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La Guardia Civil investigaba este miércoles la muerte de un matrimonio irlandés, de 50 y 45 años, que apareció sin vida junto al jacuzzi de la vivienda de lujo que había alquilado para veranear en Cullera (Valencia). Los cuerpos fueron encontrados por sus dos hijos menores de edad, de 14 y 15 años, que les acompañaban en el viaje. Los chavales avisaron a un vecino, que a su vez llamó al 112. Los primeros agentes, de la Policía Local, que entraron en la vivienda no observaron signos de violencia ni de que se hubiera producido un robo. Pero un examen más detallado mostró pequeños cortes en los cadáveres, abriendo la hipótesis de que se tratara de homicidios. El juez de instrucción de Sueca (Valencia) que se hizo cargo del caso declaró el secreto de sumario. Las pesquisas han sido asumidas por el equipo de Policía Judicial de Homicidios del instituto armado. Tres familiares de los chicos, que aterrizaron en Alicante de madrugada procedentes de Irlanda, se hicieron cargo de ellos.

Las imágenes de los incendios que avanzaban por el sur de Europa no paraban de aparecer en los periódicos o en la pantalla de mi móvil. Un amigo desde Burdeos me escribía diciendo que, por fortuna, la zona de él no se había visto afectada. El humo había hecho que el aire fuera difícil de respirar, pero las llamas se habían detenido a unos 15 kilómetros de la ciudad. “Estamos en el Macizo Central, a 1.000 metros de altitud, respirando el aire fresco de montaña. ¡Nos sentimos auténticos refugiados climáticos!”, escribió. Esa misma mañana leía otro titular: Europe in Flames. Un incendio amenazaba con volver a expandirse por el sudoeste de Francia, tres bomberos morían en Grecia y el fuego arrasaba violentamente hectáreas en Ávila, Madrid y Toledo. Los equipos de emergencia combatían una combinación implacable de calor, sequía y vientos.
El Llano en llamas es el título de un cuento que da nombre a la célebre colección de relatos publicada por Juan Rulfo en 1953. “Ver caminar el fuego en los potreros; ver hecho una pura brasa casi todo el Llano”, escribe Rulfo. Leído hoy, el relato nos recuerda que muchas de las llamas que consumen nuestros paisajes también tienen raíces sociales, económicas y políticas.
A los vecinos de Laza, en la comarca ourensana de Verín, les gusta ponerse farrucos, al menos una vez al año. Ocurre entre mediados y finales de agosto, según vengan dadas: durante un largo fin de semana –de viernes a domingo–, engalanan los tractores, se echan a la calle, comparten comida popular, compiten en los xogos labregos y pasan la noche de foliada cantando y bailando. Desde 2022, la Romaría Ponte Farruca es el agrofestival de referencia en Galicia; una romería en toda regla, solo que, en lugar de sacar al santo o la santa en procesión, el único fervor religioso lo desata el mandil. Un culto textil pagano que canaliza esa mística de la feminidad/eterno femenino en su forma más ingrata (la de la sumisión y entrega a los demás en versión rural) para visibilizarla con altanería y orgullo.
Cuatro gigantes de la industria tabacalera firmaron en 1998 un acuerdo con los fiscales generales de 52 Estados de EE UU en virtud del cual pagarían en los siguientes años más de 200.000 millones de dólares para financiar tratamientos sanitarios a fumadores. Se les acusaba de promover y comercializar productos nocivos para la salud, especialmente entre los menores. El acuerdo incluyó también fuertes restricciones publicitarias, desde la limitación de la cartelería a la prohibición de mostrar a personas fumando. Supuso un golpe importante para su negocio y se consideró un triunfo de la sociedad civil ante algunas de las mayores compañías del mundo.
-Tú, concéntrate en la luz, ya sabes, el aura, como aprendimos el otro día. Estás en el primer círculo, luego pasarás al siguiente, no pierdas de vista los círculos…
Se ha puesto de moda romantizar la pobreza en España. Se dice que ahora la gente prefiere quedarse en el pueblo a 40 grados antes que irse unos días a la playa; que lo último en vivienda es instalarse en una autocaravana en vez de tener un piso acomodado; o que ya no se estila ir de restaurantes, sino comer platos preparados de supermercado. Padecemos el síndrome de la rana hervida: quién va a saltar de la olla, o a indignarse, si cualquier estímulo a nuestro alrededor solo sirve para normalizar el drama ciudadano.

“Eran tristes los alrededores”, contaba la escritora y periodista Carmen de Burgos sobre aquel edificio perdido en mitad de la nada, perdido “entre los cerros chatos y pelados, sin más flora que la leña, la palma y las atochas”. La descripción estaba incluida en Puñal de claveles, obra inspirada en un suceso ocurrido en 1928 que ha marcado para siempre los campos de Níjar: el asesinato de Francisco Montes tras huir con su amante y prima Francisca Cañadas justo el día en que ella se casaba, obligada, con otro. Es el mismo evento que llevó a Federico García Lorca a escribir Bodas de sangre. Y sucedió en el Cortijo del Fraile, edificio levantado en el siglo XVIII que en la actualidad se cae a pedazos por el abandono. Y que ahora espera florecer gracias a un proyecto de la Diputación de Almería, que lo adquirió en 2023 para crear el llamado Centro de Artes y Territorio que albergará iniciativas culturales, etnográficas, educativas y turísticas.

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En las localidades de Israel que sufrieron el ataque de Hamás en octubre de 2023, todo lo que llegue desde Gaza genera preocupación. Incluso si se trata, como en las últimas semanas, de cometas infantiles. Entre los kibbutzim de Beeri y Nahal Oz, a menos de un kilómetro de la Franja, han caído una decena en el último mes y el Gobierno de Benjamín Netanyahu ve detrás una estratagema de Hamás para testar sus límites. El domingo, amenazó con asesinar a los responsables y hasta con expulsar a la fuerza a la población de las zonas de donde salen las cometas. Cuatro días más tarde, la Junta de la Paz (el organismo presidido por Donald Trump que supervisa la aplicación de la tregua de Gaza) volvió a alinearse con las tesis de Israel y pidió el fin de “toda actividad militante” en el enclave palestino, “incluido el volado de cometas”. Desde entonces, se suceden en Gaza las imágenes de adultos rompiendo cometas enfadados o de niños llorando por no poder volarlas. Los comités populares (que administran los refugios y campamentos de desplazados) exhortan a los padres a impedir a sus hijos jugar con ellas “a fin de proteger sus vidas inocentes”.

El foro de banqueros centrales que comienza este viernes en la localidad estadounidense de Jackson Hole, Wyoming, y que reúne a las primeras espadas de la política monetaria mundial, tiene este año a un nuevo protagonista. Kevin Warsh acudirá por primera vez a esta cita como presidente de la Reserva Federal y, pese a su conocida aversión a detallar enfoques y estrategias, la expectativa sobre el contenido de su discurso es máxima. También la presión del mercado. En los últimos días, las rentabilidades de los bonos estadounidenses han escalado a niveles no vistos en 20 años. El mercado reaccionó con sorpresa y decepción tras la rueda de prensa de Warsh de finales de julio, cuando la Fed dejó sin cambios los tipos sin dar pistas de cómo moderar la inflación. Los inversores esperan ahora un mensaje más decidido y señales claras más allá de la exposición del deseo teórico de contener la inflación. Si Warsh se enroca en la opacidad del discurso que ha defendido hasta ahora, se expone al riesgo de que la rentabilidad de los bonos se dispare y se extienda la sensación de pérdida de credibilidad que dejó la cita de julio.