Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
L a prenda más usada del mundo es un auténtico ecodesastre. En el libro Unraveled. The Life and Death of a Garment (Portfolio, 2021) Maxine Bédat narra la vida de un par de vaqueros, desde la granja donde se cultiva el algodón, el proceso de hilado, lavado y teñido, la costura, la venta en tiendas, hasta su más que probable final en un vertedero. Es un viaje que recorre el mundo de América a Asia, para terminar en África.
Cada vez hay más personas que quieren una relación estable, que desean compartir la vida con alguien, que están dispuestas a implicarse. Personas que no juegan a hacerse las interesantes, que no esperan tres horas para contestar un mensaje. Y que, aun así, o quizá precisamente por eso, se encuentran con silencios, ambigüedad o ghosting. Cuando expresan con claridad que les gusta la otra persona, que quieren conocerla en serio, algo se enfría. Aparecen las respuestas tardías, la indefinición, lo que viene siendo una clásica situationship. A los que se muestran disponibles se les acusa de ir rápido, de ser intensos o de estar demasiado implicados. Mientras tanto, quien se mantiene en una posición difusa despierta más interés, más persecución, más deseo. Es una sensación extendida que invita a preguntarse qué está pasando en nuestra forma de vincularnos.

El jueves, durante el último entrenamiento del Atlético de Madrid en el Cerro del Espino, Antoine Griezmann marcaba junto a Koke el paso del trote de un grupo compuesto por la gran mayoría de los jugadores que jugarán de inicio la final de la Copa del Rey. Minutos antes, durante el rondo, mostraba el mismo aire de disfrutón con el que trata de impregnar sus últimos partidos como rojiblanco y en el fútbol español. El verbo disfrutar ha adquirido un uso preponderante en el futbolista que más focos acapara para la cita de este sábado (21.00, TVE-1 y Movistar) por enfrentarse los dos clubes, Real Sociedad y Atlético, en los que se ha sentido realizado como futbolista. “Cuando estoy en el campo disfruto de cada pase, de hacer una entrada, de una asistencia o de una instrucción del Cholo. Estoy disfrutando mucho de todo”, aseguró este viernes el atacante galo en la sala de prensa de La Cartuja.
“El Atlético siempre fue un equipo copero”, suele decir Diego Pablo Simeone, que 13 años después de la conquista de la última Copa del Rey puede elevar a 11 los títulos que la entidad rojiblanca ha logrado en esta competición. Las diez anteriores tuvieron un impacto notable en el devenir de la historia del club rojiblancos. Desde la primera, lograda en el Santiago Bernabéu en 1960, contra el Real Madrid de Di Stéfano (3-1) recién coronado pentacampeón de Europa en el Bernabéu, hasta la última en 2013, que acabó con 14 años sin ganar un derbi con aquel cabezazo de Miranda en la prórroga, cada uno de los entorchados coperos supuso un punto de inflexión en la historia del club.
En el fútbol moderno, donde el foco suele recaer en cifras, velocidad o impacto mediático, hay jugadores que construyen su leyenda de una forma mucho más silenciosa. Mikel Oyarzabal pertenece a esa categoría especial: la de los futbolistas que aparecen cuando el contexto se estrecha, cuando la presión es máxima y cuando los partidos dejan de ser partidos para convertirse en historia. No es casualidad que su trayectoria esté marcada por una constante difícil de encontrar incluso entre los grandes: su influencia directa en las finales.
El primer síntoma de que Sevilla se prepara para algo importante se produce en la céntrica Alameda. La comisaría situada en este emplazamiento, sede también de la comisaría provincial de la Policía Nacional, amanece blindada desde el pasado miércoles. Lo que se le viene encima a la capital de Andalucía en este supersábado 18 de abril es todo un desafío. 50.000 aficionados del Atlético y la Real Sociedad con entrada para la final de la Copa en el estadio de La Cartuja, la tradicional corrida de toros en la Maestranza y un fin de semana previo a la Feria de Abril, que comienza el próximo lunes aunque ya se vive lo que los sevillanos conocen como la preferia. Asegurar la movilidad y la seguridad de un millón de personas en la capital andaluza es el objetivo de las autoridades.
Cuatro meses y un día después de ganar con claridad las elecciones autonómicas, la popular María Guardiola revalidará el miércoles su cargo como presidenta de Extremadura gracias a la mayoría absoluta que suman su partido y Vox tras el pacto cerrado el jueves por ambas formaciones. Su intención cuando llamó a las urnas era que la política regional no se viese condicionada por la extrema derecha. Ahora todos los electores de esa comunidad —incluidos los casi 229.000 que dieron la victoria al PP— comprobarán que, para seguir al frente de la Junta, Guardiola ha suscrito parte de la agenda más ultra y tóxica del partido de Santiago Abascal. Sobre todo, en materia de inmigración.
España necesita hablar abiertamente sobre la inmigración y el proceso de regularización que acaba de poner en marcha el Gobierno es una muy buena oportunidad para hacerlo. La mejor manera de desarmar los discursos populistas no es evitar las preguntas difíciles, sino afrontarlas con rigor y sin complejos. Porque hay una pregunta que España lleva demasiado tiempo sin formularse con la seriedad que merece: ¿tenemos una política migratoria que de verdad esté alineada con las necesidades y las capacidades del país, respetando a su vez los derechos de los inmigrantes? La respuesta del Cercle d’Economia, como hemos argumentado en una nota reciente que aborda la cuestión desde una perspectiva amplia —modelo productivo, cohesión social, Estado de bienestar—, es que no.

Olvida todo lo que sabías sobre la evolución humana reciente. Por reciente quiero decir la ocurrida durante los últimos 10.000 años, milenio arriba o abajo. Eso es el Neolítico, la era marcada por la invención de la agricultura y la consecuente aparición de la civilización. Eso es solo el doble de lo que solemos llamar Historia. Y nuestra especie, el Homo sapiens, tiene solo 10 o 20 veces esa cifra. Este es el marco temporal en el que se desarrolla nuestro drama evolutivo.