de espera y una atención que se percibe en continuo deterioro empujan a millones de ciudadanos a contratar un seguro. Pero la propia sanidad pública también trasvasa cada vez más dinero a la privada a través de conciertos, que en 2024 —último dato disponible— sumaron más de 10.000 millones de euros, algo más del doble que en 2002.
Todo empezó con los votantes de los nazis diciendo que estaban descontentos con lo que ocurría en el Reichstag, el Parlamento alemán. Siguió con la prensa popular clamando que aquello era una “caja de palabrería”. Y el resultado acabó siendo el acceso al poder de Adolf Hitler. A estos episodios recurre el gran filósofo alemán Peter Sloterdijk para explicar los paralelismos que se pueden establecer entre el ascenso del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) en los años treinta del pasado siglo y el de Alternativa para Alemania (AfD), el partido de extrema derecha alemán que la semana pasada dio el campanazo en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt. “La AfD, en cierto modo, es muy similar al NSDAP desde el punto de vista de esa supuesta inocuidad de sus comienzos”, dice acomodado en una butaca del hotel Eurostars Plaza Acueducto de Segovia, tras su participación en el Hay Festival de Segovia. En aquellos días, el NSDAP parecía ser un movimiento que combinaba a la perfección los principios del socialismo y el llamado “interés nacional”.