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“Sosteneos los unos a los otros y apoyaos mutuamente y disfrutad”, ha pedido este sábado 25 de julio la reina Máxima de Países Bajos durante la inauguración del World Pride 2026, que se celebra por primera vez en Ámsterdam. En su discurso, ha preguntado: “Poder ser uno mismo, amar a quien quieras. ¿No es eso lo normal?”, para contestar luego que, por desgracia, “eso no es algo que se dé por sentado”. La esposa del rey Guillermo de los Países Bajos, que ha interrumpido sus vacaciones para asistir a la cita, ha sido la primera reina en la historia de la realeza en encabezar una apertura de esta clase, mostrando así su apoyo a un encuentro que pretende resaltar la inclusión, visibilidad y derechos de la comunidad LGTBIQ+. Las celebraciones comienzan este sábado y durarán dos semanas, hasta el próximo 8 de agosto, y el Ayuntamiento calcula que podrían asistir hasta un millón de personas a los eventos.

Sé que hay incendios. Están lejos pero sus efectos llegan hasta aquí bajo forma de olor y ese color, que te dicen peligro. Peligro más o menos distante, que preocupa sobre todo por lo insólito, lo impensable de unas llamas que, sin ton ni son, sin lógica ninguna ni control, podrían, si los azares las ayudan, acercarse, llegar. Es su regreso vengativo.
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha recordado este sábado en su cuenta personal de la red social Bluesky, que aquellas personas que no puedan acceder o desplazarse hasta su puesto de trabajo por culpa de incendios como los de Ávila y Madrid tienen derecho a cuatro días de permiso retribuido, tal y como se recoge en el Estatuto de los Trabajadores. Este permiso climático fue aprobado mediante Real Decreto en noviembre de 2024 tras la trágica dana que sufrió Valencia en octubre de ese año, que acabó con la vida de 229 personas y arrasó con buena parte del tejido productivo de la zona.

Los pinchos morunos, la chistorra y los chorizos, restos de una barbacoa frustrada, descansan sobre la mesa junto a una botella de aceite retorcida por el calor. Solo dos tiendas de campaña se han librado del fuego en el camping del valle de Iruelas (Ávila), donde dos toallas tendidas, semiquemadas, ilustran el milagro. Lo demás está arrasado. Huele a plástico quemado, los muchísimos bungalows se han prácticamente derretido, una moto es ahora un amasijo metálico, y de la cama elástica solo queda el esqueleto. Así parcela tras parcela por el azote del fuego de Burgohondo, devastador en el sur abulense. Los bosques han ardido, y con ellos el entorno de casas y negocios para desesperación de muchas familias que temen el golpe económico que viene.

