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El País | Categorías: Tecnología, Palantir, Guerra, Ucrania, Europa, Inteligencia artificial, Defensa, Ministerios, Casa Blanca, Donald Trump15 Oct 2026 03:30
“El crecimiento allí es una mierda”. Así describió Alex Karp, consejero delegado y cofundador de Palantir, el desempeño de la empresa en Europa. Lo dijo el 3 de agosto ante los accionistas, mientras defendía un trimestre “extraordinario”. Palantir vende softwares que cruzan enormes cantidades de datos de fuentes muy distintas, y Karp sostuvo que ese continente estaría peor sin su empresa: “Apoyamos muchísimas instituciones en Europa, incluso instituciones clandestinas. Sin nuestros productos tendrían terrorismo desatado y su problema migratorio sería diez veces mayor.”
Follow The Money y sus medios colaboradores presentaron los hallazgos de esta investigación a Palantir, además de catorce preguntas detalladas. Palantir no ha entrado a contestar a esas preguntas, sino que ha remitido el mensaje de un portavoz: “Es necesario un debate serio sobre cómo salvaguarda Europa su soberanía tecnológica. La soberanía tecnológica debe medirse, en última instancia, por quién controla los datos, las decisiones y la misión, y no solo por la nacionalidad del proveedor de software”. Según Palantir, el control sobre los datos y sobre lo que se hace con ellos corresponde al propio cliente.
Y añade: “Desde 2011, Palantir trabaja con los gobiernos e instituciones de Europa elegidos democráticamente para aumentar la capacidad hospitalaria, acelerar el diagnóstico del cáncer, reasentar a refugiados de forma segura, combatir el crimen organizado, proteger a las víctimas de violencia doméstica y responder con mayor rapidez a inundaciones y otras emergencias”. Señala además que más del 20 % de los empleados de Palantir trabaja desde centros en Europa y que la compañía ayuda a empresas europeas a competir y crecer en sectores como el aeroespacial, el manufacturero y las ciencias de la vida. Palantir afirma además apoyar a los gobiernos europeos en la protección de su seguridad nacional, incluso en Ucrania.
En una respuesta anterior a este mismo consorcio de medios, Palantir negó las acusaciones de implicación en violaciones de derechos humanos.
El País | Categorías: Tecnología, Meta, Mark Zuckerberg, Inteligencia artificial, Freelancer, Economía sumergida, Impuestos, Privacidad internet15 Oct 2026 03:30
La inteligencia artificial parece muy lista, pero no aprende sola. Miles de humanos han guiado su aprendizaje, corrigiendo y ajustando sus respuestas. Un informe publicado este jueves por las plataformas de investigación DiPLab y Reversing.Works da nuevos detalles sobre cómo miles de trabajadores europeos trabajan a ratos sueltos para Outlier, una plataforma de Scale AI. En junio de 2025, Meta pagó 12.400 millones de euros por el 49% de Scale AI y su fundador, Alexandr Wang, pasó a ser director de IA de la compañía de Mark Zuckerberg. Antes de esa adquisición, Outlier ayudaba también a entrenar los modelos de empresas como OpenAI o Google.
El País | Categorías: Viajes, Uganda, África, Lonely Planet, Safari, Fauna, Turismo aventura, Senderismo15 Oct 2026 03:30
Desde las remotas sabanas del parque nacional del Valle del Kidepo, en la frontera con Sudán del Sur, hasta las selvas montañosas donde sobreviven los gorilas de Bwindi, Uganda reúne una diversidad de paisajes difícil de igualar en África. Entre montañas cubiertas de niebla, aldeas donde el café se seca al sol, humedales habitados por aves y las inmensas aguas del lago Victoria, el país se ha convertido en uno de los destinos más sorprendentes del continente. Un lugar que durante décadas vivió a la sombra de sus vecinos más famosos, pero que hoy ofrece algunos de los paisajes y experiencias más auténticos de África.
BBC Mundo | Categorías: Sin categoría14 Oct 2026 11:08
Unas imágenes ganadoras del premio Fotógrafo de Vida Silvestre del Año 2026 revelan un comportamiento poco común de los elefantes y la complejidad de su vida emocional.
El País | Categorías: Viajes, Escocia, Reino Unido, George Orwell, Turismo cultural, Islas, Turismo14 Oct 2026 03:30
Cuando George Orwell llegó a la isla escocesa de Jura para aislarse del mundo en 1946, escribió en su diario: “Este es un lugar extremadamente inaccesible”. Basta con intentar llegar hasta su casa en Barnhill para comprender que no exageraba: Jura está al otro lado de Islay y, una vez en esa isla, todavía hay que seguir avanzando hacia el norte por carreteras y caminos que parecen empeñados en devolver al viajero al punto de partida. Tengamos en cuenta este dato: en Jura viven 250 personas y 5.000 ciervos. Jura es la hermana pequeña de Islay, una de las islas más narcóticas de las West Highlands escocesas (las tierras altas del oeste) y donde viven 3.000 personas que gozan del lujo medioambiental yendo a donde el viento quiera, un viento con propiedades altamente saludables, que despeja y ventila como una verdad incómoda y con el que uno acaba empatizando porque, al fin y al cabo, él también parece tener prisa por detenerse a contemplar.
El País | Categorías: Cultura, Novela, Ucrania, Holocausto judío, Guerra, Kiev, Novela histórica12 Oct 2026 03:30
Sofía Andrujóvich (Ivano-Frankivsk, Ucrania, 1982) escribió en 2020 quizá la novela más importante sobre el Holocausto que han dado las letras ucranias. Amadoca es una obra de tres volúmenes que ha recibido múltiples premios literarios en Europa. Ahora llegan al público en español sus dos primeras partes, con el título La historia de Romana y Uliana.
El País | Categorías: Aitana Sánchez Gijón, Actrices, Mujeres, Cine español, Teatro, Pedro Almodóvar, Federico García Lorca, Juan Diego Botto, Rafael Alberti, Puerta del Sol, Pilar Miró, PCE, Teo Lucadamo11 Oct 2026 03:40
El domingo 27 de septiembre, cuando las primeras tiendas de campaña de la madrileña Puerta del Sol no llevaban ni 24 horas levantadas, Aitana Sánchez-Gijón visitó la acampada naciente. Repartió kilos de plátanos y empanadas a los jóvenes que no pensaban moverse de ahí en los próximos días. Saludó a su hijo mayor, el cantante Teo Lucadamo, quien había pernoctado con ellos. Grabó un vídeo para sus redes sociales: “Si estáis por Madrid, en vuestras ciudades, organizaos, acampad y haceos oír. Todas y todos juntos creo que podemos conseguir grandes cosas”, pidió a sus seguidores. Y se fue a trabajar, a Alcalá de Henares, donde esos días representaba la obra Malquerida, actualmente de gira. Mientras actuaba, el vídeo se viralizó y su visita se convirtió en uno de los momentos más comentados de aquel primer día de acampada. Lo que estaba sucediendo en Sol, esa rabia acumulada, no era solo cosa de jóvenes.
Indignación. Es lo primero que se respira nada más entrar a la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), escenario el miércoles, de un violento escrache contra el expresidente del Gobierno Felipe González y el periodista Juan Luis Cebrián, dentro del foro «Jornadas sociedad civil y cambio global». Mientras algunos alumnos aprovechan los últimos coletazos de buen tiempo para tomar fuera un café, otros se recluyen en el interior para acometer las tareas pertinentes. Los trabajadores de limpieza se afanan en sacar brillo a un edificio que a simple vista escapa del prototipo de una madriguera radical dentro del ámbito universitario.
Tres mesas situadas en diferentes puntos del interior recogen firmas para condenar lo ocurrido. Son estudiantes de la propia facultad, que a través de los grupos de delegados, «votados por todos los compañeros de clase», se han organizado para mostrar su repulsa. No quieren que se les identifique con los violentos, ya que «la universidad es un espacio donde tiene que haber libertad de expresión y diálogo, y nadie puede ser sufrir ningún tipo de violencia», explica un integrante de una de las mesas.
Llevan recogidas más de mil firmas y solo son alrededor de 3.000 los matriculados. Una cifra que contrasta con los apenas 150 vándalos que acudieron a reventar el acto. Los alumnos han redactado un manifiesto, que el decanato ha leído y aprobado, donde transmiten a la sociedad que en su facultad les permiten exponer cualquier idea, mostrar pancartas, realizar actos, movilizaciones, huelgas o manifestaciones: «Y por ese motivo no necesitamos recurrir a otros medios, como los empleados en esta ocasión, porque podemos hablar y expresarnos por otros medios respetando las normas». Manuela Carmena, que ayer participó con total tranquilidad en el mismo foro, plasmó su firma al final de su ponencia.
La decana está recabando información que identifique a los autores, sean individuos o asociaciones
El goteo de jóvenes dispuestos a dejar por escrito su rechazo fue constante. No tienen miedo y esperan que los hechos no queden impunes. «Vamos a llevar una declaración a la Junta de la Facultad para que tome las medidas oportunas. La primera en firmar fue la decana y nos consta que hay abierta una investigación para expulsar a los responsables», asegura una universitaria.
Según explica la decana, Yolanda Valdeolivares, lo importante el miércoles fue garantizar la seguridad, pero ahora es tiempo de investigar y recabar información para «adoptar las medidas que lleven a reconocer a los responsables de los hechos y a acreditar su identidad, ya sea a título personal o de asociación».
De camino al salón de actos Tomás y Valiente, situado en la segunda planta, otro estudiante advierte que la facultad «es un laberinto», al tiempo que señala una planta más abajo, el pasillo donde está la sede de Habeas Corpus, una asociación autodenominada antifascista y anticapitalista, registrada oficialmente por el decanato, a la que muchos señalan como participantes activos en el boicot. «Aunque no sepamos quién lo ha organizado, cualquiera que estuvo allí es capaz de identificar a los compañeros de su clase que han provocado esto», relata el mismo alumno.
Su testimonio es clave para entender la magnitud de lo acontecido. Junto a varios amigos y compañeros trató de acceder al curso, en el que estaban matriculados. «Las ponencias comenzaron el martes y en ninguna pasó nada. Nadie cree que algo así pueda ocurrir». Los violentos accedieron a la facultad portando caretas, algunas de ellas con el nombre de José Antonio Lasa y Christian Olaskoaga -etarras asesinados por los GAL-, y se marcharon lanzado un petardo de gran tamaño en el pasillo, que provocó la caída de los protectores de las luces halógenas e impactaron sobre el cuerpo de algunas personas.
«Entre medias, además de empujones, insultos y golpes y de agredir a un profesor de 70 años, en un momento dado vi un cuchillo de cocina de grandes dimensiones, de esos que la hoja del filo tiembla, y salí de allí corriendo. El arma la encontró un profesor, motivo por el cual los manifestantes lo acusaron de haberlo puesto en ese lugar como una falsa prueba», sentencia el propio afectado.
La turba fue organizada por los radicales a través de las redes sociales y grupos de Whatsapp
En la guarida de Habeas Corpus hay cerca de 20 personas. «Estamos de asamblea, ¿qué queréis?». El revuelo que provoca nuestra presencia es evidente, conscientes de que viven días complicados. «Nuestra asociación no ha organizado nada y tampoco sabemos si alguien de aquí a título individual ha participado», expresa uno de sus miembros.
Señalados por sus propios compañeros de pupitre, dudan entre expresar su visión o permanecer callados, hecho este último que acaba imponiéndose. Aunque no sin antes asegurar en relación al cuchillo que «fueron los escoltas de Felipe González los que lo dejaron tirado en el suelo para incriminarnos».
Grupos ajenos a la facultad
La Federación de Estudiantes Libertaria (FEL), que tiene implantación en la Complutense, en la Carlos III y en la propia Autónoma, se ha atribuido el violento escrache con un mensaje desafiante en Twitter: «Muchas gracias por todas las muestras de solidaridad. Meterse con dos Capos del Régimen tiene consecuencias».
La FEL se define como una «organización anarquista», creada en 2014 tras la «desmovilización estudiantil post-Bolonia» y para hacer frente a una universidad «cada día más elitizada». Junto a ellos, también estaba Izquierda Castellana, el «brazo político» del antifascismo y cuya rama juvenil, Yesca, está asentada en la UCM.
El plan estaba claro. Y el punto de encuentro también. «La convocatoria estaba preparada para quedar en la Facultad de Psicología, reunir a toda la gente que vino de la Complutense y de allí entrar en masa para tener el mayor impacto posible», describen los inscritos en el propio curso. La turba fue convocada en redes sociales, y mediante grupos de WhatsApp, un mecanismo que utilizan cada vez más para eludir la vigilancia policial.
Indignación. Es lo primero que se respira nada más entrar a la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), escenario el miércoles, de un violento escrache contra el expresidente del Gobierno Felipe González y el periodista Juan Luis Cebrián, dentro del foro «Jornadas sociedad civil y cambio global». Mientras algunos alumnos aprovechan los últimos coletazos de buen tiempo para tomar fuera un café, otros se recluyen en el interior para acometer las tareas pertinentes. Los trabajadores de limpieza se afanan en sacar brillo a un edificio que a simple vista escapa del prototipo de una madriguera radical dentro del ámbito universitario.
Tres mesas situadas en diferentes puntos del interior recogen firmas para condenar lo ocurrido. Son estudiantes de la propia facultad, que a través de los grupos de delegados, «votados por todos los compañeros de clase», se han organizado para mostrar su repulsa. No quieren que se les identifique con los violentos, ya que «la universidad es un espacio donde tiene que haber libertad de expresión y diálogo, y nadie puede ser sufrir ningún tipo de violencia», explica un integrante de una de las mesas.
Llevan recogidas más de mil firmas y solo son alrededor de 3.000 los matriculados. Una cifra que contrasta con los apenas 150 vándalos que acudieron a reventar el acto. Los alumnos han redactado un manifiesto, que el decanato ha leído y aprobado, donde transmiten a la sociedad que en su facultad les permiten exponer cualquier idea, mostrar pancartas, realizar actos, movilizaciones, huelgas o manifestaciones: «Y por ese motivo no necesitamos recurrir a otros medios, como los empleados en esta ocasión, porque podemos hablar y expresarnos por otros medios respetando las normas». Manuela Carmena, que ayer participó con total tranquilidad en el mismo foro, plasmó su firma al final de su ponencia.
La decana está recabando información que identifique a los autores, sean individuos o asociaciones
El goteo de jóvenes dispuestos a dejar por escrito su rechazo fue constante. No tienen miedo y esperan que los hechos no queden impunes. «Vamos a llevar una declaración a la Junta de la Facultad para que tome las medidas oportunas. La primera en firmar fue la decana y nos consta que hay abierta una investigación para expulsar a los responsables», asegura una universitaria.
Según explica la decana, Yolanda Valdeolivares, lo importante el miércoles fue garantizar la seguridad, pero ahora es tiempo de investigar y recabar información para «adoptar las medidas que lleven a reconocer a los responsables de los hechos y a acreditar su identidad, ya sea a título personal o de asociación».
De camino al salón de actos Tomás y Valiente, situado en la segunda planta, otro estudiante advierte que la facultad «es un laberinto», al tiempo que señala una planta más abajo, el pasillo donde está la sede de Habeas Corpus, una asociación autodenominada antifascista y anticapitalista, registrada oficialmente por el decanato, a la que muchos señalan como participantes activos en el boicot. «Aunque no sepamos quién lo ha organizado, cualquiera que estuvo allí es capaz de identificar a los compañeros de su clase que han provocado esto», relata el mismo alumno.
Su testimonio es clave para entender la magnitud de lo acontecido. Junto a varios amigos y compañeros trató de acceder al curso, en el que estaban matriculados. «Las ponencias comenzaron el martes y en ninguna pasó nada. Nadie cree que algo así pueda ocurrir». Los violentos accedieron a la facultad portando caretas, algunas de ellas con el nombre de José Antonio Lasa y Christian Olaskoaga -etarras asesinados por los GAL-, y se marcharon lanzado un petardo de gran tamaño en el pasillo, que provocó la caída de los protectores de las luces halógenas e impactaron sobre el cuerpo de algunas personas.
«Entre medias, además de empujones, insultos y golpes y de agredir a un profesor de 70 años, en un momento dado vi un cuchillo de cocina de grandes dimensiones, de esos que la hoja del filo tiembla, y salí de allí corriendo. El arma la encontró un profesor, motivo por el cual los manifestantes lo acusaron de haberlo puesto en ese lugar como una falsa prueba», sentencia el propio afectado.
La turba fue organizada por los radicales a través de las redes sociales y grupos de Whatsapp
En la guarida de Habeas Corpus hay cerca de 20 personas. «Estamos de asamblea, ¿qué queréis?». El revuelo que provoca nuestra presencia es evidente, conscientes de que viven días complicados. «Nuestra asociación no ha organizado nada y tampoco sabemos si alguien de aquí a título individual ha participado», expresa uno de sus miembros.
Señalados por sus propios compañeros de pupitre, dudan entre expresar su visión o permanecer callados, hecho este último que acaba imponiéndose. Aunque no sin antes asegurar en relación al cuchillo que «fueron los escoltas de Felipe González los que lo dejaron tirado en el suelo para incriminarnos».
Grupos ajenos a la facultad
La Federación de Estudiantes Libertaria (FEL), que tiene implantación en la Complutense, en la Carlos III y en la propia Autónoma, se ha atribuido el violento escrache con un mensaje desafiante en Twitter: «Muchas gracias por todas las muestras de solidaridad. Meterse con dos Capos del Régimen tiene consecuencias».
La FEL se define como una «organización anarquista», creada en 2014 tras la «desmovilización estudiantil post-Bolonia» y para hacer frente a una universidad «cada día más elitizada». Junto a ellos, también estaba Izquierda Castellana, el «brazo político» del antifascismo y cuya rama juvenil, Yesca, está asentada en la UCM.
El plan estaba claro. Y el punto de encuentro también. «La convocatoria estaba preparada para quedar en la Facultad de Psicología, reunir a toda la gente que vino de la Complutense y de allí entrar en masa para tener el mayor impacto posible», describen los inscritos en el propio curso. La turba fue convocada en redes sociales, y mediante grupos de WhatsApp, un mecanismo que utilizan cada vez más para eludir la vigilancia policial.