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En los últimos años, la salud mental ha saltado del ámbito clínico a las conversaciones cotidianas y, sobre todo, a las redes sociales. TikTok, Instagram y YouTube se han convertido en una nueva fuente de “evaluación psicológica”, donde los diagnósticos se explican en vídeos de 30 segundos y la palabra neurodivergente aparece como etiqueta bajo miles de contenidos. El fenómeno tiene una cara positiva: la información llega a mucha gente que antes no tenía acceso a ella. Pero también una consecuencia preocupante: el autodiagnóstico indiscriminado y el uso inflacionario de etiquetas psicológicas que han perdido, en algunos casos, su verdadero significado.
— Enseñar a diferenciar rasgos de diagnósticos: ser sensible, intenso o introvertido no es una condición neurológica.
— Promover valoraciones profesionales completas: una evaluación bien hecha no solo nombra, sino que comprende numerosas historias, contextos y necesidades.
— Recuperar el valor del matiz: no todo lo que duele es un trastorno. No toda diferencia es neurodivergencia.
— Educar en gestión emocional y pensamiento crítico.
— El interés por la neurodiversidad es positivo. Comprendernos es necesario y nombrarnos puede ser útil, pero solo si las palabras mantienen su sentido y no se utilizan como atajos emocionales. La diversidad humana es real, rica y compleja. No cabe en diagnósticos reducidos a vídeos de un minuto.
Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que los directores creativos eran solo diseñadores. Profesionales sensibles con una extraña capacidad para traducir en indumentaria lo que ocurría a su alrededor —aquello de respirar el aire de su tiempo y exhalarlo en forma de ropa— sin que el ejecutivo de turno o el departamento de mercadotecnia coartaran sus acciones y decisiones. Desde la clausura de sus estudios y talleres, dictaban el canon que, al menos durante seis meses, iba a regir la moda con autoridad de oráculo. Hoy, ese oráculo gasta ojeras, acude a terapia, consulta el algoritmo como si no hubiera un mañana antes de elegir hasta un pantone y vive con la maleta hecha, no para buscar inspiración en algún lugar exótico, sino para cumplir con una agenda de trabajo demencial (o por si le dan puerta de repente, que también). Esclava de las cuentas de resultados más que nunca, rendida a la codicia galopante de unos pocos (pero poderosos) y devenida maquinaria de contenido que amenaza con devorar sus propios cimientos, la industria del vestir no solo está en crisis, sino que acusa, sobre todo, una metamorfosis traumática. Tanto que los desafíos que afrontan sus creadores ahora mismo, de los tótems que pilotan transatlánticos de lujo a los independientes que hacen encaje de bolillos para sobrevivir en un mercado dominado por grandes conglomerados, han dejado de ser estéticos para volverse existenciales.
Cuando estaba su momento más bajo en el liderazgo del PP, el que empezó a hundirle, tras un resultado pésimo en las elecciones catalanas de 2021 —fue el octavo partido, superado por Vox y Ciudadanos— Pablo Casado jugó a la desesperada: intentó vender la sede central en la calle Génova, manchada por la corrupción. Por esos días, Casado se quejaba amargamente a quien quería escucharle: “yo sabía que me tenía que comer el caso Gürtel, eso estaba ahí cuando yo gané el Congreso, pero nadie me avisó de que además me tendría que comer la Kitchen. Eso es nuevo, nadie nos dijo que había eso en el armario”. En ese momento, fue Alberto Núñez Feijóo, entonces presidente de Galicia, uno de los que más claramente se opuso a la venta de la sede. No era por ahí, decía Feijóo. Había que aguantar el tirón.
El Ayuntamiento de Madrid prepara un cambio radical en el urbanismo de la capital para duplicar o incluso triplicar el número de 150.000 viviendas que actualmente está previsto edificar en los diferentes proyectos urbanísticos ya planteados y aprobados, según han revelado a EL PAÍS varios expertos conocedores de la iniciativa municipal. El Consistorio confirma que José Luis Martínez-Almeida (PP), alcalde de Madrid, avanza en el llamado Plan Estratégico Municipal (PEM), una revolución normativa que permitirá también construir más casas en barrios terminados y aumentar el porcentaje de vivienda protegida. El trabajo del Ayuntamiento, que ya ha sido expuesto a diferentes interlocutores y que estará aprobado de forma inicial a comienzos de 2027, abre muchas dudas a nivel normativo, empresarial, jurídico y de posible especulación, indican distintas fuentes del sector inmobiliario, aunque obtiene un respaldo casi unánime respecto a la necesidad de la densificación.
La estrategia del PSOE para acabar con la supremacía en Madrid de Isabel Díaz Ayuso pasa por varios puntos que su equipo lleva meses trabajando en la sombra. Contrario a lo que a priori se podría suponer, la hoja de ruta del ministro Óscar López, el socialista que enfrentará en las urnas al mayor activo de la derecha en España, pasa por reivindicar a Pedro Sánchez. El presidente lleva ocho años en el poder y acumula el desgaste propio de La Moncloa, pero los asesores de López consideran que Sánchez, en un contexto tan polarizado, moviliza a su electorado, sobre todo ahora que se ha reforzado convirtiéndose en un contrapunto moral a Donald Trump. Asuntos simbólicos que mueven al progresismo.
La imagen es espeluznante e hipnótica como solo lo son aquellas en las que se siente rondar la muerte sin verse. Pero esta, además, es de una belleza terrible. Podría ser un óleo, una escultura, el ninot indultat por aclamación popular de la mejor falla de Valencia. Vemos en ella a un hombre tan recio como frágil vestido de azul pavo y oro suspendido en el aire cual pelele en el instante de ser empitonado por el recto por un toro de 500 kilos. El hombre tiene nombre, claro: José Antonio Morante Camacho, de 46 años, Morante de la Puebla para los carteles desde hace casi tres décadas. El toro, también: Clandestino, un cuatreño criado en el campo para ser lidiado en la plaza. Tras la foto, ambos corrieron distinta suerte. El hombre ya ha salido de la UVI y se recupera del destrozo interno que le provocó la cornada. El toro, ya habrá sido despiezado en el matadero, tras doblar a la tercera estocada del torero que se quedó al quite, y será carne de chacina fina más pronto que tarde. Hasta aquí, el relato de los hechos de la cogida de Morante el pasado 20 de abril de 2026 en la Maestranza de Sevilla.
Han pasado casi siete años desde que el joven marroquí Iliass Tahiri, con 18 años recién cumplidos, murió asfixiado con su cabeza y su cuerpo aplastados boca abajo contra un camastro, mientras seis guardias de seguridad le inmovilizaban y le ataban con correas en una habitación del Centro de Internamiento de Menores de Tierras de Oria (Almería). Ocurrió el 1 de julio de 2019, a la hora de la siesta, y la intervención quedó grabada por las cámaras de seguridad. No hubo médico que autorizara ese tipo de actuación, como exige el protocolo. Y, pese a la polémica y el debate que suscitaron aquellos hechos —con la intervención incluso del Defensor del Pueblo—, este jueves todo puede quedar reducido a una suerte de juicio exprés de conformidad o a un nuevo aplazamiento.
José María Llanos (Torreblanca, Castellón, 59 años) dejó las clases de Derecho Romano que impartía en la Universitat de València para dedicarse a la política a partir de 2014, cuando se afilió a Vox. Antes, se había significado por sus numerosos recursos contra la asignatura Educación para la Ciudadanía. Ahora, este antiguo juez de la Audiencia de Valencia ejerce de portavoz de la formación de ultraderecha en Las Cortes valencianas. Llanos pondera los pactos “pioneros” en Valencia entre el PP y Vox, recurre a Santiago Abascal en busca de auctoritas y asegura que intenta ser “un buen católico”, aunque no lo consiga “todos los días”.

Hay gente que no ve el mar hasta que tiene la edad justa para recordarlo toda la vida. ¿Qué debe sentir una persona al descubrir un azul tan infinito? Igual es algo similar a ver el cielo por primera vez. Hay gente que vive lejos del mar, pero nadie vive lejos del cielo, así que lo damos un poco por descontado. Somos como los peces del cuento de David Foster Wallace que se preguntaban el uno al otro qué demonios es el agua. Y así, hemos normalizado algo tan alucinante como la cúpula celestial, el trozo de universo que atisbamos desde nuestro rinconcito galáctico, por el simple hecho de verlo todas las noches.
Un grupo de padres de niños con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE) se pone en pie de guerra contra el Gobierno de Canarias. Denuncian el trato que reciben buena parte de los casi 33.000 menores en esta situación que hay en las islas. “Sufrimos un patrón sistemático de sanciones, quejas continuas y presiones organizadas para justificar las expulsiones encubiertas y derivaciones a aulas enclave o centros de educación especial”, denuncia Carolina Buriticá, madre de Victoria, de 9 años, una niña que tiene síndrome de Down. Buriticá compareció el mes pasado ante el Parlamento regional para exponer sus enmiendas a la futura Ley de autoridad docente, con la cual se encuentra en desacuerdo. Este miércoles se reunió con LoLa Padrón, la Diputada del Común (la Defensora del Pueblo en las islas), para plantearle la situación.