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He llegado a la conclusión de que tener hijos es para ricos. Me explico. Acaban de operar a mi hijo por una rotura de húmero, tenemos cinco días de permiso, y a correr. Si queremos cuidarlo más tiempo existe la opción de acogernos al nuevo permiso parental no retribuido. ¿A eso le llaman ayuda? Tras ser madre tuve que pedir excedencia con cada uno de mis dos hijos, sin cobrar. Cuando me incorporé a trabajar, me vi obligada a dejar a los niños en una guardería de pago: en la pública no nos aceptaban porque ambos trabajamos. Es decir, se subvenciona el cuidado a aquellos que no trabajan y por tanto podrían quedarse al cuidado de sus niños. Cuando llega el verano no tenemos otro remedio que meterlos en un campus de verano durante mes y medio —tenemos 23 días anuales de vacaciones como casi todo hijo de vecino—, embolsando 1.600 euros, porque los campus más económicos no cubren nuestro horario laboral. Para colmo, cuando se debate la búsqueda de soluciones y que el periodo vacacional no sea tan extenso, tenemos que escuchar comentarios de maestros que dicen que usamos el colegio como un aparcamiento de niños. No me extraña que en los hogares ya haya más mascotas que prole.
Falta poco más de un mes para que la Comunidad de Madrid sea sede por segunda vez en su historia de una Copa del Mundo de escalada con dos pruebas, búlder y velocidad. Pero el hito podría verse empañado por la participación de la selección de Israel en la competición, que tendrá lugar en Alcobendas: más de 120 organizaciones y colectivos deportivos de toda España se han unido para exigir el veto de ese país en el evento porque entienden que es un intento más de “blanquear” a través del deporte el genocidio que comete el Gobierno de Benjamín Netanyahu contra la población de Palestina. Las asociaciones ya han tratado “por todos los medios” llegar a un entendimiento con las partes involucradas en la organización del evento, nacionales e internacionales, pero no descartan que próximamente Madrid viva algo parecido al boicot de la etapa final de La Vuelta en 2025.
En 2021, la murciana Miriam González, de 35 años, fue al médico por el sangrado de una mama. Le dijeron que tranquila, que todo era normal. Pero en 2024 le diagnosticaron cáncer de mama y, poco después, comprobó que era metastásico en estadio cuatro. “Al principio pensé que el diagnóstico era una sentencia inmediata, que me quedaban días o semanas”, explica González en un intercambio de mensajes con EL PAÍS. Pero no fue así, tenía algo de margen: “Empecé a oír cronicidad y calidad de vida, y vi que el panorama hoy es distinto. Esa transición mental, del ‘me muero ya’ al ‘voy a convivir con esto’, fue dura y necesitaba entender en qué terreno me movía”, explica.
Jess Michaels, superviviente de agresiones sexuales de Jeffrey Epstein desde 1991 hacía hincapié en ese año la semana pasada, durante una intervención en el festival de periodismo internacional de Perugia. “Esto llevaba pasando mucho más tiempo de lo que se habla en la prensa”, explicó Michaels. “Durante 30 años pensé que yo era la única persona a la que había violado y que era mi culpa”. Ella, como otras supervivientes, pide que no se deje de hablar ni de escribir sobre la violencia de género. Además, reclama que se haga desde la perspectiva de las mujeres, que se las escuche y que se explique hay un sistema de desigualdad que permite que estos crímenes sucedan.
Aquests dies estic de promo, la qual cosa implica fer moltes entrevistes. De nou constato que hi ha una pregunta que em fan una vegada i una altra, fins i tot sovint no és una pregunta sinó una cosa que el periodista dona per feta: que la protagonista soc jo disfressada. Un parell, per exemple, m’han fet notar que les vocals de Ramona són les mateixes que les vocals de Carlota, cosa que a mi ni m’havia passat pel cap.
En el verano de 1936 Federico García Lorca tenía por delante un otoño intenso con el estreno de La casa de Bernarda Alba y Así que pasen cinco años, la reposición de Doña Rosita la soltera, y la publicación de Poeta en Nueva York, que ya había entregado a José Bergamín. También tenía listo el poemario Diván de Tamarit y trabajaba en dos obras teatrales, Sueños de la vida y Sueños de mi prima Aurora, y en un borrador del que apenas escribió apenas unas páginas, cuyo título original, La bola negra, él mismo transformó en otro nuevo, La piedra oscura. Esa ebullición creativa quedó trágicamente truncada el 18 de agosto, cuando el poeta fue fusilado en Granada por las tropas sublevadas contra el gobierno de la República, pero el trabajo sobre y a partir de su legado no ha cesado desde entonces.
Unidentified, Sin identificar, la nueva película de la cineasta de Arabia Saudí Haifaa al- Mansour, es un thriller muy canónico (incluso en lo de su inesperado giro al final) y realizado con pulcritud y oficio por su directora y guionista, conocida por sus filmes Wadja (la bicicleta verde), Mary Shelley o La candidata perfecta. Lo que la convierte en fascinante es dónde transcurre (Riad) y el retrato que hace de una sociedad, la saudí, en plena transformación y llena de contradicciones, sobre todo en lo referente al papel de la mujer. Más allá de mostrar qué práctico es el niqab para realizar un seguimiento policial sin que te descubran o lo curiosa que queda la abaya (la túnica larga preceptiva) con las zapatillas Adidas samba, Unidentified permite asomarse de manera privilegiada a un mundo cerrado en el que formas tradicionales de opresión de la mujer coexisten hoy con sorprendentes signos de apertura y comportamientos inesperados. La película, que se presenta en el BCN Film Fest de Barcelona y llegará a las salas comerciales el 26 de junio, se centra en la pesquisa de la detective aficionada Nawal (Mila Alzahrani), que trabaja de secretaria en una comisaría de delitos menores, para esclarecer la muerte de una joven asesinada en el desierto a las afueras de la ciudad.

Sus experiencias personales fueron la base de su proyecto. Marta Loza (Gijón, 44 años) y Marta Bassols (Barcelona, 45 años) se conocieron por amigos comunes, ambas llevan años realizando distintas funciones en el mundo audiovisual, desde continuidad y dirección de arte (Loza) a guiones e interpretación (Bassols), y hace siete años pensaron en contar la historia de una madre que se enfrenta a la crianza en solitario de su hijo. Sus ideas han cristalizado en Yo siempre a veces (desde el 23 de abril en Movistar Plus+). “Las cosas han cambiado, mi abuela tuvo un hijo soltera en la Guerra Civil y prácticamente lo crio sola y en vergüenza. Mi madre se separó en los noventa y había algo de ‘No lo digas, qué van a pensar en el colegio’, se vivía como un fracaso. Hoy no es un estigma; el problema ya no es que sea una vergüenza estar sola, sino que la sociedad te lo pone muy difícil”, analiza Loza. Por eso en su serie Laura, la protagonista, aborda temas que van desde la crianza colectiva a los alimentos procesados, la conciliación o las ganas de ir de rave en Barcelona.
En muchas familias con hijos adolescentes hay una escena que se repite: un joven en su habitación absorto en su mundo, una tarea pendiente por hacer y un “ahora lo hago” que se alarga durante gran parte del día. Desde la puerta, el adulto interpreta desgana, falta de interés, provocación o pasotismo. Desde dentro, sin embargo, la experiencia es totalmente diferente. En muchas ocasiones, se trata de un bloqueo, un malestar emocional o una incapacidad de organización.