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El tren de la fabricación masiva de chips basados en silicio ya pasó para España y el resto de Europa. Lo cogieron otras potencias tecnológicas norteamericanas y asiáticas y alcanzarlo es inviable. Pero hay uno en camino más robusto, tolerante a mayores densidades de potencia, capaz de operar con voltajes más altos y a un mayor ancho de banda. El billete para subirse a esta tercera generación de procesadores, el elemento clave de cualquier dispositivo electrónico, se llama nitruro de galio (GaN), un semiconductor más veloz, reducido, resistente y barato. Indra Group lidera un consorcio, formado también por Televés Corporación, SPARC Foundry y RBZ Robot Design, para empezar a fabricar en Vigo estos nuevos chips en el plazo de un año: es el proyecto GIGaNTE.
Daniel S. (26 años, Valencia) siempre tuvo claro el destino de su viaje capilar, pero nunca imaginó cómo sería el trayecto hasta allí. Su abuelo era calvo y con solo 22 años acudió a una clínica. “Fui a pedir una operación, pero me advirtieron de que era muy joven y aún seguía hormonando. Me dijeron: ‘Te podemos poner pelo, pero se caerá en cinco años”, cuenta. Pastillas, tratamientos y champús retrasaron unos años lo inevitable y, cuando la caída se aceleró, decidió operarse. En consulta, por segunda vez, le volvieron a romper todos sus esquemas: iban a rellenar las entradas, pero no las iban a eliminar del todo.

A las clínicas también llegan pacientes con la intención de reparar diseños anteriores. ¿El origen? Desde operaciones antiguas al boom de los implantes low cost de hace unos años en Turquía. “No vamos a demonizar, no era el precio, sino el canon estético. El hombre árabe tiene líneas muy bajas y rectas y en Estambul te aconsejaban con su propia estética”, explica Zubiaur. La doctora está coordinando un estudio para tratar los casos de corrección de antiguas líneas de implantación. “Es complejo, pero esperemos que los resultados arrojen luz para saber cómo se puede resolver sin dejar marcas”.