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Llega con un clasificador azul lleno de fundas de plástico transparente y un bloc de pintura el mismo día que su hija cumple 7 años. Dentro está todo lo que ha ido guardando desde hace meses: las transcripciones de las conversaciones con ella, de los vídeos y los audios que le ha grabado mientras la niña le explicaba cosas que recordaba, dibujos que ha hecho en los que hay un hombre con sangre en la boca y al que se le distingue claramente la bragueta del pantalón que parece semiabierta, otro en el que aparece una mujer con una soga, o uno con una niña en una jaula, u otra rodeada de medicamentos y utensilios médicos. Están también todos los documentos policiales, médicos, judiciales y legales, todo lo que esta mujer de poco más de 40 años y su marido han entregado a su abogada, a la policía y al juzgado.
Carlos Rosillo
Brenda Valverde Rubio
Ana Fernández
Alejandro Gallardo
María Page, Álvaro de la Rúa, Álvaro González, Luis Almodóvar, Luis Manuel Rivas, Carlos Martínez y Eduardo Ortiz
José María Pérez González (Frama, Cabezón de Liébana, 84 años), arquitecto, dibujante, humorista y, sobre todo, Peridis, junto a Andrés Rábago (Madrid, 79 años), historietista, humorista gráfico, de seudónimo El Roto, son parte fundamental de la relación del humor con la vida española de los últimos 50 años.



Este periódico nació optimista. Se construyó sobre un párrafo que escondía un plan para modernizar un país entero: “EL PAÍS debe ser un periódico liberal, independiente, socialmente solidario, nacional, europeo”, escribió en su fundación José Ortega Spottorno. Lo asombroso es que esas ambiciones se cumplieron. Para escribir este artículo, he hablado durante días con Claude, una inteligencia artificial que conoce todos mis textos. ¿Qué tenía yo que decir sobre el futuro? ¿Cómo hablar de lo que viene sin pesimismo ni ingenuidad? Hemos intercambiado 50.000 palabras, equivalente a un libro corto. Estas son las tres ideas que yo quería articular, según dice este algoritmo rumiante. España mejoró y los datos lo demuestran.
El edificio de EL PAÍS en Madrid, España, Unión Europea, es un mamotreto feo como él solo plantado al final, o al principio, según se mire, de una cuesta del demonio camino del Metro Suanzes. Hace medio siglo, semejante artefacto era directamente un ovni en un polígono atestado de empresas de artes gráficas, mecánicos con el mono azul mahón de motores Perkins, los operarios de la fábrica de los CETME, los fusiles de la mili y, a tiro de piedra, los primeros yonquis del parque de San Blas buscándose la vena. En ese páramo, a tomar viento de los centros intelectuales y de poder del inmediato posfranquismo, un grupo de jovenzuelos liderados por un empresario ilustrado levantó de la nada un periódico que, el 4 de mayo de 2026, cumple 50 años molestando. Entre los fundadores había gente de todo pelaje. De notables hijos del Régimen y progres de barbas bíblicas y faldas hippies, a un motorista analfabeto al que, cuando iba a recogerle el artículo a casa a algún columnista de barrio fino, le salía al rellano un vecino armado con un bate al grito de “comunistas, hijos de puta” sin que se les moviera una ceja ni a uno ni a otro.
Todo el material de la vía instalado en un área de cuatro kilómetros en torno al punto en que tuvo lugar el accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) fue de nuevo uso, sin que se utilizaran traviesas, carriles o balasto reciclados. Así se lo ha hecho saber el administrador de la infraestructura ferroviaria Adif a la titular del tribunal de instancia de Montoro que instruye el caso. La información, incluida la certificación y trazabilidad de cada elemento, fue requerida a la empresa dependiente del Ministerio de Transportes el pasado 24 de marzo. En esa orden, la magistrada hizo alusión al segmento de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla entre los puntos kilométricos 316 y 320. El siniestro, se sospecha que por una rotura de carril o de su soldadura, se desencadenó en el punto 318,681 de la vía 1, donde descarriló un tren de Iryo a las 19.43 horas del domingo 18 de enero. Contra él chocó segundos después un Alvia de Renfe, dejando un balance de 46 víctimas mortales.
En abril de 2011, la creadora de contenido Julia Berolzheimer abrió su perfil de Instagram y su blog. Más de quince años después ocupa un lugar destacado en un universo tan saturado como competitivo. Suma casi 1,5 millones de seguidores en Instagram y en Substack está reconocida entre las 10 autoras más influyentes dentro de la categoría de moda y belleza con su perfil Trade Offs. Por tanto, su voz se escucha con fuerza. Por eso, cuando el pasado febrero publicó en Substack un largo post titulado Instagram está vendiendo nuestro contenido para vender imitaciones – y el tuyo podría ser el siguiente el texto no tardó en viralizarse. Según Berolzheimer, la red social había utilizado imágenes suyas publicadas en la plataforma para vender productos asociados a su persona. A través del botón Shop the look, la app recomendaba productos similares a los que aparecían en la imagen en cuestión. El problema es que esos productos, vinculados a la imagen de la influencer, no estaban recomendados por ella, sino por la propia red social. “Cuando los seguidores hacen clic en él [en el botón Shop the look], Instagram les muestra sugerencias de productos generadas por IA. No son enlaces de afiliados. No son marcas que yo haya elegido. No son productos que yo recomendaría”, escribe. Y añade que, mientras que su look estaba formado por prendas “cuidadosamente seleccionada de diseñadores que admiro y apoyo personalmente”, las sugerencias de compra proporcionada por la red social eran “imitaciones baratas y productos aleatorios de otras marcas de las que nunca había oído hablar, asociadas a mi imagen, bajo mi nombre”. Berolzheier, siempre según su versión, no tenía constancia de ello hasta que una de sus seguidoras le advirtió. Y descubrió que no era una práctica aislada, sino una nueva funcionalidad en periodo de prueba, implementada solo para algunos usuarios. La influencer señala además que si ese botón de compra generó alguna venta y algún beneficio, ella no recibió nada: “Están usando mis imágenes para vender productos para su propio beneficio”.

Cuando María Lamela (O Santo, Lugo, 34 años) recibió la llamada para proponerle presentar Supervivientes desde Honduras, dudó si aceptar. Llevaba ocho años trabajando en La Sexta, y decir que sí suponía cambiar de cadena a Telecinco, dejar la actualidad por el entretenimiento y viajar a otro continente. Pero decidió aceptar el reto. “La vida son dos días y es para los valientes”, dice. Ahora, su rutina ha cambiado. Ha empezado a hacer deporte cada día para aguantar las exigencias del clima y el programa. Y cuando no tiene que conducir tres o cuatro horas de directo desde los Cayos Cochinos, aprovecha para hacer excursiones por la naturaleza o pintar, una de sus aficiones. A punto de cumplir dos meses en el programa, se conecta a la videollamada con EL PAÍS desde su habitación de hotel con la cara lavada y mostrando esa cercanía y naturalidad que despliega en las galas de los martes, jueves y domingos. Son las 17.00 en España, las 9.00 en Honduras.


La Audiencia Nacional ha denegado la nacionalidad española a una mujer de origen marroquí al concluir que sus vínculos familiares con personas investigadas por supuestas actividades yihadistas la convierten en “una potencial amenaza para la seguridad nacional”. La sentencia, fechada el 10 de abril y a la que ha tenido acceso EL PAÍS, detalla que su padre fue detenido en 2016 por presuntamente difundir material del Estado Islámico (ISIS en sus siglas en inglés) y que, durante su estancia en prisión, concertó el matrimonio de ella con un joven recluso acusado entonces de actividades islamistas radicales. El tribunal concluye que, pese a que ella nunca ha sido investigada, concederle la nacionalidad española “compromete el orden público y los intereses nacionales”. La decisión puede ser recurrida ante el Tribunal Supremo.
Si Mónica García (Más Madrid) y Óscar López (PSOE) logran su objetivo de ser candidatos a la presidencia de la Comunidad de Madrid en 2027, la izquierda se asomará a lo desconocido. Nunca antes dos compañeros de gobierno habían dejado La Moncloa al mismo tiempo para pasar de un día para otro de pactar medidas a luchar por los mismos votos. Esa circunstancia, hija de un gobierno de coalición, algo nunca visto a nivel nacional en España hasta 2020, abre un escenario de alta complejidad en la lucha por intentar desbancar del poder a Isabel Díaz Ayuso (PP). Los dos aspirantes se postulan para liderar proyectos heridos por las diferencias internas que encarnan la salida de Juan Lobato en el PSOE y las aspiraciones de Emilio Delgado en Más Madrid. Y los precedentes son tenebrosos: la división de la izquierda hundió la posibilidad de gobernar en 2015 (cuando IU no logró representación pese a sumar 130.000 votos) y 2023 (cuando Podemos cosechó 161.000 apoyos para ser el partido con más sufragios sin representación de la historia).