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Aquests dies estic de promo, la qual cosa implica fer moltes entrevistes. De nou constato que hi ha una pregunta que em fan una vegada i una altra, fins i tot sovint no és una pregunta sinó una cosa que el periodista dona per feta: que la protagonista soc jo disfressada. Un parell, per exemple, m’han fet notar que les vocals de Ramona són les mateixes que les vocals de Carlota, cosa que a mi ni m’havia passat pel cap.
En el verano de 1936 Federico García Lorca tenía por delante un otoño intenso con el estreno de La casa de Bernarda Alba y Así que pasen cinco años, la reposición de Doña Rosita la soltera, y la publicación de Poeta en Nueva York, que ya había entregado a José Bergamín. También tenía listo el poemario Diván de Tamarit y trabajaba en dos obras teatrales, Sueños de la vida y Sueños de mi prima Aurora, y en un borrador del que apenas escribió apenas unas páginas, cuyo título original, La bola negra, él mismo transformó en otro nuevo, La piedra oscura. Esa ebullición creativa quedó trágicamente truncada el 18 de agosto, cuando el poeta fue fusilado en Granada por las tropas sublevadas contra el gobierno de la República, pero el trabajo sobre y a partir de su legado no ha cesado desde entonces.
Unidentified, Sin identificar, la nueva película de la cineasta de Arabia Saudí Haifaa al- Mansour, es un thriller muy canónico (incluso en lo de su inesperado giro al final) y realizado con pulcritud y oficio por su directora y guionista, conocida por sus filmes Wadja (la bicicleta verde), Mary Shelley o La candidata perfecta. Lo que la convierte en fascinante es dónde transcurre (Riad) y el retrato que hace de una sociedad, la saudí, en plena transformación y llena de contradicciones, sobre todo en lo referente al papel de la mujer. Más allá de mostrar qué práctico es el niqab para realizar un seguimiento policial sin que te descubran o lo curiosa que queda la abaya (la túnica larga preceptiva) con las zapatillas Adidas samba, Unidentified permite asomarse de manera privilegiada a un mundo cerrado en el que formas tradicionales de opresión de la mujer coexisten hoy con sorprendentes signos de apertura y comportamientos inesperados. La película, que se presenta en el BCN Film Fest de Barcelona y llegará a las salas comerciales el 26 de junio, se centra en la pesquisa de la detective aficionada Nawal (Mila Alzahrani), que trabaja de secretaria en una comisaría de delitos menores, para esclarecer la muerte de una joven asesinada en el desierto a las afueras de la ciudad.

Sus experiencias personales fueron la base de su proyecto. Marta Loza (Gijón, 44 años) y Marta Bassols (Barcelona, 45 años) se conocieron por amigos comunes, ambas llevan años realizando distintas funciones en el mundo audiovisual, desde continuidad y dirección de arte (Loza) a guiones e interpretación (Bassols), y hace siete años pensaron en contar la historia de una madre que se enfrenta a la crianza en solitario de su hijo. Sus ideas han cristalizado en Yo siempre a veces (desde el 23 de abril en Movistar Plus+). “Las cosas han cambiado, mi abuela tuvo un hijo soltera en la Guerra Civil y prácticamente lo crio sola y en vergüenza. Mi madre se separó en los noventa y había algo de ‘No lo digas, qué van a pensar en el colegio’, se vivía como un fracaso. Hoy no es un estigma; el problema ya no es que sea una vergüenza estar sola, sino que la sociedad te lo pone muy difícil”, analiza Loza. Por eso en su serie Laura, la protagonista, aborda temas que van desde la crianza colectiva a los alimentos procesados, la conciliación o las ganas de ir de rave en Barcelona.

Valérie Itey aprendió desde pequeña que el destino último del cabello humano no es el suelo de un salón de belleza. Recuerda que su familia, que se dedicaba a la producción de vino, lo usaba para ahorrar agua en los cultivos y alejar a algunos animales como los jabalíes. “En mi país era normal ver hectáreas de tierra cubiertas de pelo, pero había que quitarlo pronto porque se acumulaba y se lo podían comer los conejos”, dice a este periódico en una entrevista realizada por videollamada.

La noche de Todos los Santos de 1570 Santa Teresa de Jesús durmió por primera vez en la casa que había arrendado para alojar una nueva comunidad carmelita en Salamanca. En 1970, cuatro siglos después, se abrió el nuevo Carmelo de San José a las afueras de la ciudad, proyectado por el arquitecto Antonio Fernández Alba. Si la primera preocupación de santa Teresa era encontrar un lugar adecuado para adorar el Santísimo Sacramento, Fernández Alba se preguntó qué necesidades tenían las mujeres mayores que iban a habitar el convento. Se encontró una comunidad envejecida, que abandonaba la casona de un conjunto en un estado precario, del que solo se ha mantenido en pie la iglesia, para ocupar un nuevo edificio en un lugar privilegiado, con las mejores vistas sobre el río Tormes y el circo de Gredos. El arquitecto entendía que el ejercicio físico era imprescindible para ayudar a mantener la salud de las hermanas, y proyectó un convento que reformulaba por completo el modelo tradicional para conseguir ese objetivo, sin dejar de ser fiel a las reglas de la orden carmelita. En estas fundaciones un grupo de mujeres se unen para explorar su intimidad a través de una vida en comunidad que permite potenciar la experiencia mística. El ritmo en el interior del convento viene pautado por las actividades que realizan las hermanas a lo largo del día, divididas en rezo, trabajo y descanso.

A Marta Coca (Igualada, 52 años) el virus de la moda le entró en los años noventa, cuando estudiaba comercio internacional y varios idiomas, entre ellos japonés. Eran los años del esplendor de los grandes diseñadores nipones y de los seis de Amberes, ese inconfundible diseño minimalista que tanto marcó a la Cataluña cool. Empezó su carrera profesional llevando mercados europeos en empresas del textil. Cuando la Generalitat puso en marcha un departamento de moda lo vio claro: “Este es mi momento para presentarme como consultora y empecé a trabajar mucho en outsourcing en India, Bangladesh, Vietnam”. La directora de la semana de la moda de Barcelona, que ahora trabaja en el reposicionamiento de la pasarela 080 de Barcelona como destino de diseñadores con conciencia social, sigue siendo una de esas fashionistas que si va a ver una de Wim Wenders se fija en el vestuario más que en la trama.

Pregunta. A raíz de la prórroga de alquileres que aprobó el Gobierno, ¿qué puede pasar si el propietario se niega a recibir el burofax? M. J. Castelló.

A eso de media tarde, la silueta longilínea de Gael Monfils (París, 39 años) va asomándose por el túnel que da acceso al lago de la Caja Mágica, donde transcurrirá la conversación con el francés. Los andares y el habla del tenista tienen un ritmo cachazudo, como si acabara de amanecer o bien estuviera ahorrándose las últimas energías de cara a lo que viene por delante: en mes y medio colgará la raqueta después de 22 años como profesional. Lo hará en casa, en Roland Garros. Y, fiel a su estilo, en forma de fiesta. “Nada de tristeza...”, recalca este competidor disruptivo que se marchará como doble semifinalista de un Grand Slam, con 13 trofeos en el palmarés y habiendo alcanzado el sexto peldaño del circuito. Sin embargo, el nombre de Monfils no se asociará tanto a los registros como a una forma diferente de jugar. Su físico prodigioso deja estampas prácticamente inverosímiles, escorzos imposibles. Todo un desafío a la gravedad. Air Gael, se dice. Indudablemente, tenis de autor.
