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Cuando el pasado 9 de abril, Thierry Frémaux, el delegado general del festival de Cannes, una de las personas más poderosas del cine mundial, leyó el listado de las películas que participaban en el certamen, la industria audiovisual española contenía la respiración: los rumores hablaban de un viento a favor que se confirmó esa mañana. Por primera vez, España colocaba en la sección Competición tres largometrajes, lo que suponía la confirmación de un cambio y un ascenso en el panorama cinematográfico mundial. En este 79º festival de Cannes, que se inaugura el martes, concursarán por la Palma de Oro El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen (que además se estrena en Francia comercialmente el mismo día de su estreno en La Croisette, el sábado 16); Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, y La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi. Los cuatro cineastas confesaban, tras el anuncio de Cannes, su felicidad por vivir este momento histórico y compartirlo con esos compañeros de viaje. ¿Qué ha cambiado como para que por fin Cannes hable español?

Alberto Velasco propone quedar en un lugar muy concreto: frente a la escultura Mujer con espejo, de Fernando Botero, una señora de bronce tumbada todo lo larga y lo ancha que es en una isleta entre el endiablado tráfico de la plaza de Colón de Madrid. “Hasta Botero, un artista que representaba a personas gordas, era gordófobo porque decía que no eran gordas, sino voluptuosas”, arguye, entre serio y divertido. El caso es que el modelo, y el emplazamiento, es un festín para el fotógrafo, que, con su complicidad, se aprovecha a fondo de su flexibilidad, en todos los sentidos, y lo pone a hacer escorzos en plena calle para las fotos. Velasco, de 44 años, que en 2021 escribió una especie de autobiografía bajo el título Pobre, gordo y maricón, dice ser y no ser la misma persona que entonces. Vamos por partes.
Alberto Velasco (Valladolid, 44 años) empezó a bailar de muy niño. Jotas y bailes populares con las mujeres mayores de su pueblo vallisoletano. Pero fue la coreógrafa Marta Carrasco quien, a los 20 años, le enseño el camino de su futuro: la danza. Un territorio que creía vedado por su físico y que, al final, resultó ser su salvoconducto al mundo del arte. Creador de espectáculos dancísticos como Vaca y Moviendo montañas, y del libro Gordo, pobre y maricón, ahora presenta su espectáculo Sacresize, en los teatros del Canal de Madrid, a partir del 27 de mayo.
De la misma forma que Sísifo fue condenado a subir una pesada roca a la cima de un monte y ver cómo una y otra vez se desmoronaba, así me veo obligado a levantar la columna antitaurina de cada año por san Isidro para ver qué pasa. Hay gente de izquierdas a la que le gustan los toros; hay gente de derechas que odia las corridas. Pese a que este espectáculo sangriento siempre ha movido pasiones a favor y en contra, nunca había tenido hasta ahora un carácter ideológico. Desde un tiempo inmemorial camino de la plaza se juntaban el señorito y el jornalero, el obrero y el menestral; por propia naturaleza unos ocupaban los tendidos de sol con la bota de vino y otros los de sombra con un puro en la boca. Ricos o pobres ninguno ponía en cuestión la masacre que sucedía en el ruedo en medio del jolgorio. La fiesta taurina está herida de muerte como esos morlacos que llevan media estocada en lo alto y envueltos en sangre, vómitos y heces reculan en tablas y tardan en doblar porque el matador no acierta con el descabello. Esos minutos sucios y crueles al aficionado se le hacen interminables porque lo enfrentan a la abominable crueldad de la fiesta. Pues bien, cuando parecía que la fiesta nacional iba a doblar sobre las cuatro patas, la derecha más castiza ha salido en su rescate para convertirla en santo y seña de su ideología, en un alarde de definición política. Si eres de derechas y piensas que esta fiesta es cutre, rancia y cruel guárdalo como un secreto por lo que pudiera pasar. Los ultras han entronizado al toro como escudo en la enseña nacional, aunque, pese a su casta y trapío, el toro es un perdedor. Su bravura es proporcional al miedo que siente a que el torero vestido de sota de espadas entre en su terreno. Si eres un político de derechas y no te gustan los toros, cállate, si quieres medrar; y al contrario, si durante la Feria de San Isidro asomas la jeta por un burladero y apoyas el codo en la maroma podrías llegar a ministro el día de mañana.
Estos tiempos que corren envejecerán algún día y serán estudiados con estupor. Ojalá que así sea porque este presente tiende a ser grotesco, pero por alguna razón atribuimos la responsabilidad solo a quienes mueven los hilos tratándonos como títeres. Será entonces, en ese futuro en el que por mera supervivencia existirá una tendencia a la contención, cuando se pueda nombrar a las cosas tal cual fueron. No solo se catalogará de despropósito lo referido a la brutalidad política sino que será evidente cómo la fealdad moral inundó no pocos aspectos de la vida pública. Se podrá tildar de ridículo de una vez por todas el desfile de la Gala del MET. Se alzarán las cejas de asombro cuando se recuerde que se usaba el adjetivo “benéfica” para definirla, cuando se observe que una señora, ejecutiva mítica a la que el mundillo cultural concedió un poder desproporcionado, se reservaba el derecho de admisión de los asistentes, y que dentro de la lista de millonarios merecedores del honorífico salvoconducto, esta dama, cuyo misterio residía en lucir gafas negras en espacios cerrados, priorizaba a Jeff Bezos, uno de los representantes de la infamia que redefinió una época, como patrocinador de tan pesadillesca pasarela.
Hacía frío en el Parque Nacional de Doñana. Fue durante las pasadas Navidades, la temperatura no llegaba a los 4°C. Era una compañía de voluntarios para limpiar la zona. No recorrieron más de tres kilómetros de costa, según explicaron en la emisora de Canal Sur. Además de kilos y kilos de plástico, recogieron 210 garrafas: son grandes, muy visibles porque flotan o se incrustan en la arena. “Muchas de ellas llevan combustible, están rotas, gotean, contaminan el suelo y el mar”. La mayoría tienen capacidad para 25 litros. Acostumbran a llenarlas de noche en gasolineras de autoservicio. Las mafias las guardan en pisos de barrios pobres hasta que les llega la información y se activa la operación porque son el envase fundamental en una de las fases logísticas del contrabando de hachís y cocaína. Es el petaqueo: la venta de garrafas –petacas- que permite repostar a las narcolanchas en altamar. Se están comprando por 250 euros, contó aquí hace unos meses Jesús A. Cañas. Ponía cifras al volumen de carburante que necesitan los motores de cuatro tiempos para ir a toda velocidad, cargar la droga de los buques nodriza y esquivar a la Guardia Civil: entre 2.000 y 4.000 litros.
Entre el pasado y el presente, Hansi Flick mira al futuro. A pocas horas de recibir al Madrid en el Camp Nou y con la Liga a tiro en el clásico, el técnico y el club ya trabajan en la próxima temporada. Un curso en el que el 9 tendrá probablemente otro rostro. Robert Lewandowski fue, para el técnico alemán, su delantero de referencia en el Bayern Múnich y también en su primera temporada en el Barcelona. “Es mi padre”, bromeó el polaco cuando se confirmó que Flick reemplazaría a Xavi Hernández en el banquillo azulgrana. El presente es Ferran Torres. Pero Flick nunca terminó de enamorarse de él: lo utilizó como revulsivo el curso pasado y, esta campaña, cuando el valenciano estaba llamado a poner en jaque la jerarquía de un Lewandowski castigado físicamente, se quedó a medio camino. Entonces, Flick repartió minutos. El valenciano ha disputado 2.504 minutos (20 goles), por los 2.208 minutos (18) del polaco. Este sábado, en el último entrenamiento antes de recibir al Madrid —al Barça le basta un empate para ganar el título—, Lewandowski trabajó con los titulares. A su lado, Fermín y Roony; Ferran, en cambio, se ejercitó con los suplentes junto a Raphinha y Rashford.
No se recuerda a un clásico más insólito que el de este domingo en el Camp Nou. La situación es inédita e idílica desde el punto de vista del Barça. Imposible prever un mejor desenlace: el FC Barcelona se proclamará campeón de Liga si gana o empata contra el Madrid en el Camp Nou. Tampoco hay constancia de un Madrid tan perdido como el actual, atrapado en una confusión difícil de solucionar, sobre todo si se tiene en cuenta que se asocia el fracaso colectivo de los dos últimos años a la llegada de un delantero que garantiza un gol por partido como Mbappé. Aquel campeón de Europa que se reforzó en 2024 con el mejor futbolista del mundo se inmoló desde que en octubre derrotó precisamente al Barça en el Bernabéu por 2-1.
“Estás tomando café antes de salir a navegar: ‘Venga, luego nos vemos’. Y luego no te ves. Los ves llegar en las bolsas [de la funeraria]”. Un agente del Servicio Marítimo de la Guardia Civil, que pide que no figure su identidad, expresa el impacto que le ha provocado la muerte, el pasado viernes, de dos de sus compañeros, el capitán Jerónimo Jiménez, de 55 años, y el guardia civil Germán Pérez, de 56 años, fallecidos al colisionar dos embarcaciones del instituto armado cuando perseguían una narcolancha. El siniestro, ocurrido a 80 millas náuticas (148 kilómetros) de la costa de Huelva y a 47 (88 kilómetros) de la costa norte de Marruecos, es el reflejo de una lucha contra el narcotráfico que cada vez se libra más lejos de la costa y se ha vuelto más peligrosa.
Un día antes de que Derian José Morales Feria, de 36 años, fuera abatido por un tiro de escopeta en el corazón en una finca de Alhaurín de la Torre (Málaga), había discutido fuertemente con su esposa Fabiana (nombre supuesto). Ella, de 39 años, con una hija adolescente y embarazada de cuatro meses, le había pillado con otra después de siete años juntos, tras haberse conocido en el parque de enfrente de su casa. “Sospechaba de infidelidades, pero esta vez sí le pillé”, recuerda Fabiana a las puertas de la Audiencia Provincial de Málaga, donde ha acudido esta semana al juicio por la muerte de su marido. Lo hace junto a su hija, huérfana de padre y ya con 17 años, los mismos que han pasado desde los hechos.