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La palabra puta es probablemente el insulto más lanzado contra las mujeres y ha sido así por siglos. Esta idea defiende Dominique Lagorgette, catedrática francesa de Lingüística en la Universidad de Saboya Mont Blanc, en Borgoña. Desde hace más de dos décadas, la filóloga de 58 años investiga la evolución del francés desde la Edad Media hasta la actualidad, con un interés particular por la violencia verbal.

Valentín Roma (Ripollet, 56 años) sigue construyendo una obra literaria fascinante con la publicación de Los trillizos (Periférica, 2026), que sigue a novelas en la misma editorial como El enfermero de Lenin (2017), Retrato del futbolista adolescente (2019) y El capitalista simbólico (2022). Un cuadro sobre las contradicciones, el desclasamiento, el resentimiento y ciertas enfermedades sociales modernas que Roma somete, con un finísimo y atravesado humor. El punto de partida de Los trillizos es un hombre que pasa la tarde con los hijos de su nueva pareja, trillizos. Sentado en un parque sin querer interactuar con el resto de padres, apunta: “La familia es una cédula opresiva”.

La revolución que estalló hace una década en la aldea de Trasanquelos ya tiene su guillotina. Ha pasado ese tiempo desde que una extraña pareja alborotó este enclave de 70 habitantes en el municipio de Oza Cesuras, a 30 kilómetros de A Coruña. Él, un renombrado e irreverente artista llamado Carlos Pazos. Ella, Montse Cuchillo, una profesora de Derecho Administrativo entregada a la agitación cultural.
El diplomático español Pedro Serrano de Haro Soriano (Madrid, 64 años) ha ocupado durante casi cinco años un puesto privilegiado para entender la relación entre Londres y Bruselas, pero también la relevancia que tienen en el mundo las instituciones comunitarias para las que trabaja. Como embajador de la UE en el Reino Unido, la segunda persona que ocupa ese cargo tras el Brexit, ha vivido el periodo más dulce de esta nueva era: aquel en el que el Gobierno británico y la Comisión Europea se han esforzado por dejar atrás años de disputas amargas y han reiniciado una relación que se sabe imprescindible desde las dos orillas.
Durante el Día de la Primera República de Armenia, el 28 de mayo, el ejército armenio exhibió músculo y utilizó el desfile en la Plaza de la República de Ereván para enviar un mensaje claro: el país está cambiando de modelo militar. Sistemas de defensa aérea indios, radares franceses, obuses autopropulsados occidentales, drones chinos, material iraní, vehículos blindados europeos y plataformas fabricadas en Armenia desfilaron ante el primer ministro, Nikol Pashinián, como muestra visible de una transformación que va mucho más allá de una compra de armamento.
Cuando Tazeeb Tazeeb llegó a Italia en 2021 tras huir de Pakistán —donde había sido amenazado por su trabajo de periodista— y atravesar a pie la ruta balcánica, pensó que había dejado atrás los problemas. Encontró trabajo en el campo, en la región del Véneto, junto a otros compatriotas, y aceptó un contrato que apenas entendía. “Aquí pone que tienes que hacer lo que yo diga”, le repetía el capataz que había ejercido de intermediario para conseguirle el empleo. Aquella fue la primera señal de alarma.

Para Maha, una estudiante de 22 años de Gaza, progresar en sus estudios de enfermería desde que accedió a una de las principales universidades de la Franja hace tres años ha supuesto un arduo esfuerzo. Debido a la guerra de Israel, la mayoría de sus clases teóricas son lecciones grabadas durante la pandemia, y cuando le surgen dudas, a menudo no hay nadie que se las pueda resolver porque sus profesores están ausentes, heridos o muertos. Tampoco puede realizar prácticas porque la mayoría de los hospitales están dañados, destruidos o colapsados.
“En el siglo XII, este edificio era un lugar increíble en el Camino de Santiago: aquí se armaron caballeros, se realizaron juramentos, se pactaron bodas…”. El profesor José Luis Senra enumera, entre la objetividad y la fascinación, algunos de los hitos que marcaron la historia del monasterio de San Zoilo (Carrión de los Condes, Palencia), epicentro de poder de Cluny en la península Ibérica en la Edad Media. El declive de la orden que revolucionó la vida cultural europea y las reformas que se llevaron a cabo en el siglo XVI borraron la huella de aquel esplendor. “¿Ahora qué es San Zoilo? Ahora no es nada”, lamenta el catedrático de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid. Aquel silencio —“una siesta continua”, como lo define Senra— comenzó a romperse en los años noventa con los primeros estudios y hallazgos arqueológicos. Ahora, la localización y restauración de varios capiteles del desaparecido claustro del edificio románico —que se exponen actualmente en el monasterio, hasta noviembre— permiten dar un paso más en el conocimiento de uno de los sitios más deslumbrantes (y olvidados) de la España medieval.
Matt Dinniman escribe en calzoncillos. Previsiblemente, nada extraño en una profesión que practica el aislamiento, pero inusualmente divulgado entre sus circunspectos exponentes. Y mucho menos celebrado, como hace el escritor estadounidense, casi como muestra de identidad. “Bueno, vamos a ver, ahora a veces me pongo una camiseta”, bromea. Con esas pintas ha escrito la saga de Carl el Mazmorrero, autopublicada en 2020 y que ha vendido 10 millones de ejemplares desde que Ace Books compró sus derechos editoriales en Estados Unidos en 2024. Es el rey indiscutido de un género literario nacido en los foros de internet, que ha dado el salto al mercado editorial y que no se cansa de reclutar nuevos y muy apasionados adeptos: el LitRPG (Juego de Rol Literario, por sus siglas en inglés), que no es otra cosa que libros inspirados en mecánicas de videojuegos (los personajes suben de nivel, acumulan poderes, etc.).
Desde finales del siglo XIX, y con especial intensidad desde mediados del siglo XX, un gran repertorio de imágenes, documentos y testimonios ha contribuido a construir un imaginario visual que pretende dar prueba de la existencia de visitantes extraterrestres. Así, mucho antes de la aparición de lo que hoy llamamos fake news o de las imágenes generadas por inteligencia artificial, este tipo de representaciones ya evidenciaban la fragilidad de la imagen como prueba, fomentando una actitud de duda frente a aquello que se presenta como verdad. Son imágenes que invitan a desplazar constantemente las fronteras de lo real, de ahí su fuerza.