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Es oportuno rescatar un viejo dicho en este oficio: las opiniones son libres, los hechos son sagrados. En este tiempo acelerado, son muchos los que se lanzan a opinar antes de saber, y parecen menos los que quieren saber antes de opinar. El periodismo se debe a los segundos. Los medios tienen opiniones: se llama línea editorial, pueden considerarse una ideología, pero es más exacto señalar que son valores que se comparten con una comunidad. EL PAÍS nació hace 50 años comprometido con las reformas democráticas que necesitaba la España en la que acababa de morir el dictador Franco: se definió en su fundación como “liberal, independiente, socialmente solidario, nacional, europeo y atento a la mutación que opera en la sociedad occidental". Los valores que ha representado EL PAÍS en este medio siglo permiten sumar algunos adjetivos: progresista, pluralista, igualitario. Pero por encima de cualquier adjetivo han estado siempre los hechos, es decir, la verdad. Nadie representó mejor los valores de EL PAÍS y, por tanto, la búsqueda obsesiva de la verdad que Soledad Gallego-Díaz, fallecida este martes. Nos dejó sin su guía apenas un día después de que el diario al que dedicó la mayor parte de su larga carrera celebrara por todo lo alto el 50º aniversario. En los fastos era notoria su ausencia, la que solo podía explicarse en que se encontraba en las últimas horas de una vida excepcional. La llamábamos Sol. Todavía duele conjugar el verbo en pasado.
A dos días de que el MV Hondius llegue a Granadilla de Abona, en Tenerife, quedan todavía varias incógnitas sobre cómo y cuándo acabará cada pasajero en su casa. Está claro que los 14 españoles serán trasladados por un avión militar a Madrid para hacer cuarentena en el Hospital Gómez-Ulla de Madrid, pero no tanto cuánto durará, ni qué pasará si alguno se negara a aislarse en el centro. Para los otros 133, de 22 nacionalidades, dependerá de las conversaciones con sus gobiernos para recogerlos. Los europeos, Estados Unidos y Reino Unido ya están llegando a acuerdos, pero queda mucho en el aire sobre qué sucederá con los ciudadanos de terceros países. “No va a salir nadie [del barco] que no vaya a salir directamente al aeropuerto para su país de origen”, ha dicho este jueves Virginia Barcones, directora general de Protección Civil y Emergencias, que ha indicado que Países Bajos será el responsable último en caso de no alcanzar consensos. Tampoco se sabe exactamente cómo ni quién se encargará de la desinfección del navío.
Los responsables de la Organización Mundial de la Salud han comparado la situación vivida en el buque MV Hondius, donde ya han muerto tres personas, con otro brote de hantavirus que se dio en la Patagonia argentina entre 2018 y 2019. Tras la introducción del virus desde un reservorio de roedores, tres personas sintomáticas asistieron a eventos sociales concurridos: un cumpleaños, un funeral y la consulta del médico. Son eventos supercontagiadores, situaciones en las que un virus cuyo reservorio principal son los ratones pasa de humano en humano y crea un brote. Entonces hubo 34 contagios y 11 muertes.
El brote de hantavirus que se ha producido en el crucero de lujo MV Hondius ha vuelto a despertar viejos bulos y teorías conspiranoicas en las redes sociales. Como sucedió con la crisis sanitaria de la covid en 2020, alrededor del nuevo episodio infeccioso, de dimensiones y características que nada tienen que ver con la pandemia de hace seis años, han vuelto a esparcirse toneladas de desinformación y afirmaciones aparentemente serias, pero sin ningún tipo de respaldo científico.
“Hace tiempo que la caza dejó de ser una actividad deportiva y de ocio para convertirse en un negocio a gran escala”. Así resume Miguel Ángel Hernández, portavoz de Ecologistas en Acción de Castilla-La Mancha, la proliferación de aeródromos privados vinculados a la caza en esta región. Solo la provincia de Ciudad Real cuenta con al menos cinco pistas de vuelo de este tipo, algunas a solo 30 kilómetros entre ellas. Y habrá otra más si el Gobierno regional autoriza la que la empresa Nortia proyecta levantar en la finca El Molinillo, en Retuerta del Bullaque, junto al Parque Nacional de Cabañeros.
Llega la hora de la entrevista y Jim Sheridan (Dublín, 77 años) no está. No cunde el pánico en el equipo de prensa porque ha avisado. Esa mañana, en el hotel madrileño donde se aloja, no había tortilla de patatas. Y tras preguntar en recepción, se ha lanzado a las calles a comer un pincho junto a su esposa. “Ha dicho que le encanta y que quería probar una buena”, advierten. Por los ventanales del salón se ve al cineasta irlandés, el responsable de poderosas películas como Mi pie izquierdo, El prado, En el nombre del padre, The Boxer o En América, regresar con un paso calmo, que será el mismo ritmo en el que mantenga la conversación tras las fotos: le gusta hablar mucho; eso sí, de manera tranquila.
Revisé con interés renovado y placer la excelente película Doce hombres sin piedad, dirigida por el sobrestimado y tantas veces excelente Sidney Lumet, alguien que retrató mejor que nadie las calles de Nueva York y las angustias que florecen en ellas. Era modélico el guion y la forma de narrar la compleja historia de un jurado popular que debe decidir la culpabilidad o la inocencia de un chaval acusado de haberse cargado a su padre. Las pruebas parecen ser evidentes y la condena es unánime. Excepto para un miembro de ese jurado, individuo que plantea la duda y la complejidad, encarnado por el inmenso Henry Fonda, actor que personificaba la elegancia estética y moral, siempre creíble. Aquí conseguía sembrar la incertidumbre en los que antes tenían tan clara la culpabilidad del acusado. Y la racionalidad terminaba venciendo al dogma. Esa apasionante temática era terreno abonado para inspirar a películas futuras. O para plagiar aquel inquietante argumento. Con mejor o peor fortuna, por supuesto.
Dirección: Jim Sheridan, David Merriman.
Intérpretes: Vicky Krieps, Jim Sheridan, Colm Meaney, Aidan Gillen.
Género: drama. Irlanda, 2025.
Duración: 89 minutos.
El Desafío Semanal es un reto con diez preguntas sobre informaciones publicadas durante los últimos siete días en los distintos canales de EL PAÍS. Anímate a resolverlo cada viernes y déjanos tus observaciones en los comentarios o escribiendo a juegos@elpais.es. También puedes sugerirnos alguna pregunta (con sus opciones) y valoraremos publicarla. ¿Te animas a resolverlo?
El caso es que, si lo pienso, no he disfrutado nunca de un yo estable. Digamos que he fabricado uno para cada situación. Erijo yoes a cien por hora. Mi yo es un fijo discontinuo, un eventual, un becario sin sueldo, un falso autónomo… Cuando pienso en mi vida, veo un archipiélago de yoes que no se comunican entre sí. Un yo fragmentado, si lo prefieren, hecho pedazos como un espejo roto en mil pedazos. Estoy en todos esos trozos del espejo y en ninguno. Por eso necesito tanto amor, porque el amor funciona a modo de aglomerante de esa naturaleza atomizada. Está el yo que come, el yo que duerme, el yo que mea (con dificultades, por una próstata insurrecta), el yo que va al cine, el que sale del cine, el que lee y deslee, el que es padre, el que fue hijo… Ya no soy hijo porque mis padres murieron, así que dispongo también de un yo huérfano, que vive en la cafetería del tanatorio, y al que acompaño en el sentimiento.